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pecados imperdonables

La joven ayacuchana A.L.L. relata por primera vez que el sacerdote Félix Pariona abusó sexualmente de ella entre los 15 y 17 años de edad al interior del Seminario San Cristóbal de Huamanga donde trabajan sus padres. El cura negó las acusaciones.

Por: Melissa Goytizolo

Testimonios Ubicación

El sacerdote Félix Pariona Huacre llegó al Seminario San Cristóbal de Huamanga, en Ayacucho, el año 2005. En el claustro trabajaban como cocineros los padres de la joven A.L.L. Cuando Pariona se ordenó como sacerdote, en el 2014, empezó a acosar sexualmente a A.L.L., que entonces contaba con 15 años de edad.

De los tocamientos indebidos, Félix Pariona, quien vivía en el Seminario, al igual que su víctima, pasó a la violación sexual. La primera vez ocurrió en julio de 2016. Hasta diciembre de ese año, el clérigo asaltó sexualmente siete veces a la jovencita en su habitación asignada en el establecimiento religioso.

El sacerdote amenazó con lanzar a la calle a sus padres si A.L.L. denunciaba los abusos sexuales. “Yo soy el que manda aquí, gracias a mí tu mamá trabaja, gracias a mí a tu papá no lo hemos botado, gracias a mi ustedes comen”, le dijo Pariona, según la versión de A.L.L.

“Me decía que esto iba a quedar entro los dos siempre. ‘Yo no le voy a decir a nadie, tú no le avises a nadie’, me decía. Cada vez que me agarraba fuerte yo le decía por favor suéltame, y él lo sabe muy bien.... A mi cada vez que me agarraba se me ponía la piel rara”, declaró la muchacha.

Finalmente, en febrero de este año, A.L.L resolvió relatar a sus padres sobre los tocamientos indebidos. Por vergüenza, no mencionó aún que también había sido violada.

Los padres, consternados con la noticia, recurrieron al arzobispo de Ayacucho, monseñor Salvador Piñeiro. Pasaron los días y ante la nula actuación de Piñeiro, el 21 de febrero decidieron denunciar el caso ante la Fiscalía Provincial de Huamanga.

Pariona lo negó. Dijo que se trataba de una calumnia. La fiscalía, dándole más crédito al sacerdote Pariona, archivó la grave imputación. Pero A.L.L. no se quedó callada y resolvió apelar. Como resultado, la Fiscalía Superior de Ayacucho decidió en septiembre último la ampliación de las investigaciones. El caso sigue abierto.

Mientras tanto, el sacerdote Félix Pariona sigue dando misa y viviendo cómodamente en el lugar donde cometió las violaciones que denuncia A.L.L. En este caso, la palabra de un sacerdote vale más que la de la víctima.

Testimonios

“El seminario se volvió un calvario para mí”

Entre los años 2014 y 2017 el cura Félix Pariona abusó sexualmente de A.L.L., según el relato de la víctima. Empezó manoseándola por encima de la ropa, luego por debajo. Con el pasar del tiempo, y bajo la sumisión en la que se encontraba atrapada, el clérigo la obligó a verlo masturbarse, a que le hiciera sexo oral y la violó en repetidas ocasiones en el cuarto que tenía asignado en el Seminario San Cristóbal de Huamanga.

“Donde guardan verduras, donde guardan cereales, ahí estábamos los dos… Y me obligaba, es algo asqueroso, siempre se sacaba (el pene) y me agarraba el cabello y trataba de que… (ya sabe)”.(..)“Nunca ha botado (eyaculado) dentro de mí, siempre botaba afuera… Cuando estábamos en su cuarto los dos yo trataba hasta de gritar, pero no podía", relató la agraviada.

La madre de A.L.L. presentía que algo ocurría con su hija, le preguntaba, pero ella no respondía. Nunca sospechó que la actitud de su primogénita estuviera relacionada con abusos sexuales, y muchos menos, que el acusado era el sacerdote que convivía con ellos.

“Yo notaba a mi hija cambiada. Antes era cariñosa, íbamos a comer, a pasear… Luego ya no quería venir al seminario…En su colegio me decían que se había descuidado en los estudios, me hacía llamar la profesora. Averíguate que está pasando, me decían… Qué iba a imaginarme eso (las violaciones)”.

“Muchas personas me dicen ahora: ¿Por qué no gritaste fuerte? ¿Por qué no te defendiste? ¿Por qué no te zafaste?... Yo no sabía cómo reaccionar. (…) El seminario se volvió un calvario para mí”, dijo A.L.L.


“Yo niego esas cosas”

La República conversó con el sacerdote Félix Pariona. El religioso ayacuchano de 36 años negó los hechos y dijo que todo se trataba de una venganza del padre de la afectada.

“No hubo nada... Yo no lo hice, yo niego esas cosas. (…) Yo a su papá lo encontré robando unos acros (fierros). Se los había llevado (del seminario) a su casa…Todo ha sido por venganza de ellos, porque yo al señor le digo: ‘Yo no confío en ti, de ahora en adelante usted se va a trabajar a la cochera (del seminario), pero no entra más a la cocina’”, relató Pariona.

El papá de A.L.L desmintió lo dicho por el religioso. “No es verdad eso del acro… El padre Javier Obón (ex rector del seminario, fallecido en noviembre del 2016), él me ha prestado”.

En el cuarto del sacerdote Pariona, el mismo donde la acusada denuncia haber sido tocada y violada en reiteradas ocasiones, en ese mismo cuarto, el cura les daba a ella y a su hermano menor una pequeña labor: contar las limosnas recibidas por la Iglesia.

Pariona también negó, rotundamente, que A.L.L haya entrado en su cuarto siquiera una vez. Pero tres fotografías recogidas por La República demuestran lo contrario.

A.L.L tomó fotos del cuarto del cura donde se notan claramente las monedas de la limosna sobre una mesa, y las envío por Whatsapp a su amiga. Además, según la declaración jurada de la amiga a la que tuvo acceso La República, ella manifestó: “El padre le había ofrecido darle dinero a cambio de no decir nada de los tocamientos… También señaló que la amenazaba con botarla a la calle”.

Pariona no permitió que La República le mostrara las imágenes para corroborar la versión de A.L.L. Solo dijo: “No entraba nunca, ¡nunca! ¿Cómo va a entrar? Nada, ¡para nada! Ella siempre iba al cuarto del padre Javier (Obón) más bien (fallecido), paseaba con el padre Javier”.

El hermano menor de A.L.L manifestó que fue testigo de los tocamientos: “Contaba (la limosna) con mi hermana. (…) El padre me dijo: ‘Vaya a traer el agua’, y yo fui a traer el agua y ahí mi hermana se quedó en el cuarto con el padre Félix. Yo estaba yendo adentro, y como me dijo: Pasa no más; ahí le vi tocándole… De ahí disimuló y me dijo: ‘Déjalo en la mesa el agua’”.


“Es una difamación”

A inicios de febrero de este año, los padres de A.L.L. denunciaron el caso ante el arzobispo de Ayacucho, monseñor Salvador Piñeiro. La autoridad eclesiástica pidió hablar con la víctima.

“Le conté al monseñor que el padre Félix me tocaba, incluso que me hacía verlo masturbarse…(Monseñor me dijo): ‘Yo al padre Félix le voy a prohibir que se acerque a ti o lo voy a sacar…’. Él me prometió eso, pero no pasó nada”, declaró A.L.L.

El viernes 10 de febrero los papás de la agraviada firmaron una carta escrita por monseñor Piñeiro, según ellos. En el documento se dejó constancia del presunto delito: “Acudimos a la curia arzobispal preocupados por la constante actitud del presbítero Félix Pariona Huacre, quien acosa a nuestra menor hija A.L.L. de 17 años con palabras impropias y saludos afectuosos deshonestos, amenazando a nuestra familia.(...) De seguir estas actitudes acudiremos a Fiscalía...Firmamos el presente documento ante el Sr. Arzobispo”.

El domingo 12 de febrero monseñor Piñeiro escribió otra carta, en respuesta a la misiva del viernes 10, tomando medidas sorprendentes: “Habiendo recibido el descargo sobre este asunto tan delicado del presbítero Félix Pariona H., quien manifiesta demasiada familiaridad con los trabajadores y familiares de casa lo que origina interpretaciones exageradas, he recomendado las debidas correcciones(…) También he conversado con los esposos (los padres de A.L.L.) para el cuidado vigilante de los hijos y en lo posible que no se queden en el Seminario y solo cumplan sus horarios del empleo".

Ante la indiferencia del arzobispo de Ayacucho los padres de A.L.L denunciaron el caso a la Fiscalía de Huamanga, el 21 de Febrero. Luego, el 6 de marzo escribieron otra carta dirigida a Piñeiro: “Tal como le denunciamos sobre los abusos sexuales e inmoralidades cometidos por el padre Félix Pariona Huacre contra mi menor hija, usted pidió hablar con ella, y entre lágrimas le ha narrado lo sucedido. Usted hasta el día de hoy no ha dado trámite a mi denuncia".

Cartas de los padres de A.L.L y del arzobispo de Ayacucho, Salvador Piñeiro, que prueban la indiferencia de este último con el caso de la agraviada.

Piñeiro afirmó a La República que A.L.L miente: “Es una difamación, una acusación… Los papás vinieron a hablar conmigo, les dije que me hicieran una denuncia escrita, llamé al sacerdote, le pregunté, él me dijo que todo era mentira. Volví donde los papás de la agraviada, me pidieron disculpas y por eso zanjé el asunto”.

Los padres de A.L.L aseguraron que jamás le pidieron disculpas al arzobispo, por el contrario le exigieron justicia. Piñeiro indicó que cuando se enteró de la denuncia ante la fiscalía se tomaron medidas eclesiásticas. “El padre no ha tenido ejercicio del ministerio, ha estado trabajando al interior de la iglesia. Yo veía que esto era una difamación y ya la fiscalía ha decretado que eso se archive”, afirmó Piñeiro.

Cuando se le indicó al arzobispo que el caso continuaba en giro, dijo que no lo sabía. Mientras tanto el sacerdote Félix Pariona continúa viviendo en el seminario donde se cometió el presunto delito. Además, según el mismo refirió, “sigo dando misa los domingos”.


La mano blanda de la fiscalía

En un comienzo, en febrero de este año, cuando A.L.L fue a realizar la denuncia con sus padres a la Fiscalía, imputó al sacerdote únicamente tocamientos indebidos, pero una vez frente a las autoridades, ella añadió que Pariona la violó en reiteradas ocasiones. Por vergüenza A.L.L no les contó de inmediato a sus padres que también había sido abusada sexualmente. Recién lo hizo el 13 de marzo frente a un psicólogo del Ministerio Público cuando daba su testimonio de lo ocurrido.

Para el titular de la Segunda Fiscalía Provincial de Huamanga, Nilo Paredes Chávez, esta "inconsistencia" en la versión de A.L.L., era suficiente para dar por terminado el caso. “Lo principal que ha tomado en cuenta la Fiscalía es el hecho de que la sindicación de esta adolescente no es coherente, porque cuando vinieron a denunciar a esta fiscalía no mencionaron ningún hecho referido a violación sexual…solamente denunciaron presuntos tocamientos indebidos”, dijo el fiscal a La República.

Nilo Paredes archivó la denuncia el 20 de julio último, pero A.L.L apeló y el fiscal superior, Reynaldo Perales Argandoña, le ordenó que continúe con las investigaciones.El fiscal provincial también decidió archivar porque, según él, la víctima no actuaba como una persona que había sido abusada sexualmente, ya que regresaba a los lugares donde se cometieron los presuntos delitos.

Pasó por alto el fiscal que por más de dos años la agraviada era amenazada por el sacerdote, y que la sumisión en estos casos es usual, más aun tratándose de un hombre que viste sotana y con poder dentro del claustro religioso.

Antes de archivar el caso, sorprendentemente el fiscal Paredes rechazó el pedido reiterativo de la defensa de A.L.L. para que el Ministerio Público le hiciera un peritaje psiquiátrico a la presunta víctima.

Otro argumento para el archivamiento fue que A.L.L no acudió a la fiscalía para someterse a una pericia psicológica. Sin embargo, diez días después del archivamiento del caso, se presentó en el Hospital Nacional Dos de Mayo, en Lima, donde el psicólogo Manuel Pilares Bustamante conversó en profundidad con ella y le realizó la pericia.

Los resultados fueron: “La paciente presenta un trauma de origen psicosexual producto de eventos de abuso y otras alteraciones de índole sexual durante su niñez y adolescencia por persona adulta. Recomendaciones: llevar psicoterapia por psicóloga del campo clínico".

El fiscal Paredes aseguró que hasta hoy no ha recibido el mencionado peritaje psicológico. No obstante, La República confirmó que sí fue recibido el documento por su despacho, el pasado 7 de agosto.

Extraña también que el fiscal no haya tomado en cuenta las fotografías que A.L.L tomó del cuarto del sacerdote, donde fue presuntamente violada en siete ocasiones y donde también fue objeto de tocamientos, según su propio testimonio. Tampoco tomó en cuenta el testimonio del hermano menor de A.L.L, quien fue testigo de los tocamientos, por tratarse de un familiar.

Según la ley: “solo la declaración de la víctima sí constituye un indicio revelador del delito y debe investigarse a fondo”, algo que el fiscal Paredes parece haber olvidado.

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