La gracia de ser Edith Piaf

Antes de ser poseída por el ‘Gorrión de París’, Patricia Barreto era una talentosa actriz encasillada en papeles adolescentes. Con la tercera temporada de Piaf en curso, las dichas no cesan: protagonizará una película, encarnará a Frida Kahlo y debutará como conductora.

Redacción LR

Sabado, 6 de Mayo del 2017

-¿Qué voy a decir?

En noviembre del año pasado, cuando la contactaron representantes de TEDx -la organización mundial que desde hace 33 años le da voz a quienes sí tienen algo que decir-, Patricia Barreto respondió con instantánea franqueza.

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Soy muy chibola, pensó, desafiando la agudeza de los reclutadores.

Pasado el asombro, el compromiso.

Se plantó en un escenario frente a mujeres de todas las edades que no querían disfrutar de ninguna de sus interpretaciones.

Querían escucharla simplemente.

En saco y con un micro como único objeto de utilería, Patricia monologó, durante 17 minutos, sobre cómo el arte debe labrarse bajo dos principios vitales: construir y compartir.

Contó que luego de ser nominada a mejor actriz del 2015, tras dos exitosas temporadas de Piaf, se marchó a San Lorenzo, un pueblito minero a cuatro horas de Cajamarca, para dictar un taller a niños que no conocían el teatro.

Las dinámicas concebidas desde Lima no funcionaron.

Los niños imaginaban lagos, cuando ella pedía imaginar planetas. Querían ser maquinistas de carga pesada o enfermeras de posta, cuando les hablaba de marketing y otras carreras empresariales.

Patricia aprendió a escuchar con la mente desnuda.

Desnuda como su alma para acoger, por tercera temporada, cinco noches a la semana, durante casi tres horas, a la francesa Edith Piaf.

Astro y eclipse.

Trino y silencio.

Activismo

Desde que adoptó el lúdico vértigo del clown acabando la secundaria, Patricia ha hecho lo posible por practicar la fidelidad teatral, si cabe.

Es una mujer de teatro. Lo respira y palpita.

Sus apariciones en televisión son contadas y fugaces. El único sorbo de fama televisiva que ha probado duró siete meses: Grafitti, telenovela de hace nueve años, donde encarnó a una barrista adolescente.

El resto han sido huidas.

-Lo desafortunado de la tele es que se apodera de ti, y yo necesito ser dueña de mis tiempos.

De sus tiempos y espacios. Nadie ha interrumpido nuestra conversación en este café miraflorino. No se escuchan cuchicheos tampoco.

Debido a nuestra escasa cultura teatral, Patricia Barreto, Premio Aibal 2016, es todavía un talento irreconocible para el gran público.

Por desgracia y fortuna.

En paralelo a Piaf, los fines de semana Patricia es una Bowie girl en Los Q'upas, un musical sin diálogos dirigido por Pablo Saldarriaga, donde habita reproductores musicales, hoy considerados piezas de museo, como elepés, discmans y walk-mans.

Culminada la temporada, actuará en 'La Sabia', trilogía de 'La Cautiva', laureada obra de 'Pepo' León sobre la guerra interna.

Desde que una puesta en escena de Yuyachkani, le destapó la cabeza en la pubertad, Patricia ha enlazado el arte y la política en su estado más puro y partidario.

Hace cuatro meses creó 'Lima yo te cuido', colectivo que tiene entre sus actividades, recoger basura de las playas, recoletar ropa y víveres, curar perros enfermos. Civismo, en suma. Y, claro, gasta suela en marchas para apoyar la causa feminista.

“A las mujeres se nos trata como débiles para someternos. Todos somos débiles. Si supieran que el poder de la vulnerabilidad nos conecta con el otro. Nos hace humanos”.

Antes y después de Piaf

En medio de tres pelucas frente a un espejo iluminado, Patricia delinea las finísimas cejas de Piaf sobre una superficie de cera que oculta sus tupidas vellosidades.

Cada peluca determinará su postura y actitud en el escenario: Piaf 1, semi-erguida y salvaje; Piaf 2, alzada y presuntuosa; Piaf 3, jorobada y marchita.

“En las dos primeras temporadas lloraba, porque jamás me habían aplaudido así en mi vida. Ahora ya tengo más control”, dice.

Antes de Piaf, Patricia Barreto era confinada a papeles adolescentes y juveniles. Muchos de ellos cómicos.

Antes de Piaf, Patricia pasó por decenas de castings donde un consejo reiterado le revolvía las tripas: opérate, una arregladita te hará bien. ¿Por qué no?

“He sentido que han querido minimizarme por ciertas características mías, y eso me ha creado conflictos. ¿Cómo no voy a ser suficiente para lograr mis sueños? Yo soy esto que tengo adentro, y es suficiente para mí”.

Después de Piaf, Patricia Barreto empezó a ser cada vez más suficiente para los demás.

En la primera temporada una argentina, un agente de Broadway se llevó un reel de la obra. Casi dos años después, el material se ha distribuido en Nueva York, México y Chile.

Una época idónea, donde no se crucen fechas y una inversión justificada bastará para internacionalizar la versión peruana del drama producido por la inglesa Pam Gems.

En agosto, por otro lado, arrancará el rodaje de No me digas solterona, primer protagónico cinematográfico de Patricia, luego de breves apariciones en Troika (2014), y La Herencia (2015).

Curiosamente, interpretará a Patricia, una treintañera conservadora, en agobiante búsqueda de marido.

¿Su madre? La estrella mexicana Angélica Aragón. Ni más ni menos.

“Yo no busco a Broadway y me traen a una maestra de esa talla. Tengo mucha suerte”.

Si aquello no significara una recompensa proporcionada, en una semana, el lunes 15 de mayo, Patricia debutará como conductora de Inéditos, magazine cultural a través del canal IPe.

“No había ningún proyecto que me enamorara de tal manera que me hiciera entrar al mundo de la televisión. Lo encontré, menos mal, en un lugar donde la gran competencia es con uno mismo”.

Aunque suponga siempre un reto titánico, esta noche de jueves, Patricia Barreto no saldrá de la zona de confort.

A minutos de liberar los demonios de una de las voces más bellas del siglo pasado, la actriz, menuda como la cantante, emana una presencia enorme a prueba de congresistas reclamones sobre el escenario del teatro Marsano.

“Piaf me ha enseñado, entre otras cosas, a tener calma y seguridad. A no juzgar. Pero sobre todo a ser apasionada, y obsesiva con lo mío”.

–¿Significa algo haber llegado a los treinta? (los cumplió el 18 de abril)

–No, en mi cabeza tengo la edad que quiero. Aunque me siento orgullosa de todo lo vivido. Me enfrento a los 30 con armonía.

La charla termina, y el reportero busca la mejor butaca dónde desparramarse.

Rato después se abre el telón. Resuena, entonces, el canto entonado y francés de una jorobada Piaf, derruida por la morfina.

No es Patricia quien tenemos enfrente. No lo será tampoco cuando de su próxima transformación se ocupe. Una tal Frida Kahlo.

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