Anemia

Combate en Yanapampa

Al noroeste de Ayacucho, a 45 minutos de Huamanga, un anexo con 145 pobladores, en Huanta, ha derrotado a la anemia infantil. La revalorización del charqui como práctica ancestral han hecho de Yanapampa un ejemplo a replicar.

Renzo Gómez

Domingo, 29 de Octubre del 2017

Un tarrito de leche, dos aguaymantos, canela molida, una nuez de mantequilla, un chorro generoso de esencia de vainilla y ocho cucharadas de sangre de res, previamente hervida. Sí, sangre de res.

Las aspas de la licuadora comienzan a trabajar. Varios segundos después, Maruja Orejón (45), lideresa de las madres del anexo de Yanapampa, distrito de Huamanguilla, provincia de Huanta, al noroeste de Ayacucho, coge una cuchara y le da una probadita. Hace una mueca de disgusto, y le echa dos cucharadas más de trozos de sangre. Ahora sí, el líquido negruzco ha ganado la consistencia justa de un mousse.

PUEDES VER Censura amenaza el Museo de la memoria de las madres de ANFASEP

Yosselin, Anderson Riquelme, y Hamleth, tres niños que no superan los cinco años, estiran los brazos. Maruja le despacha a cada uno, un plato de mousse de sangre, acompañado de máshica.

Los niños lo devoran, como si se tratara de un pudín de chocolate, y luego empiezan a corretearse y jugar con las colchonetas y muñecos del centro comunal.

Hace unos años esta escena sería totalmente impensada. Primero, porque la sangrecita no solo estaba divorciada de la repostería, sino que era percibida con asco. Y segundo, difícilmente niños tan pequeños demostraban tanta vitalidad.

En el 2012, el porcentaje de anemia infantil (menores de cinco años) en Yanapampa era de 55%. No era la única alarma: registraban 13.6% de desnutrición crónica. El panorama era adverso.

Por fortuna, a partir del año siguiente, gracias a la oportuna intervención de la Fundación Acción contra el Hambre, las cifras comenzaron a revertirse, pero sobre todo los niños, chaposos por el calor serrano, jugaron de nuevo, con energías extras, sin ese halo de cansancio y debilidad que envuelve a la anemia.

El Estado repartió micronutrientes altos en hierro conocidos como 'chispitas' para consumo diario de niños menores de tres años. Lo cultural predominaba. Los padres desconfiaban, y sus hijos o no las consumían o las consumían mal.

Henry Torres, coordinador técnico de Acción contra el Hambre, vivió una temporada en Yanapampa, en los dos años que duró el proyecto, entre el 2013 y 2015, y señala un detalle que revela el compromiso de este anexo de apenas 145 pobladores.

"Han dejado de tomar mate con la comida, porque a pesar de sus propiedades digestivas les resta hierro. Ahora lo hacen una hora antes o una hora después".

Dos años después de pasar revista el compromiso continúa.

Guiño comercial

-Nuestros padres no nos daban charqui por asco o vergüenza. Raras veces comíamos.

Fausto Cuchuri Ramos, teniente gobernador de Yanapampa, habla sin tapujos sobre esta práctica ancestral en la que han depositado la salud de sus niños en los últimos años.

Maderas, mallas y un poco de ingenio fueron suficiente para construir los ocho secadores artesanales que posee el anexo. Los tiempos varían de acuerdo a la textura de la carne. El charqui de sangrecita demora cuatro días; el de res, una semana; el de pescado, también; hígado de res, cuatro días; higado de pollo, tres; pollo, tres días.

Antes de esta técnica de secado que consiste en rocear de sal la carne y ponerla a secar para paliar la carencia de refrigeradores, los comuneros colgaban sus alimentos en sus techos de calamina. Aunque conseguían un resultado aceptable, las condiciones higiénicas eran deplorables por quedar a la intemperie.

El consumo de charqui ha incentivado la creatividad: olluquito, chanfainita, saltados, guisos, mazamorras, mousse.

En casa de Maruja Orejón se ha preparado saltado de sangrecita, por ejemplo. Esta cuarentona se concientizó cuando el menor de sus seis hijos, Roy, que nació con dos kilos, fue diagnosticado con anemia.

"Mi hijo no podía atrasado estar, y nos pusimos a luchar".

Dos años después, Roy (6) es el alumno más destacado del primer grado del único colegio de Yanapampa: el Andrés Huamán Pérez, con 38 alumnos.

En la comunidad se ha formado un comité que, después de reunir una bolsa donde se puede colaborar hasta con dos soles, se marcha a los camales de Huanta o Huamanga para llenar baldes de aceite con sangre caliente.

Al retorno, el balde de 20 litros es repartido entre todos. Lo poco que sobra, si sobra, es utilizado para charlas demostrativas.

Maestras y promotoras

En efecto, las madres están compartiendo su sabiduría. Hace varios meses visitaron la comunidad de Vilcas para enseñar su eficiente técnica de conservación de los alimentos.

"No sabían qué hacer, nada sabían, chorreaban la sangre inútilmente, con la cantidad de animales que hay allá. Yo les preguntaba: ¿a quién quieres más a tus hijos o a tus animales? Se preocupaban muy poco", protesta Maruja.

El costado empresarial asoma: "Queremos formar una asociación para promover el charqui. Es nuestra visión. Llevar al mercado para comercializarlo", anota Fausto Cuchuri.

El INEI, tan venido a menos en los últimos días, identificó en el 2016 que el 43,5% de menores de tres años, alrededor de 620 mil niños, padecen de anemia. Un incremento de un punto porcentual en relación al 2015.

En ese contexto, Ayacucho posee una prevalencia de anemia de 52.8%. Si bien es cierto que está por debajo de otros departamentos como Puno (75.9%), Loreto (60.7%), y Pasco (60.6%), todavía se encuentra en un lugar preocupante.

Un estudio del Instituto Nacional de Salud indica que el distrito de Huamanguilla presenta un 23% de anemia. Yanapampa con cero por ciento de anemia es un lunar admirable.

El descenso fue así: 50% en el 2013; 22% en el 2015; 33% en el 2016; y finalmente o% en el 2017.

Es preciso decirlo: Yanapampa tiene actualmente a solo seis niños en su población. Los niños migran, acompañando a sus padres, hacia Huamanga o a San Francisco en la selva ayacuchana. Vuelven a Yanapampa para la cosecha, entre abril y mayo. Maíz, arveja, papa, quinua, linaza, kiwicha.

Roger Rodríguez, obstetra y responsable de la posta médica desde febrero de 2012, resalta la preocupación de la comunidad por su salud. Cada tres meses se les practica un dosaje de hemoglobina. Para encontrarse saludables, los pacientes deben pasar la barrera de los 13, pues por hallarse en la altura se les debe descontar 2.2. Recordemos que la valla para padecer anemia es 11.

"La anemia es una enfermedad silenciosa. No tiene síntomas visibles. Durante mucho tiempo, además, se pensó que se le podía combatir con las mismas armas con las que se ataca a la desnutrición crónica", comenta el coordinador técnico Henry Torres, nutricionista de profesión.

"Los padres de Yanapampa han sido responsables de revertir la situación. Continuaron el plan, y ahora se ven los resultados", apunta Torres.

Yanapampa y el retorno de las prácticas ancestrales son un camino a imitar.

Nuestros padres no nos daban charqui por asco o vergüenza. Hoy ha salvado a nuestros hijos. Y seguirá por generaciones”. “Los padres han sido los responsables de revertirlo. Continuaron el plan, y ahora se ven los resultados”.

Te puede interesar

Nuestras portadas