El Real Felipe, la fortaleza rescatada

historia. Después de la proclamación de la independencia, el ejército realista tomó como bastión de resistencia virreinal el castillo del Callao. Sin embargo, salieron rendidos por falta de apoyo militar y de alimentos.

9 Feb 2018 | 6:00 h

Los soldados del ejército realista que se acantonaron en la fortaleza del Real Felipe, en el Callao, para reconquistar Lima después de la proclamación de la independencia, estaban desesperados. No solo porque el virrey La Serna no enviaba el contingente militar de apoyo prometido, sino porque allí, en la fortaleza, casi ya no había alimentos. Sin embargo, no cundió el pánico. Recibieron la noticia de que, efectivamente, los hombres de La Serna habían llegado a Lima y se dirigían al Callao.

Pero no. Los soldados españoles ingresaron en menor número que lo anunciado por el virrey, sin mayores armas para la resistencia ante los patriotas. Además, llegaron cansados, desmoralizados y con sed. Y para colmo, sin alimentos.

EL PRINCIPIO DEL FIN

Tras el retiro de La Serna de Lima y la posterior ocupación de esta por los patriotas a comienzos de julio de 1821, el vecino castillo del Callao se convertiría en el principal objetivo militar del general José de San Martín. Para lograr su captura, el Libertador ordenó el sitio de la fortaleza.

Posteriormente, sucedería la incursión de Canterac y sus hombres a la capital ordenada por el virrey La Serna, entre fines de agosto y la primera quincena de setiembre del mismo año, la que fue monitoreada por las fuerzas patriotas, pero sin trabar combate con estas por orden expresa del general San Martín.

Cuando las fuerzas de Canterac tomaron la Fortaleza Real Felipe, en donde se refugiaban muchos prorrealistas, San Martín mirando a su general Juan Gregorio de Las Heras exclamaría: “¡Están perdidos! ¡El Callao es nuestro! No tienen víveres para 15 días. Los auxiliares de la sierra se lo van a comer. Dentro de 8 días tendrán que rendirse o ensartarse en nuestras bayonetas”, como lo recuerda el capitán Enrique Mosquera en Ensayo crítico sobre la Campaña libertadora al Perú (1947). El Libertador tenía toda la razón.

Los realistas encerrados ya venían padeciendo la escasez de alimentos, resultándoles difícil reabastecerse por el elevado costo con que comerciaban algunas embarcaciones inglesas en la bahía chalaca y porque creían que pronto retornaría La Serna a socorrerlos.

En una oportunidad, las tropas patriotas rodearon la fortaleza con la intención de incursionar en el recinto, operación que estuvo al mando del general Las Heras, aproximándose al objetivo a través del vecino pueblo de Bellavista.

Así, el 14 de agosto de 1821 intentaron por sorpresa ingresar al Real Felipe, aprovechando los momentos en que la puerta principal estuviese abierta y el pequeño puente se encontrase tendido sobre el foso que la rodeaba. A pesar del rápido desplazamiento militar, la incursión no tuvo éxito ante el desesperado cierre del acceso que lograron los realistas que permanecían al interior. No obstante, se trabó un breve pero intenso combate en los alrededores de la fortificación donde caería prisionero el general Ricafort, quien a pesar de estar convaleciente de sus heridas provocadas por montoneros en la sierra no dudaría en defender la fortaleza de los sitiadores comandados por Las Heras, como describe Virgilio Roel en Los Libertadores (1971).

Tras ingresar la madrugada del 11 de setiembre y permanecer dentro del Real Felipe por casi una semana para luego retornar a Jauja, Canterac y sus hombres terminaron acelerando el fin de las provisiones de alimentos de quienes se quedaron dentro del castillo. San Martín aprovechando esta situación y a manera de ganarse la confianza del aún realista La Mar, le ofreció a este último una rendición honrosa.

Ante la propuesta, que resultaba tentadora y beneficiosa teniéndose en cuenta las penurias que enfrentaban por estar encerrados, La Mar solicitó antes de dar su respuesta final que le permitieran salir del castillo y dar alcance a las fuerzas dirigidas por Canterac que volvían a la sierra, a fin de analizar el estado en que estas se encontraban.

José de La Mar se encontraba por el valle de Carabayllo, cuando de pronto comenzó a encontrarse y entrevistarse con los soldados desertores de Canterac, conociendo a través de ellos que aquella fuerza realista se encontraba en un estado deplorable. Tras retornar al Real Felipe y convocar a una Junta de Guerra, La Mar llegó a la conclusión de que la única alternativa era rendirse ante los patriotas, como explica Roel en su Historia General del Perú. La Independencia (1988).

Como señala Rubén Vargas Ugarte en su Historia General del Perú: Emancipación (1981), tras la salida de Canterac de la fortaleza, San Martín intimó rendición a los sitiados, por lo que La Mar encargaría al brigadier Manuel Arredondo y al capitán de navío José Ignacio Colmenares para que se entrevistaran con el coronel patriota Tomás Guido respecto a los términos de la capitulación. Esta se realizó el 19 de setiembre de 1821, la misma que resultó bastante ventajosa para los realistas encerrados por su propia voluntad.

Es así que los militares virreinales salieron del recinto vistiendo sus uniformes de gala mientras recibían los honores militares correspondientes. Aquellos realistas que querían embarcarse con dirección a Arequipa para reunirse con el ejército del virrey podían hacerlo sin ningún impedimento, mientras que los que deseaban volver a la península también podían hacerlo y cuyo gasto correría por cuenta del Perú.

No faltaron los casos de realistas que se pasaron a las fuerzas patriotas, manteniendo sus grados militares. Los independentistas, como señala el historiador Agustín Pérez en José de San Martín. El libertador cabalga (1997), se apoderaron del cuantioso armamento que se almacenaba en el Real Felipe.

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