“Yo solo soplé y me salió una nota limpia”

Elmer Churampi. Reconocido como uno de los grandes trompetistas del mundo, inició su carrera a los 4 años. Ha ganado numerosos concursos en el Perú y los Estados Unidos y se presenta como solista, entre otras, con la Boston Philharmonic Youth Orchestra.

11 Feb 2018 | 6:00 h

Su padre hacía la siesta. Como músico de la orquesta de salsa Camagüey, tras una larga noche de ritmo y sonido, tenía derecho al reposo. Pero de pronto, una fina nota de trompeta, como una luz directa a los ojos, lo despertó. Él era trompetista en el grupo y le llamó la atención que alguien, en su casa, también toque ese instrumento. Arrojó el sueño como quien se sacude una gruesa frazada y corrió hacia donde venía el sonido. Allí, para su asombro, descubrió al pequeño Elmer, su hijo de cuatro años, de pie, con una trompeta entre manos.

Allí se inició la gran carrera de artista de Elmer Churampi, considerado por el famoso director de orquesta Boston Philharmonic Youth Orchestra, el inglés Benjamin Zander, como el mejor trompetista del mundo. Desde esa tarde, para Elmer Churampi su vida no ha sido otra cosa que ascender por una escala musical, que empezó en su modesta casa de Los Olivos, pasando por el Conservatorio de Música de Lima y la Sinfónica Nacional, hasta ganarse un lugar en la misma filarmónica que dirige el maestro Zander.

“Yo solo soplé y me salió una nota limpia”, refiere el músico.

La música en la casa de los Churampi no era extraña. Su padre tocaba salsa, cumbia y cuanto música se podía. Pero la música también le venía desde lejos, porque su abuelo, también llamado Elmer como su padre y como él, también es trompetista.

“Vivimos en una humilde casa, hasta ahora, con mucha música y amor”, comenta.

Cuando su padre lo descubre con la trompeta, no tiene otra reacción de correr al mercado a comprar una pizarra y plumones para enseñarle lo básico sobre lectura de música.

“Todo comenzó como juego, pero las cosas iban tan serias que a mi papá no le quedó otra que buscarme un profesor de música. Yo tenía siete años, así que me presentó al maestro peruano Felipe Ubilluz, quien me enseñó mucho de lo que sé”, cuenta Churampi.

El niño Elmer nadaba a grandes brazadas en clases y ensayos. Y los resultados fueron concretos. Durante tres años consecutivos, cuando tenía 7, 8 y 9 años de edad, ganó el primer puesto del concurso como solista de la Orquesta Sinfónica nacional del Perú.

“A los nueve años ingresé al Conservatorio Nacional de Música, en el primer puesto. Me dediqué a la música, a veces olvidaba el colegio y hacía entender a mis profes que eso era lo mío. Por eso, salía a tocar en todas las actuaciones del colegio… y creo que me entendieron porque casi nunca me revisaban las tareas, ja ja ja”, recuerda el artista.

Cuando cumplió los once años, fue invitado a formar parte de la Orquesta del Conservatorio del Perú como segunda trompeta. Asimismo, a los 13 años, en el 2010, obtuvo una beca completa para estudiar la secundaria en la famosa escuela de Interlochen Arts Academy, en Michigan, Estados Unidos.

Pero la beca no incluía los pasajes, así que Elmer buscó las formas de agenciárselos. Buscó al futbolista Nolberto “Ñol” Solano, quien, como se recuerda, es un gran aficionado a la trompeta. Cuenta que acudió a ver el partido de Perú y Bolivia, donde no dejó de tocar su instrumento y el deportista pudo escucharlo. Por eso mismo, aceptó entrevistarse con el niño músico.

“Ñol” se quedó encantado y, sin más, le dio el pasaje, pero no solo eso, le ofreció regalarle una trompeta suya, profesional, comprada en Londres, ya que Elmer, aducía, le daría mejor uso.

“Solo el día cuando seas famoso, no te olvides de enviar las entraditas”, le dijo.

Y no se olvidó. Elmer Churampi, además de joven –ahora tiene 21 años– es un noble, rema en la vida para su familia y que ahora, con el nombre y renombre alcanzados, es el mismo, solidario con sus padres y hermanos.

“Durante los años en el conservatorio, trabajaba tocando en misas y matrimonios siempre ayudando a mi familia y me fui con esa mente de sacar adelante a mi familia”, cuenta.

Su estadía no fue fácil, sobre todo por estar lejos de la familia. Sin embargo, ganó amigos y no faltó quienes lo apoyaron. Durante esos años en Michigan ganó concursos y se enfrentó al desafío de estudiar en la universidad. Ingresó nada menos que a New England Conservatory en Boston. Allí también ganó concursos más importantes y logró que por sus presentaciones y conciertos sea reconocido como un gran virtuoso de la trompeta.

“Me he ganado un nombre aquí, en el mundo de la música clásica, y lo hice con mucho esfuerzo y humildad. Siempre lo del dinero era un problema, pero yo solo pensaba en tocar la trompeta cada vez mejor para así ganar concursos. También hacer cachuelos, como tocar en la Sinfonía de Boston, al lado de mis profesores, que para mí es un sueño, como ser parte del equipo del Real Madrid”, cuenta Churampi.

El año pasado, Elmer Churampi volvió al Perú. Vino como solista al Gran Teatro Nacional con la Boston Philharmonic Youth Orchestra. Interpretó Concierto para trompeta, del armenio Alexander Arutunian, bajo la dirección de su actual maestro, Benjamin Zander, quien no ha tenido ningún remilgo en decir en un medio televisivo: “Él es un genio. Es el trompetista más joven que se haya cruzado en mi vida. Va a ser muy famoso en los Estados Unidos”.

Elmer Churampi, un maestro de alta nota.

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