JFK

Misterios de un asesinato

Se develan los misterios de la muerte del presidente estadounidense 25 años después. Los turbios manejos de la CIA y el viaje de su asesino Lee Harvey Oswald a México centran la atención en el archivo que Trump ordenó liberar esta semana.

Redacción LR

Domingo, 29 de Octubre del 2017

Jan Martínez Ahrens.
Tomado de El País

El martes 1 de octubre de 1963 un hombre enjuto liquidó su cuenta en el hotel Comercio. Después de cuatro días completos en Ciudad de México no había logrado ningún resultado. Con expresión perdida, se dirigió a la terminal de Transportes del Norte y ahí tomó el asiento número 12 del autobús de línea 332. Eran las 8.30 cuando el vehículo partió. El billete marcaba como estación de término Nuevo Laredo, en la frontera con EEUU. Un destino que se le quedaba corto a ese estadounidense mal encarado que 53 días después mataría de un tiro en la cabeza al trigésimo quinto presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy.

La estancia de Lee Harvey Oswald en México encierra una de las grandes incógnitas del crimen que hizo temblar al siglo XX americano.

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Menospreciado al inicio de la investigación, el extraño viaje se ha vuelto con los años uno de los capítulos más intrigantes del caso. Los contactos del magnicida con agentes del KGB y diplomáticos cubanos en la capital mexicana han inspirado todo tipo de teorías conspirativas al tiempo que han mostrado el doble rasero de la inteligencia estadounidense.

Los pasos de Oswald fueron advertidos y seguidos por la CIA, pero los informes que detallan sus andanzas nunca han salido por completo a la luz. Pertenecen a ese secreto corpus de 3.100 documentos que el presidente Donald Trump ha ordenado liberar y que, si nada lo impide, va a sacudir los cimientos de la memoria colectiva estadounidense.

“Son cables, correspondencia, memoriales, reportes, presupuestos, fotografías y grabaciones. En el caso de la CIA, sus documentos más importantes se refieren a operativos de agentes contrarios a Kennedy, inmersos en operaciones anticastristas”, explica el experto Jefferson Morley, antiguo periodista deThe Washington Post y autor de El fantasma: la vida secreta del maestro de espías James Jesus Angleton.

Lobo solitario

Guardados en los Archivos Nacionales, los expedientes permanecieron blindados por una ley de 1992 que expiró el jueves pasado. Entre bastidores se supo que la CIA estuvo presionando para que no salgan a la luz.

"La central está especialmente preocupada por los documentos de los años sesenta que se refieren a programas que aún seguían activos en los noventa y que podrían exponer a las redes de espionaje", detalla el especialista Phil Shenon, autor de JFK. Caso Abierto.

Junto a este temor, se oculta también un mecanismo de autodefensa ante la posibilidad de que emerja la incompetencia de las agencias de inteligenci a.

"La Comisión Warren encargada de la investigación del magnicidio, concluyó que Oswald solo era objeto de revisiones rutinarias por el FBI y la CIA. Pero se trataba de una persona que el mismo jefe de contrainteligencia de la CIA, James Angleton, tenía bajo atención constante y cercana. Y es muy posible que los documentos arrojen luz sobre este interés nada rutinario", indica Morley.

"Los informes mostrarán que la CIA y el FBI sabían mucho más de Oswald que lo que contaron a la Comisión Warren. La historia oficial le dibuja como un lobo solitario cuya trama para matar a Kennedy nunca fue advertida. Pero las agencias disponían de más datos de lo que dijeron. Si hubieran actuado conforme a su información, posiblemente Oswald habría sido frenado antes de la llegada de Kennedy a Dallas”, explica Shenon.

Las omisiones de los servicios inteligencia van a ser la clave de los papeles. De la magnitud de este error darán cuenta las investigaciones internas a las que se sometieron las agencias, hasta ahora ocultas, pero también los seguimientos de Oswald en México.

"Es el capítulo más importante y secreto del asesinato de Kennedy. El índice documental muestra que la estación de la CIA en México le tuvo bajo vigilancia. Y un informe desclasificado de 1966 revela que Oswald llegó a hablar abiertamente de matar a Kennedy en el consulado cubano. ¿Lo supo la CIA en tiempo real? ¿Informó de ello?", se interroga Shenon.

Las respuestas pueden quedar enterradas otros 25 años. Todo dependerá del alcance final de la desclasificación. Pero los pasos de Oswald por México tienen, de momento, otra fuente. La Dirección Federal de Seguridad. La policía secreta mexicana. Bajo las órdenes de Fernando Gutiérrez Barrios, el mismo oficial que en 1956 detuvo a Fidel Castro y al Che Guevara, los agentes redactaron detallados informes e interrogaron a todos con quienes se había entrevistado.

Cruzar la frontera

La lectura de los documentos, depositados en el Archivo General de la Nación dan cuenta de la personalidad zigzagueante y herida de Oswald, un marine desertor, casado con una rusa y que tras un fracasado exilio en la Unión Soviética pretendía abandonar Texas y regresar a Moscú.

Para ello, haciéndose pasar por fotógrafo, cruzó el río Bravo el 26 de setiembre de 1963. En un autobús Flecha Roja se dirigió a Ciudad de México. Veinte horas duró ese viaje y en ningún momento ocultó sus simpatías comunistas.

Ya en la capital mexicana, lo primero que hizo fue dirigirse a la embajada cubana. Allí solicitó un visado en tránsito para la URSS. Mostró su pasaporte, su antigua cédula de trabajo soviética y afirmó ser miembro del Partido Comunista de EEUU.

La empleada que le atendió, Silvia Tirado de Durán,inició la tramitación y le requirió fotografías nuevas. Oswald salió por ellas y, siempre según los documentos confidenciales mexicanos, aprovechó para acudir a la legación soviética, donde se entrevistó con dos agentes del KGB que actuaban como funcionarios consulares. Tras asegurarles que el FBI no le dejaba vivir, les expresó su deseo de obtener lo antes posible un visado. Cuando le explicaron la lentitud del proceso, Oswald estalló y con el rostro enrojecido espetó a uno de los rusos: “¡Esto va a terminar para mí en tragedia!”.

Posteriormente se encaminó a la embajada cubana a entregar las fotografías. Ahí volvió a exasperarse al saber que sin la autorización soviética no podía conseguir el permiso cubano. Sus gritos hicieron que la secretaria Tirado llamase al cónsul pero fue en vano, no le concedieron la visa.

Oswald, con 23 años, estaba en caída libre. Los que lo vieron lo describen como un hombre mal vestido, colérico y terco. A partir de ahí el hilo se difumina. Se sabe que acudió a los toros, visitó museos y que el lunes fue a la Ciudad Universitaria en busca del apoyo de estudiantes castristas. De nada le valió.

Su último movimiento se registró la misma noche del lunes, cuando se le vio en una fiesta twist organizada por funcionarios cubanos. A la mañana siguiente, a las 6.30, abandonó el hotel Comercial para volver a Estados Unidos. Casi ocho semanas después, el 22 de noviembre, mataría al presidente de Estados Unidos. Y a los dos días sería asesinado por el mafioso Jack Ruby.

A su espalda dejó un inmenso misterio. La investigación oficial estadounidense le apuntó como único culpable. Lo que informó la estación local de la CIA en México aún es secreto. Ahora puede dejar de serlo.

Los pasos de Oswald fueron advertidos por la CIA, pero los informes nunca salieron a la luz por completo. Estaba en caída libre. Los que lo vieron lo describen como un hombre mal vestido, colérico y terco.

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