Gina Yáñez

“A una mujer que denuncia violencia hay que creerle”

Abogada sanmarquina, feminista, ex directora de la ONG Manuela Ramos.

Maritza Espinoza

Domingo, 15 de Octubre del 2017

Esta semana, la sociedad peruana se estremeció con dos sonados casos de violencia de género: el de la periodista Lorena Álvarez en manos de su ex pareja, Juan Mendoza, y el de Micaela de Osma, a quien vimos en un video arrastrada por el empresario Martín Camino. ¿Se ha avanzado algo en relación a los derechos de las mujeres o estamos, más bien, retrocediendo? Gina Yáñez, abogada y ex directora de la ONG feminista Manuela Ramos, nos da luces sobre el tema.

¿Qué sentiste, como ser humano, al ver el video de una mujer arrastrada por su pareja, por la calle, como si fuese un objeto?

Indignación, rabia... Porque uno entiende que eso pase en otros lados, pero en el corazón de Lima y en sectores donde supuestamente no suceden estas cosas, nos estaban poniendo en la cara uno de los problemas que creemos fundamental enfrentar, como es el de la violencia de género.

Sí, es curioso que los casos que han dado qué hablar -el de la periodista Lorena Álvarez y el de Micaela De Osma- se dan no sólo en Lima, sino en el seno de sectores acomodados...

Nosotros hace muchos años estamos comentando, y esto nos demuestra que no estábamos equivocadas, que la violencia contra la mujer no tiene que ver necesariamente con un sector social, una extracción económica o de instrucción. Hemos denominado a esos aspectos como mitos que de alguna manera justificaban estos hechos en determinados sectores...

¿La violencia contra la mujer es transversal a todos los sectores?

Sin la menor duda. Y creo que eso debe dar pie al esclarecimiento de la causa real de la violencia contra las mujeres. Por ejemplo, en este caso (el de Juan Mendoza), esta persona nos habla de que su fin no era agredirla, sino, dice, introducir a la persona a la casa para seguir conversando. Entonces, usa cualquier instrumento y recurre a la violencia. Estos hechos dan cuenta de que la violencia es un problema que no tiene que ver con clase social, situación económica, nivel de instrucción, sino con relaciones de poder.

¿Pero el abusador en nuestro medio tiene un rostro, un perfil, algo con lo que identificarlo?

No. ¿Tú podrías pensar que ese sujeto al que hemos visto en estos días agrediendo podría ser sujeto activo de una violencia? No. Esto tiene que ver con el aprendizaje que tenemos en toda la sociedad de que, a pesar de que puedes ser una mujer con dinero, yo, como hombre, tengo más poder sobre ti. Desde mi punto de vista, el problema de fondo son estas relaciones de poder que se han aprendido desde la casa, donde se va privilegiando todo lo masculino versus lo femenino.

Pero estamos hablando ahora de muchas mujeres empoderadas, con instrucción que sufren violencia física, emocional...

Ese es uno de los grandes logros de estos tiempos: visibilizar otras formas de violencia, porque la único que considerábamos como la violencia era la física o la sexual. Hoy la norma determina más de diez tipos de violencia que existen en las relaciones de pareja, que van desde la violencia física o sexual o psicólogica, hasta la económica: el hecho de que un hombre no cumpla con la obligación alimentaria que tiene con la mujer o con los hijos también es una forma de violencia, de control.

Una conocida feminista escribió hace poco que la infidelidad también era una forma de violencia. ¿No es un poco extremo?

Cualquier forma que le produzca un daño a la otra persona yo la entiendo como violencia. Hay mujeres que he tenido en consulta que me dicen: me dice, supuestamente, cosas de amor, a través de palabras que a mí me desagradan- “Gordita”, por ejemplo- y me molesta. Entonces, eso que me produce un daño, y que de repente a otra no, se debe entender como una forma de violencia. Por lo cual, lo sé, resulta difícil medir, posteriormente, ya en un proceso judicial, una violencia de orden sicológico.

Si un hombre deja a una mujer, porque se enamora de otra, ¿es violencia?

Yo creo que sí hay violencia, sobre todo si la otra parte lo vive como tal.

Pero también se trata de la libertad de amar a quien a uno le venga a los forros, ¿no?

Correcto. Yo entiendo la infidelidad como el hecho de tener una relación paralela. Eso sí lo entiendo como un daño emocional. Pero si yo quiero a otra persona que no es mi esposo o mi pareja, lo que correspondería es decirle que ya no quiero estar con él, cerrar esa relación y empezar otra.

Pero muchas mujeres no aceptan ni siquiera eso…

Esa es una de las cosas que tenemos que cambiar, porque esto no es casual, obedece a toda la cultura. Para las mujeres todavía, a pesar de haber desarrollado otros aspectos de nuestra vida, como la profesional, sigue siendo casi un fin supremo el matrimonio, el casarse, el tener una pareja. La sociedad todavía te impone la unión formal y hay estos discursos que todavía se dan en muchas familias sobre “yo soy la principal y no me importa que haya anexos”.

Que, en realidad, es una violencia auto infligida, ¿o no?

Y lo más grave es que no tiene que ver con la situación económica o por el que dirán o por los hijos. He leído estudios en los que se ven estos casos de parejas y no es por la situación económica, sino por este prejuicio en la sociedad de que las mujeres tenemos que tener familia, pareja, esposo. Es preferible ser viuda a ser divorciada (risas). Y mejor divorciada a ser sola. Cosa que no se mide igual para los hombres.

Después de la abrumadora marcha de Ni una menos, del año pasado, hay quienes dicen, a partir de estos casos, que se están dando más casos de violencia contra la mujer…

Yo no diría que más casos, sino que se están visibilizando más. Creo que una de las conquistas de los movimientos feministas es haber sacado del campo del mundo privado el problema de la violencia contra la mujer. Y esto obliga a que los gobiernos –también el peruano, obviamente- tengan que desarrollar políticas y leyes. Y las mujeres empezamos a darnos cuenta de que somos sujetos de derecho. Yo diría que lo que ha aumentado es el sentirte sujeto de derecho…

Muchos feminicidios se han dado contra mujeres que habían denunciado el maltrato de sus parejas…

Esto no es tan lineal, hay de todo. Ciertamente he oído algunas veces de mujeres que han denunciado, no han sido bien acogidas por las instituciones que corresponden, han vuelto a casa y han sido más maltratadas y hasta asesinadas. Pero también es cierto que hay más conciencia en los hombres de que también la otra persona es un ser humano y que no se le puede maltratar.

En estos casos que hemos visto, también se suelta la idea de que muchas mujeres de “inventan” maltratos como venganza, como revancha o por despecho. ¿Existen, aunque sea ínfimamente, esos casos?

Puede haber, pero eso es no comprender el problema, en tanto cualquier mujer sabe que no es lo mismo que tú vayas a exponerte ante una comisaría porque te robaron el bolso o el celular, a que lo hagas diciendo que el padre de tus hijos, el hombre que amas, la pareja que elegiste ante todo el mundo, te agredió. Teniendo socialmente hasta un cuestionamiento, desde el policía que te dice “qué habrás hecho, pues”, hasta la familia que te dice: “piensa bien, antes de hacer la denuncia, en qué te estás metiendo”.

O sea, ¿siempre hay que creerle a una mujer cuando llega a ese punto…?

Hay que creerle a una mujer que denuncia violencia, porque lo que sí sabemos es que todavía hay un número alto de mujeres que viven en violencia y no denuncian, entre otras cosas, porque hay una sociedad que aún es muy permisiva con la violencia y, por otro lado, con un sistema de justicia que saben que no es efectivo.

¿Cuántas veces te han dicho “feminazi”?

Varias. Muchas. Una clienta me dijo: mi pareja la ha googleado y, luego, me ha dicho: ah, ya sé quién es, ¡una feminazi! (Risas) Y me dio un poco de miedo, porque yo tenía que defender a esta mujer y pensé: ¿qué tipo de conceptos maneja este hombre? Y justamente porque, en mi trabajo, tratamos lo que es Derecho de familia diferente a lo que es el Derecho penal. Cuando vienes por un divorcio, por ejemplo, trato de que sea lo más concertado y menos confrontativo posible, cosa que no pasa en el campo penal. Si tienes un caso de violencia sexual, no voy a querer arreglar, sino castigar a quien lo ha hecho. Y es un mito que nosotras queramos destruir la familia.

¿Existe la feminazi?

No, por favor… Es un mito. Se nos ha dicho de todo. Desde que nos robábamos los maridos, de que nos gusta andar como locas, de que no tenemos valores y no sé qué más…

Y la feminista bigotuda y lesbiana… (Risas)

Oh, sí. Creo que la gente, a punta del trabajo de las instituciones y las mujeres que estamos en esto, ha podido darse cuenta de que lo único que queremos es ser felices, y que hay un montón de obstáculos, particularmente para las mujeres, y que un campo importante es el de las leyes y que hay que trabajar para que estas se cumplan. Y más que cumplir, que estas se ejerzan.

De otro lado hay un tema que se repite, especialmente desde el fujimorismo, y es que las organizaciones feministas de alguna manera participaron en las políticas poblacionales del fujimorismo… ¿Es así?

No, eso es absolutamente falso. Lo que sí hubo, y eso hay que reconocerlo, es que en esa época hubo muchas normas que favorecieron a los derechos de la mujer…

¿El fujimorismo favoreció los derechos de la mujer?

En lo formal. Hay que decirlo. Si es la historia no podemos borrarlo. Por ejemplo, se instituye el Ministerio de la Mujer en esa época. Pero esto, para mí, tenía que ver no con Fujimori, sino con toda una ola internacional, y con un movimiento feminista, nacional, mucho más fuerte. O sea, nosotras teníamos la fuerza de la conquista de las reivindicaciones… El movimiento feminista estaba en su mejor momento y, sea quien estuviera en el poder –y fue Fujimori en ese momento-, se conquistó, se pudo lograr las reivindicaciones.

¿Ustedes no estuvieron informadas de las esterilizaciones forzosas en su momento…?

Instituciones como Manuela Ramos, que hemos estado siempre muy ligadas al trabajo de la población, sabíamos que había toda una política, evidentemente no clara, porque justamente después se ve el escenario más de fondo, pero sí personas que empezaban a comentarte que estaban sometiendo a actos que tú no querías, con engaños inclusive. O sea, tú ibas a un lugar para una revisión médica, el médico te coaccionaba en la práctica a que te ligues. Sin un protocolo, que es lo mínimo…

¿Ustedes deslindaron públicamente en ese tema?

En ese momento hicimos una serie de acciones deslindando, no solamente en el tema de esterilizaciones. Sí, particularmente a algunos grupos se les ha señalado, pero yo creo que es parte de toda esta campaña donde se trata de desprestigiar y, sobre todo, de leer mal la historia. Pero creo que, sí, no nos dimos cuenta de la magnitud.

"La violencia es un problema que no tiene que ver con clase social, situación económica, nivel de instrucción, sino con relaciones de poder”.

“Una de las conquistas de los movimientos feministas es haber sacado del campo del mundo privado el problema de la violencia contra la mujer”.

“Lo que sí hubo, y eso hay que reconocerlo, es que en esa época (el fujimorismo) hubo muchas normas que favorecieron a los derechos de la mujer…”.

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