Comparaciones imposibles

Redacción LR

Domingo, 22 de Enero del 2017

Por estos días creo haber escuchado todos los argumentos habidos y por haber frente al tema Odebrecht: que todos los gobiernos han caído en la corruptela; que nadie puede decir ampay me salvo; que frente a este carnaval de coimas, el fujimontesinismo fue un chancay de a veinte; que ahora ya todos los gobiernos están igualados en lo que a niveles de corrupción respecta, que… ¡Hey, un ratito! 
 
¿Realmente hay alguien en su sano juicio que puede sostener tamaño despropósito? Porque, sí, Odebrecht ha demostrado que la corrupción es un cáncer que ataca por igual a todos los gobiernos, pero de allí a comparar el nivel de corrupción de los gobiernos post 2000 con el que se produjo durante los años del fujimontesinismo hay una desproporción inconmensurable y quienes lo insinúan solo pueden ser amnésicos, tener el cerebro en estado de hibernación o, lo más probable, estar buscando llevar agua turbia para su molino.
 
Suele decirse que los peruanos somos desmemoriados. No lo creo. Pienso que solo nos hace falta que alguien, de cuando en cuando, nos refresque la memoria. Por eso, aquí algunas de las razones por las que Alberto Fujimori (más allá de si él y sus cómplices se llevaron el país en peso, como realmente ocurrió) es el gobernante que, particularmente a mí, me produce mayor vergüenza:
 
1. Porque, recién reelecto, al ser buscado por la prensa para dar explicaciones sobre el escándalo de Pampa Bonita (aquel terreno que se hizo adjudicar cuando solo debía ser asignado a verdaderos agricultores), hizo mentir a su esposa fingiendo una “intoxicación con bacalao”.
 
2. Porque en la campaña del 90 acusó a Mario Vargas Llosa de querer llevar a cabo un shock económico, jurando que él jamás haría algo así... pero fue lo primero que hizo al llegar al poder.
 
3. Porque lo vimos hacer la V de la victoria sobre los cadáveres de los catorce emerretistas muertos en la embajada de Japón y atribuir el “éxito” del operativo a la astucia de Kenji más que al valor de los militares que participaron en él.
 
4. Porque tuvo la poca hombría de que, cuando su mujer ya no le servía para mentir sobre sus bacalaos y, más bien, se puso a exhibir los trapos sucios (y donados) de su familia,  decidió encerrarla, mandarla a electrocutar y, luego, salir a decir que andaba mal de la cabeza.
 
5. Porque durante años protegió abiertamente a Vladimiro Montesinos pese a todas las evidencias de corrupción, al punto de elogiarlo frente a Barry McCaffrey, el zar antidrogas norteamericano, presentándolo como abanderado en la lucha antidrogas, para luego decir, años después, que no sabía nada de lo que su asesor hacía “a sus espaldas”.
 
6. Porque, pese a que declaró ganar un sueldo de mil soles como presidente, pagó la educación de sus hijos en exclusivas universidades de los Estados Unidos –que costó más de un millón de dólares– y terminó enredándose en escandalosas mentiras al tratar de dar una explicación sobre la procedencia del dinero (como esa de que la pagó con la venta de la casa de Pinerollo, que se vendió mucho después de que los chicos egresaran de sus universidades).
 
7. Porque condecoró a los miembros del Grupo Colina cuando el crimen de Barrios Altos era ya un hecho probado, y les otorgó una serie de beneficios que luego negó con descaro durante el juicio por delitos de lesa humanidad. 
 
8. Porque se jactó mil veces de que nada en su gobierno ocurría sin que él supiera, para luego asegurar, con gran cinismo, que Montesinos actuó bajo sus mismísimas narices sin que él supiera nada. Tamaña contradicción solo puede indicar una de dos cosas: o miente descaradamente o era un tonto de capirote indigno de gobernar.
 
9. Porque, apenas producida la fuga de Montesinos (después de regalarle quince millones de dólares que, luego, “devolvió” cuando le cayó la quincha), recorrió medio Lima buscando los vladivideos que lo comprometían con el pretexto de que iba a “cazar” a su exsocio, haciéndose acompañar por un falso fiscal, como si el trabajo de un presidente fuera cazar delincuentes.  
 
10. Porque, tras desenmascararse la putrefacción de su régimen, hizo la pantomima de viajar a una cumbre de líderes de Asia Pacífico en Brunéi, cuando ya tenía previsto –como los cobardes que van “a comprar pan” y abandonan a su familia– enviar su renuncia por fax y mandarse a mudar a Japón, donde, por si fuera poco, candidateó al senado jurando que "daría su vida" por ese país.
 
Y esto es solo un compendio ajustado de lo que, en mi criterio, hizo de Fujimori el presidente más impresentable de nuestra historia, así que no joroben con que todos los gobiernos son iguales. Ahora se viene el destape de los tentáculos de Odebrecht que llegan hasta su gobierno. Toledo, García y Humala deberán asumir la responsabilidad (política y, si cabe, personal) pero igual seguirán siendo unos pájaros fruteros al lado de aquél que envileció nuestro país y que ha quedado para siempre señalado como uno de los diez gobernantes más corruptos de la historia en el mundo.

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