“Chacho Martínez y Juan Ojeda eran los dioses de San Marcos”

walter tinta. Acaba de publicar Del Colca al Volga, un libro misceláneo que recoge mitos, leyendas y testimonios personales entre Arequipa, Lima y Moscú. Lo presenta el próximo sábado en el C.C. de San Marcos.

8 Nov 2017 | 6:00 h

Walter Tinta Junco nació en Cabanacondes, en el Colca, en el cañón donde anidan los cóndores. Entonces el cañón no era un destino turístico, porque no había buenas carreteras. Como muchos, emigró de su aldea y viajó a estudiar geología en San Marcos. Perseguía un sueño. Y si bien su opción fue la ciencia, el mundo de las letras no le fue ajeno. En San Marcos conoció, entre otros poetas, a Cesáreo ‘Chacho’ Martínez y Juan Ojeda. Junto a ellos vivió el remolino de la bohemia literaria y las buenas lecturas. Después de trabajar en proyectos peruanos, alzó vuelo y viajó a Rusia para hacer un posgrado en su carrera. Ahora Tinta Junco acaba de publicar Del Colca al Volga (Ed. Bracamoros), un libro que recoge mitos, leyendas y testimonios personales de todo lo vivido.

¿Por qué un geólogo se inmiscuye en el mundo literario?

En San Marcos conocí a un paisano arequipeño llamado Cesáreo ‘Chacho’ Martínez. Con él comencé a leer los clásicos y desde entonces empecé a gustar de la literatura. Con lo aprendido aquellos años quise relatar lo que para mí es relevante, como mis creencias, el proceso de mestizaje que atravesé.

¿Qué es lo que busca transmitir con este libro?

Todo este proceso en donde dos culturas se encuentran. Busco rescatar la historia de mi pueblo a través de cuentos y leyendas más que contar mi propia historia. Además, contar el mundo universitario dentro de San Marcos y mi paso por Rusia en un afán de adquirir mayor conocimiento.

Pasar de un mundo andino a uno occidental. ¿Cómo fue ese choque cultural?

Influyó de manera gravitante. Cuando ingresé a trabajar en el proyecto Olmos, conocí a 40 geólogos rusos, de quienes aprendí parte de su cultura. Después de muchos años, me animé a hacer mi maestría en este país motivado por una necesidad más que por un deseo de superación.

¿Cómo fue esa época en el Perú?

Conflictiva. Te hablo del final de Alan García y los inicios de Fujimori. Había mucha inflación y poca posibilidad de encontrar un trabajo. En los gobiernos de García y Fujimori se pateaba latas. Por eso decidí irme a Rusia.

Pero Rusia también era una sociedad convulsionada por aquel entonces…

Sí. La política rusa había cambiado de dirección. Mijaíl Gorbachov había acabado con el socialismo. Lo que antes era una sociedad pulcra y bien cuidada, comenzó con los ambulantes y los vicios propios del capitalismo.

Pero no todo era malo, la cultura era mucho más valorada que en Perú, por ejemplo.

Diariamente había más de 30 espacios culturales donde uno podía ver ballet, circo, teatro, conferencias, museos. Pese a eso, los rusos se quejaban siempre. Después, cuando hubo los cambios sociales, llegó la crisis. Una librería se convirtió en una especie de bar. Pero igual, creo que la cultura peruana tiene mucho que aprender de la rusa.

¿Los relatos andinos son inventados o provienen de una tradición?

Mi pueblo estaba muy apartado de la vida citadina. En vez de ver televisión, a los niños nos contaban historias, muchas de ella las memoricé y me sirvieron de argumento en muchos casos para tejer mis propios cuentos.

¿Cómo fue estudiar en San Marcos y conocer a Cesáreo Martínez?

En San Marcos compartí mucho con gente de letras, sobre todo con Chacho, quien, junto a un grupo de chicos, se sentían los dioses de la poesía. Hacía recitales durante la madrugada en la residencia. Nosotros le decíamos que se callen, pero nos insultaban de “jaurías incultas” y lúmpenes, palabras que en ese entonces no conocíamos.

Ese fue el inicio de su amistad…

Sí. Luego hicimos muchas empresas, como la publicación de una revista llamada “Cañón Colca”, que debió salir anualmente, pero se truncó porque ‘Chacho’ falleció.

‘Chacho’, refiriéndose a su profesión de geólogo, ha dicho que usted podía ver “el pasado y el presente en las arrugas de la tierra”

‘Chacho’ era un ingenuo. Los lugareños le dijeron que había oro enterrado en un cerro, pero no, eran solo leyendas, pero él creía. Le expliqué y muy acongojado entendió. Entonces, en su libro Crónicas sincrónicas me dedica esa frase tan hermosa. Él fue un gran amigo y ha sido el motivo y germen para escribir esta obra.

el dato

  • Presentación. El sábado 11 nov. en el C.C. de San Marcos (Parque Universitario). Palabras de Hildebrando Pérez G. y Óscar Colchado. Cantos de Margot Palomino. 6 p.m. Ingreso libre. Brindis de honor.

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