Así soy yo: Saraí González

Célebre por la pegajosa tonada de un viral de Bomba Estéreo y un spot publicitario, Saraí González, símbolo del empuje latino en los Estados Unidos, de padre costarricense y madre peruana, conversó con Domingo sobre pasteles, mazamorras y Trump. En spanglish: así es ella.

Redacción LR

Sabado, 8 de Julio del 2017

Desde hace meses, la libertad es el sonido dulce de una flauta de caña empuñada por una niña morena de lentes gruesos, trenzas y overol.

Sea en el videoclip de Bomba Estéreo, la banda colombiana de electrocumbia, sea en el spot publicitario de una empresa de telefonía, la asociación es instantánea.

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Autoaceptación dirían los psicólogos; empoderamiento, los coaching.

Más allá de neologismos, la comunidad latina halló una heroína. Mestiza, robusta y nerd. Elocuente, tierna y segura de sí. Alpinchista si se quiere.

Veinte millones de reproducciones en diez meses, desde septiembre de 2016, cuando 'Soy yo' (single del disco Amanecer) irrumpió en YouTube, decenas de gifs y miles de comentarios han hecho de Saraí González, una niña de doce años, el ícono reciente de los inmigrantes en los Estados Unidos.

Saraí fue la única niña de los doce invitados de honor al Día de la Hispanidad, el 12 de octubre del año pasado, en la Casa Blanca. Entre los otros invitados se encontraban el dominicano Al Horford, pívot de los Boston Celtics; y Prince Royce, el bachatero neoyorquino de raíces dominicanas.

“Fue unbelievable (increíble). No sabía que Obama era tan genial. Me preguntó si estaba divirtiéndome y yo dije que sí”, sonríe Saraí del otro lado de la pantalla, desde New Jersey, con el desvergonzado orgullo de la dentadura incompleta.

Como aquella vez, la acompañan papá y mamá. Juan Carlos (38) y Diana (43). Un costarricense y una peruana que aterrizaron en territorio 'yanqui' a los diez años, y se enamoraron veinte años después en una iglesia católica.

El hogar de los González, en Somerset -un condado a 45 minutos de Manhattan donde conviven venados, ardillas y cardenales-, es un matriarcado: Saraí (12), Josephine (7) y Lucía (6).

El barrio no es latino, curiosamente. No hay basketbolistas, niñas estiradas ni raperos, como en el videoclip, a los cuales escuelear.

Saraí González imparte las lecciones en casa con su horno. Torta tres leches, kekes de vainilla y chocolate, cheesecake y empanadas.

Baking prefiere decir ella.

Los talentos de Saraí son ramas fácilmente identificables en su árbol genealógico. Su abuelo y tatarabuelo paternos amasaron harina en sus propias panaderías mientras que su abuelo materno fue un bolerista frustrado y su abuela materna, una destacada corista de iglesia.

“Me gusta mucho arroz chaufa. Quiero aprender mazamorra morada y moliente bien calientito (sic)”.

Saraí ríe. Ríe todo el tiempo, como si cometiera travesuras constantes. Hace poco preparó arroz con leche. Su padre, ingeniero en construcción, es su maestro en la cocina.

Le enseña a envolver con igual destreza tamales peruanos y costarricenses (arroz con achote y garbanzos).

Juan Carlos es el amo de casa. Lo es desde hace siete años, cuando la segunda de sus hijas, Josephine, nació con problemas cardiacos y auditivos. Ella usa implantes cocleares para hacerle frente a una sordera aguda. La pequeña es incapaz de decir una oración, pero su sola sonrisa al ver a su hermana mayor en pantalla desnuda los límites de la palabra.

Desde entonces es Juan Carlos quien acompaña a las audiciones a Saraí.

Trump, fuerte y claro

En noviembre de 2016, dos meses después de que 'Soy yo' explotara en las redes y una semana antes de las elecciones presidenciales en los 'yunaites', Saraí grabó un spot donde alentaba a los latinos a votar, y así espantar a esa amenaza de peluquín rubio llamado Donald Trump.

“Me entristece que muchas personas le crean, y caigan en sus trampas”, declaró por esos días a Univision. Sí, una niña que aún no acababa la primaria le cantaba las verdades al mundo.

El 21 de enero, un día después de que Trump se sentara en el trono del país más poderoso del mundo, muchos inmigrantes salieron a las calles, rabiosos.

Muchos carteles, sobre todo en Florida y California, lucieron, como emblema de protesta, a la niña mestiza de lentes gruesos, trenzas y overol. Saraí, la hija de un costarricense y una peruana, había traspasado los límites de la virulencia cibernética, muchas veces vacía y superficial, para ser carne y alma del enfado.

“Saraí sabe cuánto trabajamos los inmigrantes. Le he contado lo que yo hacía (trabajar en los campos de tabaco en Georgia). Su abuela siempre le dice que debe comerse toda la comida, porque muchos se esfuerzan por cosechar esos alimentos”, cuenta Diana Chávez, la madre, limeña, y analista de computadoras de un hospital.

Saraí interrumpe. En inglés, por supuesto. “Trump quiere construir una pared y mandar a los abuelos de mis amigos a sus países. No me agrada, Trump”.

Sus padres, católicos practicantes, la bautizaron como Saraí en honor a la esposa de Abraham al abrir un pasaje de la Biblia. Las escrituras describen a Saraí como una mujer firme pero a la vez sometida a su esposo. De sometimiento, poco. Más que claro.

Próxima parada: Perú

Antes de que el danés Torben Kjelstrup la eligiera entre un centenar de niñas para protagonizar 'Soy yo', Saraí González había actuado como extra en series de comedia y drama como The Jim Gaffigan Show y Blacklist, y cortos universitarios.

Graduada en el 2015, a los diez años, del AMTC (Actors Models and Talent for Christ), Saraí inició su precoz carrera con un micrófono que le regalaron sus padres a los dos años.

En abril presentó uno de los premios del Children's Films Festival en Nueva York. Los adultos le pidieron autógrafos; y los niños, selfies.

Su mamá, quien revisa diariamente el hit de Bomba Estéreo, asegura que un mensaje se le ha quedado grabado de ese buzón infinito que puede ser Facebook: "Era una muchacha que no quería vivir más, y empezó a creer en sí misma después de ver el video".

Pero Saraí, aunque lo olvidemos, es una niña. Una personita caminando en la infancia, etapa vulnerable y cruel.

Dos años atrás fue víctima de bullying en el colegio. Le escondían la comida y su mochila. No le daban el asiento. La insultaban.

"Saraí lloraba y me preguntaba: ¿por qué son así? Yo le decía que siempre habrá gente infeliz y que es mejor rezar por ellos. Siempre le digo a mis tres hijas que son un tesoro", cuenta Diana.

Como una veterana, Saraí dio testimonio de vida hace unos meses en un spot, donde recomendó "quererse y aceptarse tal como uno es".

Las productoras, astutas, están aprovechando su historia. En junio pasado, Saraí viajó a California para estelarizar Watermelon, un short film donde es Clark Doherty, una niña buleada que se esfuerza para integrar el equipo de porristas de su colegio. De conseguir auspicios será su primer largometraje.

Encima, hace poco firmó con Scholastic, la editora más grande de libros infantiles de Estados Unidos que tiene los derechos de Harry Potter. Contarán su vida en una ficción de cuatro libros. Ni más ni menos.

Desde setiembre, Saraí estudia en casa. Lo que los 'gringos' llaman homeschooling.

“Ella brilla para Dios, no para ella. La apoyaremos continúe en esto o no”, afirma Juan Carlos, su padre.

¿Los González pisarán el Perú? Saraí promete.

-Quiero ir muy pronto. Conocer Cusco, Piura y Puente Piedra (tiene parientes allí). Y tomar mucha chicha morada.

Saraí saca la lengua por una de sus rendijas. Genuinamente cool. Así es ella.

Trump quiere construir una pared y mandar a los abuelos de mis amigos a sus países. No me agrada”. Saraí. “Cuando Saraí sufría bullying, lloraba y me preguntaba: ¿por qué son así? Verla en el video me enorgullece”. Diana, la madre.

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