Los rostros de Liliana Trujillo

En junio, Lima podrá ver por fin, en salas comerciales, la película Rosa Chumbe, con la que la actriz Liliana Trujillo ha ganado importantes premios en Chile y en Argentina. Por ahora se le puede encontrar en la telenovela Solo una madre. Con veinte años de carrera, la intérprete dice que no busca reconocimiento.

Redacción LR

Sabado, 15 de Abril del 2017

La primera vez que Liliana Trujillo llevó a su sobrino de nueve años a ver una de sus películas, el pequeño no acabó de verla y salió llorando del cine. En Paloma de Papel (2003), la actriz interpretaba a la madre de un niño ayacuchano reclutado a la fuerza por Sendero Luminoso. Aquella vez, la muerte de un personaje hizo estallar en llanto al pequeño espectador. Lloraba de puro miedo. "Era la sensación de vulnerabilidad, de ser atacados, de que pueda volver a ocurrir —explica la artista de 46 años—. Tal vez no lo preparamos lo suficiente". Ese día abandonaron el cine con una película vista a medias.

Con este antecedente, Liliana ha definido una fecha para que su hija de once años vea por primera vez Paloma de Papel y Tarata, filmes en los que ella participa: recién el próximo año. La actriz y su esposo, también actor, han elaborado una lista de las películas recomendadas para su hija Paula. Allí están las peruanas y otras como ET, Volver al futuro, Querida encogí a los niños y Star Wars. "Algunas nacionales aún no (las puede ver)... por la edad —dice—. Con mi sobrino no calculé lo suficiente. No quisiera que ocurra lo mismo con mi hija", reflexiona la actriz en su eterno papel de madre.

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Este fin de semana la familia quiere ver Av. Larco, la película nacional ambientada en los ochenta, en pleno auge del terrorismo. "A mi hija sí le hemos hablado de eso —dice—. Yo soy de una generación que sobrevivió al terrorismo".

Liliana Trujillo estudió la secundaria y llevó sus clases de actuación en el Teatro de la Universidad Católica (TUC), como varios personajes que ha interpretado, en medio de apagones, coches bomba y cables de alta tensión en los suelos. Caminaba lejos de las ventanas por si había explosiones. Evitaba compartir la vereda con un policía, para no ser víctima del fuego cruzado. Es de una época en la que pocos estudiaban actuación, nadie tenía trabajo, muchos huían del país. "En mi juventud hubo fuga de talentos". Pero ella quiso quedarse.

En sus 23 años de carrera ha puesto su talento en filmes que muestran los momentos más duros de las últimas décadas, como el terrorismo y la dictadura fujimontesinista. Ha sido Rosa, la empleada doméstica de una familia miraflorina víctima de un atentado terrorista en Tarata (2009); Domitila, la madre del niño reclutado por Sendero en Paloma de Papel (2003); y la señora Anita en Magallanes (2014), filme que narra la búsqueda de redención de un exsoldado y el secreto de una mujer víctima de la violencia militar durante el conflicto interno.

Ha sido una tramitadora en Ojos que no ven (2003), y Aída en Mariposa Negra (2006), películas de Francisco Lombardi que dirigen su mirada a la corrupción del fujimorato.

Ahora Lima podrá ver su primer papel protagónico. Lo luce con quepí, camisa caqui, casaca verde olivo y cara de pocos amigos. Es una policía presa del alcoholismo y de la ludopatía. Una mujer decadente a quien su hija de 18 años, Sheyla (Cindy Díaz), le roba sus ahorros y se va de la casa dejándole a su nieto. Una agente del orden cuya vida es un completo caos. Se llama Rosa, como otros personajes interpretados por la actriz. Pero se apellida Chumbe.

Rosa Chumbe, del director Jonathan Relayze, ha recibido galardones internacionales durante la larga espera para su estreno en el Perú: el próximo 8 de junio. Hace dos años, ganó el premio a la Mejor Película en el IXX Festival del Cine de Lima. El 2016 obtuvo dos reconocimientos en la sexta edición del Diva Film Fest, realizado en Valparaíso, Chile. Uno de ellos para Liliana Trujillo como mejor actriz. Esta última distinción se repitió en el Festival de cine de la Ciudad de Buenos Aires (BAFICI) el año pasado.

Cuando se enteró de aquel premio, a través de un mensaje de WhatsApp de Mari Pili Barreda, lo primero que Liliana le dijo es que no jugara con eso. Pensó que era una broma. "Ahora me lo quitan, se han equivocado", ironizaba. Ahora dice que no sabía que podía ganar ese premio. "Supongo que en determinadas circunstancias, y con los criterios necesarios uno puede obtenerlo. Supongo", prefiere no atribuirse ningún logro. "No creo ser mejor que nadie".

La actriz ganó uno de los más importantes reconocimientos de su carrera interpretando al personaje que menos se le parecía. "Rosa es oscura, no es sociable ni cálida ni empática. Está frustrada y amargada", describe. Encarnarla le resultó tan complejo que, durante las grabaciones, la artista probaba pasos de baile para zafarse de la tensión.

 

Las diferencias

 

El huaino era señal de que la fiesta ya había acabado.

Liliana, hija de un contador y abogado huancaíno, recuerda el rostro de los asistentes a los cumpleaños cuando comenzaban a sonar el arpa, la quena y la guitarra de las canciones andinas. "Cuando ponían el huaino, la gente se asqueaba".

También recuerda cuando sus primos huancaínos le decían "limeña caga leche" por haber nacido en la capital. "Ellos también discriminaban".

Creció en un barrio de Pueblo Libre oyendo cómo sus vecinos se choleaban entre sí. "Fue chocante porque era plenamente consciente de que mi mamá, mi papá y yo éramos cholos. Había un golpe de menosprecio, de violencia".

Unos años después llegó a Los de Arriba y los de Abajo, la primera novela de temática social que buscó reflejar los primeros años de la década de los 90. "No he sentido carencias tan fuertes en mi vida... salvo cuando hice ficción. Ahí ves cómo viven las personas", dice.

La mayoría de papeles que le ha tocado interpretar son de personajes humildes, marginales, asustados. En Quizás mañana (2013) era Rosa, una vendedora ambulante. En el western andino Pueblo Viejo (2013) interpreta a Segunda. En El evangelio de la carne (2013) es la madre de un barrista de Universitario que vive en un barrio pobre de Lima. "Hay ciertos papeles que me dan por mis características físicas, mi peso, mi raza, mi tamaño. Eso no determina si soy mala o buena actriz", dice.

Luego recuerda un fragmento del guion de la película Tarata, en el que Rosa, la empleada de la familia Valdivia le cuenta a sus empleadores que su hijo está desaparecido desde hace semanas. Al oír eso, la señora Valdivia (interpretada por Gisela Valcárcel) se niega a creerle: "¡Ustedes mienten!".

—¿Ustedes?, quiénes son ustedes? ¿Nosotros? ¿Los humanos? ¿De qué diferencias estamos hablando? —reflexiona la actriz mientras recuerda a los vecinos que se choleaban en el barrio, en las fiestas, en las reuniones y después de los huainos. —Cuando vas al estreno de una película, si no eres blanquito, te tratan diferente.

 

La palabra de la actriz

 

Su mamá, una profesora de Física y Química, la llevaba a los seis años al cine club Santa Elisa, del jirón Cailloma, para ver películas como Marcelino, pan y vino. "Salía llorando", recuerda la actriz, quien también se ha dedicado a la Educación Inicial por cinco años.

Liliana empezó a estudiar Educación cuando acababa el gobierno fujimorista. "Creo que Fujimori y Montesinos siguen conduciendo el país —comenta—. El fujimorismo sigue así porque la educación no avanza. Tal vez los actores no nos acercamos lo suficiente a la gente". Liliana habla de teatro como un canal para transmitir información y para educar. "El fujimorismo es una epidemia que sigue atacando el país".

"Ella nunca se queda callada. Dice lo que piensa, sabe dar a conocer su punto de vista. Hace poco, cuando ocurrió la emergencia en el norte, actuó de una manera muy comprometida", comenta Cindy Díaz, la hija de Liliana en Solo una Madre y en Rosa Chumbe.

Esta última película,que Liliana estuvo a punto de rechazar, antecedió su ingreso a la telenovela donde cumple el rol antagónico; y también al Viaje de Naomi, un filme alemán que rodó en octubre del año pasado. Esa fue su primera experiencia en el extranjero.

Hay quienes dicen que a Liliana Trujillo se le conoce de rostro, no tanto de nombre. .

— No busco fama, ni reconocimiento. Actúo porque necesito actuar. Es visceral.

—¿Y qué pasará cuando dejes de hacerlo?

—Espero que sea cuando esté bien viejita y ya no pueda recordar mis líneas. Y de ser así espero que me llamen para interpretar a alguien con problemas de memoria.

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