El castillo de cristal

12 Nov 2017 | 6:00 h

Puntuación: ★★★★★

Destin Daniel Cretton (Maui, Hawai, 1978) dejó su archipiélago natal a los 19 años para seguir estudios universitarios en San Diego (California), acabados los cuales ingresó a la escuela de cine de la U. del Estado. En paralelo realizó cinco cortometrajes entre el 2002 y el 2008, el último de los cuales Short Term 12, su trabajo de graduación, fue presentado con gran acogida en el festival de Sundance.

Cretton recibió la beca Nicholl para desarrollar Short Term 12 como largometraje, pero los problemas de financiamiento que enfrentó lo obligaron a postergar el rodaje. De este modo su ópera prima fue la comedia indie I’m not a hipster (2012) que obtuvo el premio del público en Sundance.

Este éxito le permitió financiar Short Term 12 (2013) como segundo largo, para el cual conformó un equipo técnico y artístico que ha mantenido hasta hoy, con la actriz Brie Larson en un rol protagónico, el propio Cretton como guionista o coguionista, Brett Pawlak en la dirección de fotografía, Nat Sanders en la edición y su hermana Joy Cretton en el diseño de vestuario.

Short Term 12 presenta los problemas de una educadora (encarnada por Brie Larson) que trabaja como supervisora en un hogar para jóvenes en riesgo. La película ganó los premios del jurado y del público en el festival de Austin y fue estrenada con apoyo de la crítica, abriendo a Cretton la posibilidad de debutar en la industria con El castillo de cristal (2017).

The glass castle es una adaptación del best-seller autobiográfico de igual título escrito por la periodista Jeannette Walls y traducido a una veintena de lenguas, cuyo guion ha sido reformulado por Cretton con Andrew Lanham de modo a garantizar su fidelidad al original. Luego de esto, el cineasta trabaja en paralelo en Minors (serie de TV) y en Just mercy, su siguiente largo.

LA HISTORIA

Jeannette Walls (Brie Larson) llega a la mayoría de edad en el seno de un familia disfuncional integrada por el padre Rex (Woody Harrelson) declarado “antisistema” y con un grave problema de alcoholismo, la madre Rose Mary (Naomi Watts), pintora aficionada que vive centrada en sí misma y tres hijos además de Jeannette: Lori (Sarah Snook), Brian (Josh Cans) y Maureen (Brigitte Ludy-Pime).

Los Walls viven una existencia de miseria y nomadismo debido a los constantes traslados motivados por las deudas de sus padres, que se niegan a ofrecerles una escolaridad regular que reemplazan por lecturas y fábulas. Cuando la situación parece llegar al límite, Rex decide instalarse en West Virginia, en una propiedad vecina a la de su madre Emma (Robin Bartle) que ofrece convertir en un “castillo de cristal” diseñado por él.

PUESTA EN ESCENA

Cuando la historia comienza Jeannette, que ha logrado convertirse en exitosa columnista en Nueva York, se encuentra a punto de casarse con David (Max Greenfield), un agente de inversiones. Ha invitado a sus hermanos, pero no a sus padres, a quienes ve de pronto recolectando desperdicios en las calles.

La narración tomará desde ese momento una estructura en dos tiempos, alternando entre presente y pasado. El primero transcurre en Nueva York en los años 80 y el segundo cubre el nomadismo de los Walls a lo largo de los 60-70 hasta su instalación en West Virginia, en un pueblito vecino a los Montes Apalaches, con crudos inviernos pasados en un hogar en ruinas y problemas cada vez mayores con el padre, cuya ebriedad lo convierte en tirano doméstico.

Mientras que Rex y Rose Mary tienen como intérpretes constantes a Harrelson y Watts, las hermanas y hermano son encarnados por actores infantiles, adolescentes y jóvenes. Y no es extraño que entre los infantiles encontremos a Shree Crooks y Charlie Shotwell, quienes hicieron roles similares en Capitán fantástico (Matt Ross, 2016), cinta que es forzoso citar como precedente y que elegimos entre las mejores del año pasado.

En efecto, las tramas se sitúan en un territorio similar, pero puede decirse que –derivando ambas de la herencia hippie y contracultural– son dos caras distintas de la misma moneda. Así, mientras que Viggo Mortensen –el capitán fantástico de la película de Ross– y su esposa toman en sus manos la escolaridad y formación de sus hijos (algunos de los cuales pueden ingresar directamente a la universidad) en una elección razonada y responsable nada de esto ocurre con los Walls, entre los cuales únicamente Jeannette logra romper –y esto casi tiene de milagro– el yugo paterno.

Es que Capitán Fantástico reivindica la cara positiva de la utopía hippie, en tanto que El castillo de cristal la expone a partir de sus debilidades y carencias. Es verdad que Rex logra agudizar la imaginación de sus hijos pequeños con momentos tan logrados como aquel del “reparto de estrellas” y los fascina con sus historias y planes, pero conforme el tiempo pasa y las promesas se incumplen (el castillo de cristal queda como metáfora de la fragilidad del proyecto) es su imagen como padre la que se cuestiona.

De ahí que no sea extraño que Jeannette se plantee su fuga al llegar a la mayoría de edad como una liberación, aunque para ello deba chocar frontalmente con el padre, un Woody Harrelson en un rol inspirado cuyas aristas antipáticas e inaceptables no oculta. Buena parte de los momentos en presente están por ello ocupados por el ajuste de cuentas entre la hija (una estupenda Brie Larson) y un padre a quien trata de entender para poder comenzar a perdonar.

Esta última parte da lugar a los momentos más débiles de la película, pues los diálogos se vuelven demasiado verbosos y explicativos y la alternancia de tiempos mecánica y reiterativa. La aparición de los “verdaderos” Walls en los créditos de cola acompañando a sus dobles en la ficción queda como un golpe de efecto que no enriquece lo que ya sabemos de los personajes.

Pese a ello estamos ante un filme que tiene sus fortalezas en las actuaciones de Harrelson, Brie Larson y de una promisora actriz llamada Ella Anderson (que encarna a Jeannette adolescente) y en las emociones y dilemas morales que plantea entre sus personajes jóvenes, a los que la llegada a un mundo ferozmente competitivo significa una pérdida de inocencia ante un padre que les pide no ceder al miedo, los prejuicios o el conformismo, pero que a la vez los desarma, condenándolos a la ruptura familiar o a la marginalidad.

Este es el lado crítico y más valioso de una película que se impone a sus defectos y que descubre a un cineasta, Destin Daniel Cretton, a quien hay que seguir.

La ficha

Dirección. Destin Daniel Cretton

Guion. Andrew Lanham, D.D. C.

Fotografía. Brett Pawlak

Música. Joel P. West

Reparto. Woody Harrelson, Brie Larson, Naomi Watts, Max Greenfield, Ella Anderson, Sarah Snook

Producción. EEUU, 2017

Duración. 127 minutos

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