El gran golpe del golf peruano

El golf, ese deporte que se juega más para cerrar negocios que para ganar trofeos, acaba de darnos una gran sorpresa: el equipo peruano campeonó en el Sudamericano Juvenil. Hace 33 años que no ganábamos ese torneo. El mérito es de Julián Périco, Hubert Nieto y Santiago Zubiate, la nueva sangre del golf nacional.

Redacción LR

Sabado, 15 de Abril del 2017

La bola cruzó el espacio. Hubert Nieto (18) la siguió con la mirada hasta que la perdió de vista. Estaba seguro de que había hecho un buen golpe de salida, pero no, la bola terminó en una laguna. Por el error, se le marcó un golpe extra en su tarjeta. Ahora debía soltar la bola al borde de la laguna y enviarla al camino. Así lo hizo.

Pero, entonces, volvió a fallar. Tenía viento en contra y golpeó sin convicción: la bola terminó en otra laguna, a unas 50 yardas. Era la mañana del jueves 13 de abril, había un sol encantador en el campo Belem Novo Golf Club de Porto Alegre, Brasil, y Hubert Nieto no entendía qué le sucedía.

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Cuando llegó al green, la superficie que rodea al hoyo, estaba tan desconcertado que pareció hasta natural que volviera a fallar. Fue su tercer error. En un hoyo, el 10, que requería idealmente de solo cinco golpes, debido a sus errores Hubert marcó ocho.

Al final, cuando completó los 18 hoyos, su marcador era de 80, ocho golpes por encima de los idealmente necesarios. Se sentía frustrado, decepcionado. A sus compañeros de equipo, Julián Périco (17) y Santiago Zubieta (18), no les había ido mucho mejor: 78 golpes el primero, 77 el segundo.

Era el segundo día de competencia en el Campeonato Sudamericano Juvenil de Golf y a la selección peruana le estaba yendo fatal. Después de un primer día brillante, en el que terminaron como líderes, ahora caían hasta el tercer puesto. ¿Ocurriría lo de siempre? ¿El "casi", el "por poco", que parece ser el sello de identidad del deporte nacional?

Saliendo de los clubes

Perú no es una potencia en el golf, ni siquiera en Sudamérica. Tenemos 14 canchas, mientras que en Chile hay 77, en Brasil 123 y en Argentina 319. No, no es un deporte popular. Ha estado demasiado tiempo ligado a las clases altas. Para jugar en el Perú había que ser socio de un club. El Lima Golf de San Isidro, Los Inkas Golf Club de Surco, el Country Club de La Planicie... Pero desde hace algunos años, con la creación de la Cancha Pública de San Bartolo, las cosas, lenta, apenas perceptiblemente, han comenzado a cambiar.

De la cancha de San Bartolo salió Hubert Nieto. Hijo de un humilde maestro de obras, comenzó a practicar el deporte apenas abrió el campo, hace cinco años. Hasta entonces era el capitán del equipo infantil de fútbol de San Bartolo, pero el golf le fascinó tanto que rápidamente dejó de empujar pelotas con los pies para hacerlo con palos de madera y fierro.

Santiago Zubieta comenzó mucho más joven, a los 4 años, de la mano de su padre y de sus tíos, notables jugadores del club Los Inkas. Ha ganado numerosos torneos, el más importante de los cuales había sido hasta ahora el Sudamericano Prejuvenil de 2015. Es el número 2 del ranking nacional.

El número 1, y probablemente nuestra gran estrella –si el término "estrella" pudiera aplicarse en un ámbito tan reducido como el del golf nacional– es Julián Périco.

Desde el año pasado, Julián vive en Florida. Por las mañanas estudia en un college y por las tardes va a una academia de golf. Según Martín Alarco, director ejecutivo de la Federación Peruana de Golf (FPG), es la aparición más grata en este deporte en muchos años.

Cuando, en enero pasado, se seleccionó al equipo que competiría en el Sudamericano Juvenil, estaba muy clara, por sus puntajes, la inclusión de Julián y de Santiago. El tercer cupo –solo viajaban tres a Brasil– estaba peleado entre dos jóvenes golfistas. Uno de ellos era de un club tradicional de Lima. El otro era Hubert Nieto. El puntaje de Hubert era superior, por poco, al del otro muchacho. Y fue el elegido.

Sin embargo, esta elección no fue muy bien recibida por algunos aficionados. Alarco no abunda en el tema. Solo dice:

–Por supuesto, hubo presiones. "Ese es de San Bartolo", decían. Hubo que ponerse firmes y respetar los procesos. No importa de dónde venga. En ese momento, Hubert era el tercero del ranking y le llevaba un pelito de ventaja al cuarto. Había que ponerlo.

Así fue que el hijo del maestro de obras viajó a Brasil. Los directivos de la federación creían que merecía estar allí. Y el tiempo les dio la razón.

Un equipo que creyó

El viernes fue un mejor día para los peruanos. Santiago hizo 72 golpes, que es el número de golpes ideal con los que se debía terminar los 18 hoyos: el llamado par. Julián estaba hecho un fenómeno: necesitó solo 69 golpes, es decir, tres golpes por debajo del par.

Pero a Hubert las cosas le siguieron yendo mal. Él dice que seguía tenso por lo que le pasó el día anterior, preocupado por no fallarle al equipo, y esa presión empeoró las cosas. Cada vez que un jugador necesita un golpe extra para cerrar un hoyo, se dice que hizo un bogey. El día anterior, en el hoyo 10, Hubert había hecho un triple bogey. El viernes hizo seis bogeys y dos dobles bogeys. Nada parecía salirle bien.

El sábado, en la cuarta y último ronda del torneo, los peruanos comenzaron liderando la tabla. Colombia y Ecuador les seguían los pasos.

Hubert estaba más tranquilo. Después de su mala performance, la delegada del equipo, Pilar Tijero, había hablado con él y le había dicho que jugara sin presiones, como él sabía hacerlo. El equipo creía en él.

Hubert salió primero, y arrancó bien: el primer hoyo era un par de cinco golpes y Hubert lo hizo en cuatro. En golf, cuando un jugador acaba un hoyo con un golpe menos se dice que hizo un birdie. Si hizo dos golpes menos, es un eagle. Y si hizo tres golpes menos, es un albatross. Hubert hizo cinco birdies y cuatro pares. Estaba concentrado, se equivocaba poco y acertaba mucho más.

Santiago venía detrás de él y también comenzó bien: un birdie y tres pares en los primeros cinco hoyos. Pero en el hoyo 6 cometió dos errores: un doble bogey, y algo pasó. Él dice que, sencillamente, se apagó. Cometió otro doble bogey y otro más. El equipo peruano parecía que se quedaría a las puertas de la gloria otra vez.

Pero en ese momento, el juego de Hubert y de Julián, que venía después de Santiago, resultaron claves. Hubert, después de dos jornadas terribles, estaba golpeando muy bien. Santiago estaba al tanto de su score y a la distancia, mientras avanzaban cada uno en sus recorridos, le hacía barra: "¡Vamos, Hubert, vamos!".

Y Julián, mientras tanto, reafirmaba su estatus como uno de los mejores juveniles de la región. Seis birdies. Ocho pares. Cerró esa ronda con 70 golpes, dos por debajo del par. Después de meter la bola en el último hoyo, fue a buscar a sus compañeros. Los tres, junto a la delegada, se fundieron en un emocionante abrazo. Habían acabado las cuatro fechas con 580 golpes, siete menos que los de Colombia, su más cercano competidor. Eran los campeones. De Sudamérica.

En los brazos de Pilar Tijero, Santiago lloraba. Sentía que pudo haber hecho mucho más por el equipo. Ella lo tranquilizó. Le dijo que lo había hecho bien. Y era verdad.

La última vez que un equipo peruano campeonó en el Sudamericano Juvenil de Golf fue en 1984. Hace 33 años. Desde entonces, algunos subcampeonatos, terceros puestos, pero ninguna copa que alzar.

El reto, ahora, es el Mundial Junior de Tokio, en julio. Santiago dice que si van enfocados pueden alcanzar un lugar en el podio. Es difícil. Competirán con las 14 mejores selecciones del mundo. Pero hay que intentarlo. El golf es uno de esos deportes de los que los peruanos no esperamos ningún triunfo. Y estos tres chicos lograron el más importante de la región.

El mérito es solo suyo.

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