Carlos Franz: "El paso del tiempo es la prueba más dura que debe enfrentar el amor"

Bajo el sello de Alfaguara, el escritor chileno publicó en 2015 la obra que le hizo merecedor de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa 2016

12 Jun 2017 | 3:52 h

El paso del tiempo, que no es otra cosa que la historia, te mata. Esta frase, que siempre repetía el filósofo español Gabriel Albiac en su programa de radio, es la pequeña reseña de todos los libros que se han escrito sobre el amor. Y si usted, amigo lector, pasa las páginas de "Si te vieras con mis ojos", comprobará que la vida tiene más enredos de los que suponemos. Incluso en las mentes más brillantes de los siglos pasados. El escritor chileno Carlos Franz ha construido esta historia en dos décadas. Así como un buen vino, cada párrafo son los años que ha reposado en toneles de roble. En 2016, ganó la segunda Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Y esta entrevista tuvo que pasar por un proceso para que saliera a la luz. 
 
¿Hay que tener muchas lecturas encima para leer su novela?
 
Yo no creo que sea necesario haber leído mucho para entender esta novela de amor. Pero sí es preciso ser capaz de sentir mucho para percibir las emociones y conflictos planteados en ella. Esta capacidad de sentir es común a cualquiera que lea sin prejuicios. Por otra parte, las novelas y el arte en general sirven, entre otras cosas, para despertar en nosotros las emociones atrofiadas por la rutina y para enseñarnos zonas desconocidas de nuestro propio ser.
¿Cuánto cuesta construir un personaje como Mauricio Rugendas, teniendo en cuenta que se pueden escribir muchas cosas más de él? 
 
A mí lo que más me costó fue liberarme de la persona histórica que fue Rugendas para poder imaginar con plena libertad un personaje literario a partir de ella. Investigué mucho sobre la vida de este pintor y luego intenté olvidar lo que había aprendido. Porque mi objetivo fue usar la biografía de esa persona real como una tela para pintar sobre ella el retrato de un personaje imaginario que debía cobrar vida propia. Para imaginar la personalidad, sueños y deseos de Rugendas, dediqué muchas horas a observar con atención los miles de óleos y dibujos que dejó.
 
Pienso en la vuelta de Rugendas de Alemania en 1845, triunfante. Y me cruzo con el de tu novela, en un enredo amoroso. Ese matiz es interesante. 
 
Rugendas regresó a Alemania con muchas esperanzas, pero rápidamente se frustró. Su enorme acopio de pinturas de temas americanos no fue bien valorado. O no tanto como él quería. Además, había estado demasiado tiempo fuera, lo habían olvidado. Y seguramente él había cambiado, se había vuelto un extranjero en su propia patria. En esos años escribió un poema muy melancólico que se conserva, en él se lamenta diciendo: “ya no triunfaré” (en Alemania). Y enseguida evoca con nostalgia la lejana cordillera de los Andes.
 
 
Otro personaje de la novela es Darwin. ¿Le ha sorprendido todo lo que ha encontrado de él?
 
Construir un personaje literario a partir de Darwin fue aún más difícil que con Rugendas, porque la vida de Darwin es una de las mejor documentadas en todo el siglo XIX. Sin embargo, encontré pequeñas lagunas y algunos grandes misterios. Entre las primeras hay varios días durante ese año que pasó en Chile de los que no sabemos nada. Y entre los misterios está esa enfermedad que lo aquejó toda su vida y que tal vez era física o quizás era de origen nervioso, sicosomático. Desde antes de iniciar su viaje a América Darwin parecía sufrir de lo que hoy llamaríamos "ataques de pánico". En fin, la imaginación del escritor se activa ante esos misterios y lagunas biográficas y en ellos alojamos la ficción. 
 

¿Le ha venido bien que etiqueten a su novela como "histórica"? Aunque es común en la crítica agrupar a las novelas más por algún tipo de figura literaria que por estructura. 
 
Mi novela no es histórica. No lo es porque me tomé muchas libertadas con los hechos reales y no vacilé en cambiarlos cuando le convenía a mi ficción. Una novela histórica ilustra la historia real ciñéndose a ella. En cambio, la novela artística que yo practico emplea la historia real simplemente como un telón de fondo contra el cual desarrollar un argumento inventado y hacer vivir de otro modo a los personajes. 
 
Nos encontramos en la América Latina del XIX. Hay lazos románticos entre sus personajes, pero también un ambiente social muy sancionador. ¿Cree que eso haya cambiado? 
 
Por supuesto que nuestras sociedades han cambiado bastante. Han pasado casi dos siglos. Pero sería ingenuo considerarnos muy superiores a ese pasado. El erotismo con todas sus pasiones no fue inventado por las actuales generaciones. Con otras coberturas, y otros velos, el amor y el sexo se vivían intensamente también entonces.
 
El jurado de la Bienal Mario Vargas Llosa sostuvo que la historia "integra personajes diversos que representan dos concepciones del mundo, dos épocas y dos continentes". ¿Cuál de esas concepciones le ha resultado más enriquecedora?
 
El fallo del jurado menciona algunos pares de visiones que intenté contraponer e integrar en mi novela. Pero hay otras. Por ejemplo, Si te vieras con mis ojos representa la oposición naciente entre arte y ciencia que vivimos hasta hoy. Y también es muy importante en mi libro la visión de la naturaleza como un todo que no puede ser comprendido si no complementamos la ciencia con la sensibilidad. Esto es lo que hoy llamaríamos una visión ecológica.
 
¿Escribir una novela en segunda persona representa un trabajo más laborioso? ¿Qué piensa de esa discusión eterna entre el yo, tú, él?
 
La segunda persona es, en efecto, un punto de vista más inusual en una novela. Pero en este caso ese “tú” me ofrecía la posibilidad de intentar representar en el propio lenguaje del libro la unión de los amantes. Carmen –que es la narradora– recuerda muchos años después su amor con Rugendas e intenta imaginarse cómo la veía él. Ese desdoblamiento es también un esfuerzo amoroso por revivir a su amante muerto. Una hermosa prueba de la supervivencia del amor más allá de la muerte. 
 
¿Cómo se construye una novela en 20 años?
 
Con paciencia, con tenacidad, con cierto grado de obsesión. Me demoré dos décadas en ella porque también me fue necesario aprender muchas cosas que no sabía de mi mismo. En algún momento, también entendí que debía dejar que pasaran todos esos años por mí, si es que que quería representar con honestidad el terrible paso del tiempo en los personajes. El paso del tiempo que es la prueba más dura que debe enfrentar el amor.
 
¿Se considera más un lector que escritor? Recordando un poco a Borges.
 
Soy escritor y lector indisolublemente. Escritor cuando escribo y lector cuando tomo distancia para leer lo que he escrito.

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