Científicos contra Donald Trump

Los científicos norteamericanos viven tiempos inciertos. Donald Trump desdeña sus investigaciones y está desmantelando las políticas para enfrentar el cambio climático. El nuevo presidente de Francia, Emmanuel Macron, los ha invitado a mudarse a su país. ¿Cuántos aceptarán?

Redacción LR

Domingo, 14 de Mayo del 2017

Esta semana volvió a circular un video publicado el 9 de febrero por Emmanuel Macron, entonces candidato presidencial y desde hoy, domingo 14 de mayo, presidente constitucional de Francia.

En el video, el líder del partido En Marcha se dirige a los investigadores, ingenieros y emprendedores norteamericanos que trabajan en el cambio climático.

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“Sé cómo su nuevo presidente ha decidido poner en peligro su presupuesto, sus iniciativas, ya que él es muy escéptico sobre el cambio climático”, les dice, en referencia a Donald Trump.

“No tengo ninguna duda sobre el cambio climático y sobre cuán comprometidos debemos estar respecto de este tema”, agrega.

Macron dice que tiene dos mensajes: el primero, dirigido a los investigadores franceses y europeos, es que como presidente preservará los presupuestos y reforzará la inversión para cumplir con el Acuerdo de París.

El segundo, para los científicos norteamericanos:

“Por favor, vengan a Francia. Ustedes son bienvenidos, es su nación, nos gusta la innovación. Queremos personas innovadoras. Queremos que la gente trabaje en el cambio climático, las energías renovables y las nuevas tecnologías”.

“Francia es su nación”, finaliza.

Contra la ciencia

Para los investigadores norteamericanos, la invitación de Macron probablemente resulte tentadora.

Porque desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, corren tiempos de incertidumbre para la ciencia. En particular, la que estudia el cambio climático y advierte que es necesario actuar antes de que sea demasiado tarde.

Pocos días después de asumir el cargo, Trump prohibió a los trabajadores de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) actualizar sus redes sociales o hablar con periodistas y les prohibió que firmaran nuevas subvenciones para realizar sus investigaciones hasta que él nombrase a un nuevo director.

Lo nombró a mediados de febrero, y el elegido fue Scott Pruitt, un conocido escéptico del cambio climático. Abogado, ex fiscal general del estado de Oklahoma, en el pasado Pruitt demandó hasta en 14 oportunidades a la EPA, defendiendo los intereses de las petroleras. Los propios funcionarios de la agencia desarrollaron una intensa –y anónima– campaña en medios para bloquear su nombramiento. No tuvieron éxito.

Pero lo peor llegó el 27 de marzo. Ese día Trump firmó un decreto con media docena de medidas para impulsar la producción de petróleo. Una de las más impactantes fue eliminar el requisito de que las agencias del gobierno consideren el impacto al cambio climático en sus decisiones. Asimismo, dispuso reescribir las directrices del Plan de Energía Limpia promulgado por Barack Obama, que establecía que para el 2030 Estados Unidos reduciría las emisiones de carbono de las centrales eléctricas en un 32 por ciento con respecto a los niveles de 2005.

Estas medidas significaron el inicio del desmantelamiento de las políticas medioambientales impulsadas por Obama con el fin de reducir la dependencia de los combustibles fósiles y relanzar las energías renovables. “Se acabó la guerra al carbón”, anunció muy satisfecho.

La respuesta

Los científicos norteamericanos no se han quedado de brazos cruzados.

Ante la censura a las cuentas oficiales de las agencias medioambientales, muchos trabajadores han creado cuentas alternativas en las que protestan ante las restricciones impuestas por el presidente.

Y el 28 de abril, Día de la Tierra, miles salieron a marchar en las ciudades más importantes de Norteamérica en defensa de la investigación y el pensamiento científico. En Washington se movilizó un millar de investigadores, con pancartas con frases como “La investigación es la cura contra los hechos alternativos”, “Los hechos importan” o “Prepárense para ver a unos cuantos científicos enfadados”.

“La retórica de esta administración ha hecho que salgamos a la calle”, dijo el investigador Chris Janetopoulos. “Si este presidente puede imponer sus decisiones, la ciencia estará en peligro”, dijo, por su lado, la bióloga Elizabeth Johnston. Los científicos norteamericanos están preocupados. Y por eso la invitación de Macron resulta tan tentadora (O.M).

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