“TODO SE DESHACE”

14 Ene 2018 | 6:00 h

En alguna otra época de la historia, los seres humanos pensaban que podían predecir o proyectar algún rumbo en la vida de nuestras sociedades. Hoy en día en cambio, cualquier proyección parece sostenerse en la duda. Mientras en la política peruana, las divisiones crecen y se radicalizan después del escandaloso indulto, en el mundo cada vez hay más disidencias y divisiones. Todos quieren separarse del resto. Los ingleses inventan el Brexit para decir que no son europeos. Los catalanes anuncian la independencia para afirmar que no son españoles. Donald Trump lidera un movimiento para afirmar que Estados Unidos no tiene nada que ver con el resto del mundo. Su reciente comentario sobre Haití y El Salvador como “países de mierda”, lo vuelve a pintar como un caudillo cerrado. El mundo hoy está lleno de caudillos y no de líderes.

La literatura siempre encontró los medios para expresar los movimientos sociales. El instituto Fativa ha encontrado que el poema más citado en el mundo los últimos dos años es La Segunda Venida, una joya que William Butler Yeats escribió hace casi un siglo, en 1919. Frases del poema aparecen en canciones, títulos de novelas, ensayos y otras obras. Las estadísticas muestran que solo en 2016 el poema de Yeats se citó más veces que en los treinta años precedentes. Yeats escribió el texto justo después de la Gran Guerra y poco antes del inicio de la Guerra Irlandesa de Independencia. Una de las líneas más citadas es “Todo se deshace. El centro no puede sostenerse”. El poema describe un universo totalmente inestable en el que todo parece ir “girando y girando en el creciente círculo” y en el cual “el Halcón no puede oír al halconero”. La única ley en este universo es la anarquía en el mundo. En todas partes “la ceremonia de la inocencia es ahogada”.

En medio de la falta de firmeza del mundo en el que vive, Yeats afirma que “los mejores carecen de toda convicción, mientras los peores están llenos de apasionada intensidad”. Sin embargo, se pregunta si alguna revelación no está cerca e imagina un monstruo en el desierto, una “forma con cuerpo de león y cabeza de hombre, una mirada vacía y despiadada como el sol”, que “mueve sus pausados muslos mientras por doquier circundan las sombras de las indignadas aves del desierto”. El final del poema, que no mencionaré, es uno de los más notables y terroríficos que he leído.

Este universo sin centro que describe Yeats responde a unas sociedades sin valores, sin líderes, sin proyectos colectivos, un mundo en el que solo la división y la violencia pueden regir. No en balde es tan popular. Si uno se pone a repasar a los líderes del mundo de hoy, encontrará que salvo quizá las iniciativas de Macron y de Angela Merkel, no hay un solo líder que haya concitado alguna esperanza universal.

La idea del mundo “como un dado roído y ya redondo a fuerza de rodar a la aventura” que aventuró César Vallejo poco antes de Yeats coincide con la visión del poeta irlandés. La poesía siempre tuvo sus pies en la tierra y entendió la marcha del mundo mucho antes que las ciencias sociales, el periodismo y la politología. Pero son escasos los políticos que leen poemas y por eso vamos como vamos.

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