The Post

11 Feb 2018 | 6:00 h

Puntuación: ★★★★

Steven Spielberg (Cincinnati, 1946) es el cineasta norteamericano más conocido. Su precocidad alimenta su leyenda, pues entre los 15 y los 22 años dirigió no menos de seis cortos y un mediometraje con sus compañeros de estudios. Tenía 26 años cuando un largo que había hecho para TV, Reto a muerte (Duel, 1972) mostró tal invención que pasó a la gran pantalla.

Desde entonces ha dirigido algo más de una treintena y producido más de un centenar, entre películas y series. Mencionemos Tiburón, ET, la trilogía con Indiana Jones (a la que agregó un capítulo y planea añadir otro), La lista de Schindler, Rescatando al soldado Ryan, etc.

El debate que dividió a la crítica, que detectó en Spielberg un “complejo de Peter Pan” debido al acabado impecable de sus películas y a una incapacidad de acceder a un estatus plenamente adulto, fue resuelto por el propio cineasta, que ha entregado valiosas obras de madurez como Inteligencia artificial (2001), Minority report (2002) o La terminal (2004) y, luego de cinco años dedicado a la producción, grandes logros como Lincoln (2012) y Puente de espías (2015).

También, en perspectiva, es ahora posible distinguir una vertiente en el cine de Spielberg dedicada a la audiencia infantil a la que pertenecen ET (1982), Hook (1993), Jurasic Park (1993 y 1997), Las aventuras de Tintin (2001) y Mi buen amigo gigante (2016) netamente diferenciada de otra en la que asume un rol de cronista de la historia política de su país, que muestra en Lincoln (2012), Puente de espías (2015) y, ciertamente, The Post.

LA HISTORIA

Vietnam. El analista militar Daniel Ellsberg (Matthew Rhys) estudia sobre el terreno la participación de EEUU en el conflicto de Indochina y concluye en un informe que la guerra está perdida, pero el secretario de Defensa, Robert MacNamara (Bruce Greenwood), sigue afirmando lo contrario. Ellsberg decide pasar a la acción: fotocopia 7.000 páginas de informes ultrasecretos desde 1945 que comprueban que seis gobiernos han mentido a la ciudadanía y decide, con un eficaz grupo de apoyo, filtrarlos al periodismo.

Estos materiales, conocidos como “Los papeles del Pentágono”, fueron entregados al diario The New York Times, el más influyente del país, pero su publicación fue interrumpida por una decisión judicial. The Washington Post, hasta entonces un periódico de influencia local, consigue los informes y su directora y propietaria Katherine Graham (Meryl Streep) y su editor general Ben Bradley (Tom Hanks) deben decidir si los publican o no. Tanto el comité de administración como los abogados de la empresa se oponen.

PUESTA EN ESCENA

The Post es un filme inmerso en una tradición liberal del Hollywood clásico que presenta a la prensa como uno de los pilares del sistema democrático y que ha inspirado a grandes cineastas como Capra, Hawks, Wilder, Fuller, Richard Brooks o Alain Pakula. Spielberg es completamente fiel a los códigos de lo que se considera el film político-periodístico y que por lo general enfrenta a un diario con diversas formas de poder.

En este caso la pugna se produce, en plena era Nixon, por la publicación de los informes sustraídos por Daniel Ellsberg, considerado el primer whistle blower de la historia moderna de EEUU (un precursor de Chelsea Manning o Edward Snowden), previo al escándalo Watergate. Aunque hay una veintena de personajes secundarios admirablemente retratados y decenas de comparsas, los protagonistas son Kay Graham (Meryl Streep, en su primer trabajo con Spielberg) y Ben Bradlee (Tom Hanks, en su quinta colaboración).

El filme político-periodístico siempre tiene algo de thriller cuya resolución se da en la última secuencia, con las rotativas imprimiendo velozmente la peleada primicia que consagra la libertad de expresión. En el caso de Spielberg, sin duda el más fiel (con Clint Eastwood) al estilo clásico de los grandes cineastas norteamericanos, el thriller es llevado a ritmo seguro debido a la existencia de varias subtramas en torno a la principal, las que generan un juego de posiciones muy efectivo.

La primera de ellas, la emisión de varios millones de acciones y la entrada en bolsa del Post, que podría verse alterada por un fallo judicial condenando a su directora. La segunda, la que plantea de modo ineluctable una ruptura entre Kay Graham y sus amistades del establishment, ese cogollo cercano al poder que ha frecuentado (Robert MacNamara entre ellos) y que quedará como mentiroso a partir de la publicación de los informes en el Post, aumentando las protestas contra la guerra.

La tercera, y no la menor, es la que presenta a Kay Graham como una recién llegada al mundo del periodismo (ha heredado el cargo de su padre y de su esposo suicida), una mujer en un mundo de hombres que se sabe cuestionada y no puede permitirse el menor error.

La actuación de Meryl Streep como Kay Graham es magistral. Todos sabemos (menos Trump) que se trata de una gran actriz, pero a menudo trabaja con directores que no saben exigirla. Spielberg la envuelve en trajes amplios con los que parece deslizarse y hace de ella una presencia inteligente, dubitativa en los momentos previos a decidir pero segura una vez que ha optado. La riqueza de sus matices de voz y manejo corporal son admirables, como en el plano que la presenta de espaldas al movimiento de la rotativa.

En lo opuesto, el Bradlee de Tom Hanks tiene mucho del aplomo del héroe norteamericano clásico (en la línea que encarnaron Gary Cooper, Henry Fonda o James Stewart), con sus camisas a cuadros, sus pausas para fumar y su modo de convencer a sus colaboradores de que las decisiones correctas serán tomadas a tiempo y que mientras tanto nada puede detener la edición en marcha, la misma que invadirá su vida privada y convertirá su casa en redacción sustituta.

Ayudado por sus colaboradores de siempre, en especial el gran fotógrafo Janusz Kaminski (véanse los blancos y las superficies netas y brillantes de la legendaria sala de redacción del Post, recorrida por travellings nerviosos; los claroscuros de los encuentros Graham-Bradlee; los negros de la Sala Oval de la Casa Blanca tomada a distancia, con Nixon reducido a una silueta ominosa que habla), Spielberg logra que un clima de suspenso notablemente modulado domine una puesta en escena que sabe de nudos dramáticos, relanzamientos a ritmo acelerado y que se sigue con enorme placer.

The Post recuerda un hito del periodismo editorial y de investigación, del que el propio realizador se encarga de decirnos que las lecciones que dejó (así como las del caso Watergate, evocado en los planos finales) no se limitan al pasado, en clara alusión al clima de posverdad y fake news propiciado por la Casa Blanca. No sería extraño que en el futuro tengamos una película sobre la trama rusa y el intento de debilitar las instituciones actualmente en curso. Mientras tanto resulta adecuado afirmar que Spielberg, en plena posesión de su arte, ha vuelto a entregar una película indispensable.

La ficha

Dirección. Steven Spielberg

Guion. Liz Hannah, Josh Singer

Fotografía. Janusz Kaminski

Música. John Williams

Reparto. Meryl Streep, Tom Hanks, Tracy Letts, Bruce Greenwood, Matthew Rhys, Bob Odenkirk

Premios. Mejor película (NYT, AFI), Mejor actriz (nominada al Oscar)

Producción. EEUU, 2017

Duración. 116 minutos

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