Los hombres sienten una angustiante pérdida de poder que los hace violentos

Trayectoria. Injustamente Luisa Valenzuela fue una de las discriminadas del boom latinoamericano. Pese a la calidad de su obra, la argentina no tuvo la acogida que merecía fuera de su país.

10 Nov 2017 | 8:58 h

Su producción es densa, 30 libros entre cuentos novelas y ensayos. Antes de sus presentaciones en el Hay Festival, un anticipo de su vida, ideas, y predilecciones literarias.

Escritores como Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato se paseaban por su casa cuando fue niña. ¿Qué recuerdos tiene de esas visitas?

Se trataba de tertulias literarias, plagadas de debates, imaginación, en las que abundaban los intelectuales españoles llegados en tiempos de la guerra civil española. Gentes con mucho humor y carisma, que me resultaban tan fascinantes en mi lejana juventud cuando lo que menos quería es ser escritora. Pero los admiraba, y fui una lectora voraz, y una adolescente irreverente. 

Escribiste sobre la revolución en Cuidado con el tigre. Ahora se habla del terrorismo. ¿Cómo ves este ola de ataques que causan muertes?

 El terrorismo es algo muy distinto, es fundamentalismo llevado al colmo, y como su nombre indica es de absoluto terror. Atroz. Tan distintas deben ser esas novelas que lo abordan, que ni puedo pensarlas.

 ¿El mundo tiene remedio? ¿Hacia dónde vamos?

No solo soy optimista, también soy argentina y a lo largo de mi vida mi país ha emergido de más de un pozo aparentemente  irremontable. Pero la situación ahora, mundial por cierto, no deja filtrar demasiada luz. Por eso mismo para el Hay Festival de Arequipa propuse una idea que me supera de lejos: la de reformar el dinero. Porque creo que en esa entelequia, en la codicia desmedida que despierta a nivel multinacional, está la raíz de todos los males. 

En su novela Hay que sonreír habla sobre la prostitución y lamentablemente uno de los más usados insultos a la mujer es puta. ¿Cómo ve el machismo en los países latinoamericanos?

 El machismo sigue vigente con otra cara nada más. Me temo que llevé a mi pobre primera protagonista, Clara, a ser prostituta de manera casi natural, y hasta cándida. Pero de ahí a los insultos, esa bajeza inadmisible… La Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina tienen mucho que decir al respecto. Sor Juana Inés también. Y todas nosotras. En una época, las feministas militantes contestaban a los hombres que les decían puta: ¡Hijos de yuta! Siendo yuta un término lunfardo que significa policía.

¿Qué opina de la violencia contra las mujeres?

He sido feminista avant la lettre (antes), no por la edad del feminismo que ya lleva más de un siglo sino por mi edad. Creo que nací así. Nunca entendí la discriminación y si bien no pienso que somos iguales a los hombres, no dudo que somos equivalentes. En cuanto a la violencia, agradezco que se haya concientizado el término feminicidio y  ya no se hable más de “crímenes pasionales”. Temo que al estársele cayendo a pedazos la noción de su superioridad genérica, alimentada por ellos durante siglos, los hombres sienten una angustiante pérdida de poder que los lleve a la violencia. Se impone no una justificación, en absoluto, sino un serio llamado a reflexión.

¿Siguen siendo las escritoras discriminadas en la literatura?

La cosa se ha vuelto muy sutil. Hay muchas escritoras hoy muy reconocidas, pasó el periodo de aplauso a una literatura de mujeres que respetaba los cánones del patriarcado, pero me temo que todavía hay una lectura muchas veces light, para decirlo de alguna manera, y poco espacio en los cánones.

¿Cuál es la novela que más le gustó? ¿por qué?

Podría decir: Aquella que aún no ha sido concebida, podría mencionar el Ulises (de James Joyce) porque todavía me está esperando, o varias novelas que realmente me deslumbraron como La pasión según GH, de Clarice Lispector, 62 modelo para armar de Julio Cortázar, Kakfa en la orilla de Haruki Murakami. Pero hoy elijo una que me hizo bien, en el sentido más literal de la palabra, me curó en forma física: Sacred Clowns, de Tony Hillerman, un simple thriller que transcurre en una reserva Navajo. He ahí el verdadero milagro que puede oficiar una obra de ficción.

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