EL HAY FESTIVAL DE CARTAGENA

11 Feb 2018 | 6:00 h

El Hay Festival es el evento literario más importante en América Latina y cada vez que hay una edición en alguna de sus sedes, esta se convierte en un centro de peregrinación. En la edición colombiana reciente, vimos salas abarrotadas de dos mil o tres mil personas, que venían de muchas ciudades del continente. Todos querían escuchar a algún escritor o escritora hablar de sus lecturas y de sus experiencias.

Después de algunos años en países como México, Colombia y Perú, gracias a sus directores Peter Florence y Cristina Fuertes, y un equipo magnífico, los escritores y lectores de todas partes se encuentran para hablar de novelas, poemas, temas de ciencias sociales, de historia, y otros. No en balde Bill Clinton lo llamó alguna vez el “Woodstock del pensamiento”. Las brillantes fotos de Daniel Mordzinski han recuperado para siempre los recuerdos de cada encuentro.

En la última edición en Cartagena de Indias, Sergio Ramírez hace una presentación magnífica en el Teatro Adolfo Mejía, para hablar de su última novela Ya nadie llora por mí, donde reaparece su detective Dolores Morales. En el mismo teatro, la cubana Haydée Milanés canta muchas de las canciones de su padre Pablo: “Yolanda”, “Para vivir”, “De qué callada manera”. El gran J.M. Coetzee, con una voz firme y delgada, adecuada a su prosa, lee su relato “La Perra”. Ana Belén y Víctor Manuel recuerdan que fue Julio Iglesias quien los defendió en tiempos de la dictadura española. Y en otro escenario, Pilar Quintana comenta la novela con la que acaba de ganar el premio de narrativa colombiana, un relato sobre una mujer solitaria en las costas del Pacífico, escrito con una economía y una potencia notables.

La ciudad de Cartagena, que integra la severidad de la arquitectura colonial española con la suntuosidad voluptuosa de la vegetación y las aves del Caribe, es un marco natural para este despliegue de la cultura en su diversidad. Este antiguo puerto que soportó tantos ataques de la flota inglesa ahora recibe a sus escritores.

En una mesa dedicada a Shakespeare y a Cervantes, Salman Rushdie señala la posición de ambos escritores respecto a la guerra. Shakespeare nunca estuvo en una batalla pero en sus obras de teatro la guerra aparece dignificada, como ocurre en el famoso discurso en el cuarto acto de Enrique V. Cervantes, en cambio fue a la guerra, perdió parte de la mano en Lepanto, sufrió secuestro turco en Argel largos años. Y, a diferencia de Shakespeare, escribió una novela que ironiza al guerrero y a la lucha misma. En otra conversación sobre su obra y su vida, el novelista Juan Gabriel Vásquez recuerda el momento en el que el ayatola Jomeini, después de la publicación de Los versos satánicos, condenó a muerte a Rushdie. Sí, contestó el escritor. Pero el que murió fue él. El auditorio respondió con un largo aplauso.

Todos los eventos estuvieron llenos de público y en muchos se formaban colas para la entrada. Cuando uno sale de festivales como este, siente que todavía hay un grupo de personas que cree que la lectura y el pensamiento tienen un lugar en sus vidas. No es una sensación frecuente. Gracias otra vez al Hay Festival que ya prepara su edición arequipeña.

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