Un Grammy para Chabuca

Por primera vez en la historia del Grammy Latino, una sola producción competirá con dos tracks en la categoría Disco del año. El peruano Manuel Garrido Lecca y el español Edu Olivé, acostumbrados a vivir de espaldas a la fama, nos cuentan detalles de A Chabuca, disco que retará a los mega hits, Despacito y Felices los 4.

Renzo Gómez

Domingo, 8 de Octubre del 2017

Para el gran público, un disco suele ser hechura de una sola mente: el cantante. La lógica es asociativa: rostro-nombre-autor. Es la misma lógica de las columnas de opinión: no importa que el autor escriba con los codos en sus redes sociales o hable con muletillas frente a cámaras, si lleva la firma y la foto le pertenece en su totalidad.

En la música, la ingratitud es más cruel: a diferencia de los directores que tienen la posibilidad de estampar su nombre en sus orquestas, los productores musicales compartirán siempre las letras más pequeñas en un disco, junto a los compositores y los músicos de sesión.

PUEDES VER Grammy Latino: ¿Cuándo y dónde se realizará la prestigiosa entrega de premios?

Salvo los fans, los melómanos, y la industria, nadie preguntará quién se encargó de tallar y pulir esas doce canciones. Las cámaras enfocan rostros. No mentes.

Más allá del interés farandulero que ha despertado su relación con una conductora de noticias y que su apellido sea ofendido a diario por un ególatra, Manuel Garrido Lecca (55) lleva tres décadas, entre las sombras.

Su nombre, eso sí, es reconocido en el medio. Se le adjudica el sonido noventero del rock-pop nacional (Arena Hash, Pedro Suárez-Vertiz, Christian Meier, Diego Bertie), y varios discos de oro y platino.

Jazzero hasta las tripas, me recibe esta tarde, en su casa sanisidrina, para conversar sobre A Chabuca, dulce encargo de las melómanas Mabela Martínez y Susana Roca Rey a finales de 2015, que coprodujo junto al español Edu Olivé, y que acaba tocar las campanadas de la industria: ha sido nominado, con dos temas, a los Grammy Latino para Disco del año. Un hecho histórico para la categoría, la más valiosa del premio, por cierto.

Los tracks: La flor de la canela y El surco. Los intérpretes: el panameño Rubén Blades y el uruguayo Jorge Drexler, respectivamente. Un par de desconocidos.

Las letras de Chabuca Granda, emblema de nuestro cancionero criollo, en las voces de Joaquín Sabina (José Antonio), Iván Lins (María Sueños), Pedro Guerra (Fina estampa), Kevin Johansen (Coplas a Fray Martín), entre otros intérpretes de estatura internacional.

“Nuestra intención nunca fue producir un disco criollo, sino contextualizar a Chabuca en un formato moderno, accesible a un oído mundial”, dice Garrido Lecca.

Y no hay cómo objetarlo: en su categoría competirá contra los mega hits Despacito de Luis Fonsi y Daddy Yankee; y Felices los 4 de Maluma.

Completan la lista: Shakira (Chantaje), Ricky Martin (Vente pa' ca) y Residente (Guerra).

Todos diamantes. Y letras que uno entona y baila, inconsciente, sin que la razón lo dicte.

Dupla con Olivé

Guitarra (Sergio Valdeos), cajón ('Gigio' Parodi), flauta (César Peredo), y violín (Ricardo Ramírez del grupo costarricense Editus). Base simple y elegante para que Rubén Blades hiciera suyo nuestro himno, La flor de la canela.

Le bastó una tarde para enviar su voz desde Panamá. "Procuré pronunciarla muy bien por el respeto que le tengo a la obra de Chabuca", comentó el año pasado.

La versión de El surco de Jorge Drexler, otro 'chabucólogo', es igual de bella y sencilla: guitarra (Ernesto Hermoza), percusión ('Cali' Flores), y zapateo (Pierr Padilla). A diferencia de Blades, Drexler había cantado su tema en un concierto en Lima. El plan fue trasladar la esencia del en vivo y vestirla con arreglos sutiles.

Drexler envió la voz desde Madrid, con la misma espontaneidad.

Salvo el cantautor español Pedro Guerra, el disco se trabajó en un gran porcentaje por Skype.No solo los intérpretes, sino también algunos músicos, como Álex Acuña, quien mandó sus golpes de percusión desde Los Ángeles; Chris Wells, desde Inglaterra o el bandoneón de Nicolás Perrone, desde Argentina. Hubo un equipo base, cómo no, que grabó en EOG Producciones, el estudio de Edu Olivé y Manuel Garrido Lecca, en San Borja.

Olivé (44), director musical de Dyango y Marco Llunas, es un catalán, afincado desde hace once años en Lima. Hace seis que pule producciones junto a Garrido Lecca. En sus palabras: "Tiene lo que a él le falta, y viceversa".

"Manuel posee una perspectiva musical muy comercial, y yo soy muy músico. Aterriza mis ideas y yo le doy musicalidad a las suyas. Yo soy ingeniero, y él productor".

Aunque su parentesco con Dyango y Llunas (su tío y primo) podría prestarse a una malinterpretación, Olivé ha forjado una carrera meritoria que arrancó desde el peldaño más bajo, cargando cables y barriendo suelos, hasta armonizar las melodías de Joan Manuel Serrat, Sergio Dalma, y los Flores.

Su oído, peruanizado en la última década, percibe en A Chabuca la pisada fuerte para internacionalizar lo nuestro, que también es suyo, indudablemente.

"Latinoamérica reconoce el nivel de su composición, pero este disco servirá para expandirla. Es hora de que se sepa de los talentos peruanos que existieron y existen".

Camino gastronómico

Manuel Garrido Lecca fue declarado muerto a los diez años, antes de que sus oídos comenzaran a apreciar el jazz, debido a complicaciones renales y sanguíneas.

Estuvo en coma durante una semana y, en ese lapso que para él fueron horas, vio su cuerpo inerte desde arriba, como si su alma flotara. Su historia inspiró a Pedro Suárez-Vertiz y nació, en 1993, Me elevé, uno de sus primeros éxitos como solista, y, además, el sello de una amistad sólida.

A tal punto que varias veces por semana, Garrido Lecca descarga videos a pedido de Pedro. Videos que envía, con un comentario adjunto, a sus amigos por WhatsApp. La música continúa siendo, aunque ya no pueda cantar, su forma más genuina de expresión.

Atípico para una relación artista-productor, por lo general ingrata. "Compartes sueños, triunfos, derrotas, risas, lágrimas de forma muy densa por meses y, de pronto, cuando termina el disco, el artista se va de gira y el nexo desaparece. Con Pedro ha sido todo lo contrario", anota.

De hecho le dio su visto bueno a la producción. Y le auguró estos días de gloria.

A Chabuca, homenaje grande a la Granda, se encuentra en el altillo de la carrera de Garrido Lecca: es su primera nominación, producida en el Perú, con ritmos peruanos.

En el 2009 compitió para Álbum del año con Para amarte mejor del colombiano Andrés Cepeda, y en el 2010 a Álbum instrumental con Latin american chillout del venezolano Javier Soto.

"¿Por qué la música no puede seguir el camino de la gastronomía? No sé si necesitamos un Gastón (Acurio) musical, pero sí una producción como plato de bandera".

A Chabuca, próximo a convertirse en disco de oro, lo es. De otra manera no lo habría puesto frente a la fama. Ni sacado de las sombras.

De vez en cuando es oportuno que se sepa quién talla y pule lo que nos entra por los oídos.

Nuestra intención nunca fue producir un disco criollo, sino contextualizar a Chabuca en un formato moderno, accesible a un oído mundial”.“¿Puede la música seguir el camino de la gastronomía? No sé si necesitamos un Gastón musical, pero sí una producción como plato de bandera”.

Te puede interesar

Nuestras portadas