Hugh Hefner, la mente detrás de Playboy

Cómo un hombre decepcionado de su vida rutinaria decidió publicar una revista y, sin proponérselo, creó una industria millonaria que transformó nuestra visión del sexo.

Edgar Gamboa

Domingo, 1 de Octubre del 2017

Chicago, 1953. En un modesto apartamento de clase media, un tipo de 27 años, Hugh Hefner, casado, aburrido y escéptico, comprende que su vida no puede ceñirse a los estándares de una época marcada por el tedio. No se imagina viviendo como sus padres, en un hogar estricto y conservador donde han escaseado siempre las muestras de afecto.

¿Hay acaso algo más para él, allá afuera, en ese mundo de seres apáticos y resignados, que se refugian en la monotonía del trabajo y en placeres discretos como jugar bolos, salir a cazar o ir de pesca, relegando a las mujeres a la crianza de sus hijos, las labores domésticas y a mantener una imagen moral intachable?

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Él decide que sí.

Un sueño

Entonces director de circulación de una revista llamada Children's Activities, Hefner emprendió el proyecto de su vida aferrándose a la generosidad de familiares y amigos. Ocho mil dólares, reunidos quién sabe cómo, fueron la chispa que hizo detonar la pólvora: Playboy, la revista que marcó un antes y un después en la historia del siglo XX.

Pensada con el nombre de 'Stag Party' (fiesta del venado), como se conocía entonces a las fiestas de hombres solteros, Hefner quiso desde el inicio una "revista urbana y sofisticada, dirigida a hombres jóvenes", porque la revista 'Esquire', que lo había inspirado en su adolescencia, se había convertido en una publicación para hombres maduros.

El nombre Playboy surgiría del reclamo de los dueños de otra revista, Stag, que consideraban que la idea de Hefner atentaba contra sus derechos de autor. De un momento a otro, Hefner se veía obligado a cambiar el encabezado de su publicación, dejando atrás al venado y apostando por un simpático conejo. Varios años después, expresaría:

–No imagino a una mesera llevando cuernos de venado y sirviendo tragos en uno de mis clubes.

Una revolución

Desde el inicio, Hefner trasladó a su revista el ánimo transgresor que lo llevó a dejar esa vida monótona de la que tanto renegaba. Así, decidió incluir en el primer número de Playboy un desplegable con la mítica foto de Marilyn Monroe desnuda, que compró al dueño de una imprenta dedicada a producir calendarios.

Para entonces, la actriz se encontraba en pleno auge de su carrera y aquella foto, tomada en sus días de anonimato, era un preciado tesoro que ninguno de sus seguidores se podía perder. Desde el inicio, la revista Playboy fue un éxito de ventas gracias a esa genial idea de Hefner, el primero de los incontables desnudos sobre los que sentaría las bases de su millonario imperio.

Pero su éxito no sólo sería económico, la revista rápidamente se convertiría en un objeto apreciado por su contenido. Además de los desnudos, la publicación incluía literatura de ficción (Nabokov, Mailer, Capote, Borges, Kerouac, etc.), artículos sobre música, comida, caricaturas y, en varios de sus primeros números, textos escritos por el propio Hefner, donde exponía la Filosofía Playboy.

En realidad, se trataban de editoriales en los que Hefner se defendía de los ataques de la entonces conservadora sociedad estadounidense, que calificaba su revista como obscena, acusándola de arruinar la virtud de la mujer americana y fomentar el culto a la irresponsabilidad.

Para inicios de los años 60, la revista Playboy ya se había convertido en un ícono cultural y revolucionario, uno de los vehículos que fomentaría la liberación sexual. "La idea de la playmate, la mujer desnuda en la publicación, era mostrar a esa 'chica de al lado', que no reprime su sexualidad, sino que la disfruta", afirmaría Hefner en varias entrevistas.

Un imperio

Con un prestigio ganado, a mediados de los sesentas la fortuna de Hefner fue creciendo exponencialmente y él fue invirtiendo en nuevos negocios, como casinos y clubes nocturnos en varias ciudades de los Estados Unidos y Europa, el primero de ellos, en Londres, Inglaterra.

También incursionaría en la televisión, con su primer programa, Playboy Penthouse, que no era grabado en un estudio, como se acostumbraba entonces, sino en el departamento de Hefner y que fue uno de los primeros realitys de la historia. Sin un guión, Playboy Penthouse mostraba a un grupo de celebridades departiendo entre sí, bebiendo licor y pasándola bien.

Como el resto de sus productos, el primer programa televisivo de Hefner también causó controversia, no tanto por su contenido jocoso, como por la presencia de celebridades afroamericanas compartiendo con celebridades blancas. Era un show multiracial, inclusivo en todos los aspectos, y esto disgustó a muchos.

Entre críticas y elogios, el imperio de Hugh Hefner siguió creciendo en base a las playmates, las entrevistas que publicaba y las causas que apoyaba, como la defensa de los derechos afroamericanos y su oposición a la guerra de Vietnam.

La Filosofía Playboy dividió incluso a la causa feminista. Por un lado estaban las activistas que veían a la revista como un llamado a la liberación y, por el otro, las que consideraban que degradaba sus derechos y reducía a la mujer a la categoría de objeto.

Los años 70, pese a ser una década más liberal, no serían muy beneficiosos para Playboy, debido a la aparición de revistas como High Society o Hustler. Gracias a esta última, que apostaba íntegramente por los desnudos y carecía de contenido informativo y cultural, la creación de Hefner fue estigmatizada y considerada mucho tiempo como una vil revista pornográfica. Playboy tenía otro formato, pero solo unos cuantos notaron la diferencia.

Crisis y reinvención

Para 1976, Hugh Hefner haría una de sus jugadas más acertadas, al delegar las riendas de su imperio a su hija mayor, Christie Hefner, quedando él como editor de su revista. Con Christie a la cabeza, Playboy volvió a levantarse, consolidándose en la década de 1980 pese a la profesa postura feminista de la nueva directora ejecutiva.

Para 1989, Hefner contraería matrimonio con la playmate Kimberley Conrad, cuarenta años después de su primer compromiso, con Mildred Williams, la mujer para la que se mantuvo célibe hasta los 23 años. Para 1998, Hefner se separía de Kimbery Conrad, luego de tener dos hijos: Marston y Cooper.

Los años noventas también fueron positivos para Hefner, debido al liberalismo que vivían los jóvenes de esta época y su admiración por el desenfreno de décadas pasadas. También por la creación de un canal de televisión con contenido sexual y más clubes nocturnos, casinos y hoteles en todo el mundo.

Para los dosmiles, el éxito de Playboy se basaría en un nuevo reality, Girls of the Playboy Mansion, lanzado en 2005. En este programa, Hefner mostraba el día a día de su mansión, junto a sus tres novias oficiales, Holly Madison, Kendra Wilkinson y Bridget Marquardt. El programa terminaría en 2010, en medio de serias denuncias de abusos y consumo de drogas.

Para los años siguientes, Playboy vio seriamente afectadas sus ventas por la industria de la pornografía en internet, lo que lo llevó a una nueva reinvención: quitar los desnudos. La decisión, a mediados de 2016, tuvo éxito. En los últimos meses, la creación de Heffner había alcanzado un incremento de 28% de lectores, una victoria final que tal vez tranquilizó al empresario antes de su partida.

No imagino a una mesera llevando cuernos de venado y sirviendo tragos en uno de mis clubes”.–Hugh HefnerPara inicios de los 60, Playboy se había convertido en un ícono cultural y revolucionario, que fomentaría la liberación sexual.Playboy se vio afectada por la pornografía en internet, lo que lo obligó a una nueva reinvención: quitar los desnudos.

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