José Luis Rénique: "La república se fundó sobre una nación exhausta"

El historiador peruano, radicado en Estados Unidos, estuvo en Lima para presentar dos libros que explican el Perú que fue.
 

24 Ago 2015 | 5:18 h

Hablar de historia con José Luis Rénique (Lima, 1952) es caminar por una pendiente, llegar a lo más alto y descender a lo más crudo de los hechos. Y eso también lo refleja en sus libros. Estuvo en Lima para presentar dos: "Incendiar la pradera" (La siniestra ensayos) e "Imaginar la nación" (IEP). Vive en Estados Unidos desde 1989, pero regresa una vez al año. Cuenta que Franklin Pease le alentó a escribir y que tuvo como jefe a José Matos Mar, quien falleció el pasado 7 de agosto. En esta charla entre dos generaciones, él no hace alarde que la suya sea la mejor, pero tampoco que esta sea la peor. 
 
¿Por qué siempre se tienden puentes en política y nunca se llega a nada concreto? ¿Por qué todos quieren solamente ganar y no que ganemos todos?
 
Porque, y esto es algo que se ha dicho una y mil veces, el Perú es un país muy fragmentado. Los proyectos nacionales en el Perú tuvieron que asentarse en capa tras capa; en una fragmentación que empieza desde lo geográfico, lo lingüístico, étnico, y encima una política de administración colonial que jugó con eso. Era la manera de darle alguna gobernabilidad a un conjunto que los proyectos prehispánicos habían manejado con categorías andinas, pero ahora tenían que manejar con categorías exportadoras, explotación minera, etc. Entonces, el juego de fragmenta lo máximo posible, de establecer redes jerárquicas, que funcionan -como decía Cotler- cimentadas en los triángulos sin base, a lo largo del territorio peruano, hace que el legado que recibimos nosotros sea de increíble segmentación. Nuestra cultura está creada así. Y por eso quizás hemos producido estos grandes personajes que han tenido que inventar para entendernos como un conjunto. 
 
El divide et impera.
 
Claro. Eso es solo una parte. Digamos, tú lo puedes reconocer en (Francisco de) Toledo y la política colonizadora. Es el sustrato mismo. ¿Cuáles son los momentos de unidad administrativa en Los Andes? Son gobiernos despóticos. Piensa en los trabajos de María Rostworowski, del mismo Franklin Pease, de la estructura incaica. Es el reconocimiento de lo local, cooptación de las estructuras locales en un esquema mayor, donde la ideología de gobierno era una reproducción ampliada de la ideología local...
 
...Del centro.
 
Exacto. Cuando tú tienes una política administrativa de unificación del espacio que después será el Perú, cuyo eje es el tributo, entonces introduces un elemento de perversión que hace que todas estas divisiones se conviertan en un puñal. Ya no en el factor de reproducción, de lo comunitario, sino en una extorsión, en un tipo de depredación humana que deja a esta nación exhausta, que sobre eso se funda la república, con ideales liberales, hasta que la guerra con Chile le pone a la ciudad letrada la complejidad del país en las narices.
 
¿Por qué la izquierda siempre representa la canasta de buenas intenciones? Porque a veces no pasa de eso. 
 
Yo hago una distinción que considero importante en este libro: la tradición radical e izquierda. Obviamente, mucha gente lee este libro como una historia de la izquierda, pero yo digo que no lo es. Lo que digo es que así como puedes hablar de tradición radical, también puedes hablar de tradición aprista. Es el sustrato "natural" donde se tiene que instalar los proyectos de izquierda. Entonces, el trabajo es cómo nos afincamos en esta tradición para ordeñarla, hacerla nuestra, reclamarnos como los portavoces de esa tradición, crear un vehículo donde entre la mayor parte de los explotados y, eventualmente, tomar el poder. Pero ¿qué sucede? Esta tradición radical tiene una especie de trampa. Se va agotando, en la medida que el país evoluciona al compás de su estructura agroexportadora, porque determina un vaciamiento de la sierra hacia la costa. En cambio, la otra tradición radical apela al verdadero Perú, al campo sano, virginal, prometedor, innovador, ahí están nuestras raíces porque Lima es lo colonial, porque Lima es lo extranjero. 
 
¿Son complejos?
 
No. Es una visión correcta en un momento. Es una fotografía de 1881. Cuando González Prada ve Lima llena de indígenas, traídos a la fuerza para pelear en San Juan de Miraflores, y ve a la república hacerse pedazos porque no funciona, él dice que el verdadero Perú está en la sierra. Entonces, empieza esta construcción de la sierra, de lo andino, del pasado prehispánico. 
 
Para entender la realidad del Perú, ¿hace falta salir de Lima? 
 
Mi vida cambió porque yo, nacido en el Rímac, opté por ir a vivir al Cusco y después a Puno. No creo que hubiera escrito algo sin esa experiencia. Algo más importante: creo que en este país hay muchísima gente que está totalmente convencida que el Perú del futuro se va a construir desde las regiones. A mí no me asombraría que estos núcleos, que hoy aparecen vinculados al folclore, se politicen, para que surga en el Perú una visión regional, ya no en términos de reclamo político, sino en lo cultural. 
 
¿Qué se puede entender en el Perú por revolución? 
 
En el siglo XX, el concepto de revolución fue lo que le dio a los proyectos políticos de izquierda el gran horizonte. Pero era un concepto importado. Las peleas de mi época eran a partir de la estrategia revolucionaria. El debate entre Haya y Mariátegui fue en torno a eso. El debate de la lucha armada, también. El paso siguiente era decir cuáles eran los actores. Al responder eso, Mariátegui dijo que era el campesinado indígena, al cual conocía por unos cuantos. Cuánto pudo conocer Mariátegui, si tuvo una vida muy corta.
 
 
¿Por qué no se apela al sentido común? Siempre estamos entre ideologías, que a veces suelen ser extremas. 
 
Creo que hay una respuesta que requiere varias aproximaciones. Una de ellas: que la naturaleza de los debates del siglo XX estaban formulados ideológicamente. Cuando tú empezabas a hacer política en el Perú, en Chile, la referencia al mundo ideológico era casi inevitable, sobre todo después de las guerras mundiales. Eso era una segunda piel de los debates políticos. Cuando Fukuyama hablaba del fin de la Historia, hablaba de eso. Al decir eso estaba dando una pista interesante: podemos empezar a discutir fuera del marco ideológico. 
 
¿Debe ser siempre derecha o izquierda? 
 
Era la manera en que se producían las discusiones políticas. El problema de fondo era que el conocimiento del país era bien limitado. Con Julio Cotler hablábamos de las haciendas. No podíamos visitarlas. Eran cotos cerrados. No podías investigar haciendas. Hablábamos del gamonalismo: lo conocíamos a través de la literatura. Pensábamos en las haciendas como grandes centros de riqueza. El grado del desconocimiento del país está directamente proporcional al uso de ideología.  
 
En ese sentido, ¿cuál era el plan de Ollanta Humala?
 
En Humala yo veo una gran desdicha. Apareció como una alternativa de balance al "Perro del Hortelano", a los discursos de globalización a lo bestia, cuando justamente comenzaban a aparecer estas dudas.
 
¿Qué es lo que se logra entender con las elecciones?
 
Las elecciones en el Perú son un hecho nuevo, desde el punto de vista histórico. Es en el ochenta el inicio de una democracia amplia, con una participación masiva. Encima de eso vino Sendero y el fujimorismo. Entonces, el aprendizaje ha tenido unas cortapisas, unas limitaciones terribles. Mientras nos pasábamos leyes tipo Suiza, la legislación sobre los actores y las reglas de juego, con relación a fortalecer los partidos políticos, eran cada vez más laxas.
 
¿Y por qué votamos tan mal?
 
Por eso. Entramos a la democracia en plena crisis republicana, y su armazón va por el lado tecnocrático, por el lado de la prosperidad, la salud de la política, que está reflejada en el estado del Congreso. Ahora, el votante peruano ha aprendido a desarrollar una racionalidad electoral en ese contexto. 
 
¿Cómo vamos a construir una nación? 
 
La construcción de nación es el gran desafío teórico, político, del siglo XX. Y también lo va a ser en este siglo.
 
Porque solamente la imaginamos.
 
Exactamente.
 
 
 
 
 
 
 

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