Frustración y gritos ahogados

No se pudo. Los peruanos llenaron las calles con camisetas rojiblancas, pero el gol no llegó. Todos mantienen la ilusión.

11 Nov 2017 | 6:00 h

El contraste era evidente. Algunos rostros lucían llenos de euforia, otros destacaban por su tranquilidad aparente. En todos ellos, sin embargo, se reconocían esos gestos que se asocian al nerviosismo y, más tarde, a la cólera y a la frustración.

Unos se mordían los labios o se “comían” las uñas. Otros, quizá los más ansiosos, preferían no mirar a la pantalla. Ese miedo familiar que provoca la decepción de último minuto les movía a cubrirse parte del rostro, algunos con las manos en señal de plegaria. Era un acto de fe, uno de los últimos en el camino hacia Rusia 2018.

Frente al televisor, en las casas, en algún bar o en las plazas de la ciudad, mientras se acercaba la medianoche, los peruanos solo deseaban que llegue el gol que aliviara la angustia, pero cada minuto transcurrido solo aumentaba la tensión. Desde temprano, en las calles más transitadas de la ciudad, no fue extraño ver personas con la camiseta de la selección. El Perú, como pocas veces, lució de verdad sus colores con orgullo. Hacia el final del partido, no obstante, el país no tuvo la fiesta que se esperaba. La alegría tendrá que esperar.

La ansiedad aumentaba con cada grito ahogado de gol, con cada “uuuf”, con cada mirada desconcertada que solo significaba una cosa: nos salvamos. Porque Nueva Zelanda atacaba y empatar ya no parecía “tan malo”.

En la Plaza de Armas de Lima, los hinchas se tomaban la cabeza, alzaban los brazos en señal de reprobación. Después de 35 años sin llegar a un mundial, nadie entendía la necesidad de extender la incertidumbre hasta el 15 de noviembre.

El pitazo final, ese que todos esperaban nos acerque más al sueño mundialista, generó posiciones divididas en las calles. Algunos aseguran que el encuentro de vuelta en Lima será distinto, porque dicen que harán pesar la localía.

Las lisuras denotaban frustración, en algunos incluso se sentía la rabia. Pero como ha ocurrido desde hace décadas, ocultaban también una esperanza ciega, ahora renovada en el equipo de guerreros que lidera Ricardo Gareca.

El país durmió con el sinsabor de no haber conseguido la victoria, pero con la ilusión intacta de llegar a una Copa del Mundo. Volver por fin.

Te puede interesar