“La poesía también tiene sus gases tóxicos”

Ricardo Falla. El poeta y profesor sanmarquino ha reunido una selección de sus poemas con el título Poesía abierta. Aquí los motivos y criterios en el oficio de asediar las palabras.

30 Oct 2017 | 6:00 h

El poeta Ricardo Falla empezó a escribir en los años 70. Época de manifiestos literarios y revueltas sociales contra la dictadura militar. Entonces, además de escribir, había que gritar. La poesía era el fuego. Ahora, muchos textos de esa época, el poeta y profesor sanmaquino acaba de publicarlos con el título de Poesía abierta (editado por San Marcos), una antología con la que insiste en aferrarse a la palabra.

“La poesía es la forma más elevada de humanización. No existe otra forma más eficaz ya que el código es la palabra, existe llena de matices y te revela cosas. Sin embargo, ahora la gente lee muy poco”, sostiene Ricardo Falla.

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Querrá decir que leen más narrativa que poesía…

No todos pueden ingresar a la poesía porque es como entrar a un volcán, donde las palabras salen de un cráter, vienen de abajo y luego estallan. Salen del inconsciente, solo aparecen.

¿Entonces hacer poesía no es un trabajo?

Es ambos: genio y trabajo. La poesía es 10% de inspiración y 90% de transpiración.

Al inicio de su trabajo poético tiene un estilo más bien instantáneo.

Sí, en aquellas épocas pensaba solo en “disparar” palabras, y creí que con eso renovaba la poesía. Mentira, era un ignorante. Uno quiere descubrir la poesía, pero ya está descubierta.

Si la poesía ha sido descubierta, ¿qué rol cumplen los poetas actuales?

Es ser más cultos. La poesía es una estructura simultánea con idea, concepto, pensamiento y forma. Los jóvenes tienen que entender que la poesía no es un pasatiempo, es un trabajo y una vocación de vida.

Si te sientas a escribir poesía sin vocación….

No te sale ni una “puta” palabra. La poesía también tiene sus gases tóxicos.

¿A qué se refiere con eso?

Que dentro de la poesía hay miasmas, personas que no conocen el oficio de ser poeta. Dicen “escribo poesía”, lo leo y se me caen de las manos.

La poesía entonces es una forma de comunicación. En su caso, la generación de 70 es una etapa de ruptura. ¿Había mucho que decir?

En aquella época solo queríamos expresarnos. Estudié en Villarreal, una universidad aprista donde nuestras ideas hacían que nos consideren apestados. Como queríamos hablar alto, lo que nos quedó fue fundar grupos desde donde podíamos hacernos escuchar.

Su poesía insiste en el compromiso social, aunque ya no usa palabras tan fuertes...

Yo diría un compromiso humano. El poeta tiene una sensibilidad especial y lo que en realidad importa es el pensamiento.

Si eso importa, entonces todos los debates sobre poesía son innecesarios.

Hay seudodebates, pero la poesía es una sola. Por ejemplo, agarro un libro de Blanca Varela, veo el primero y el último verso, y no ha cambiado nada, sé lo que va a decir. En cambio, Salvatore Quasimodo en seis versos me resume lo que ella (Varela) pone en un montón de libros. Uno es premio Nobel de Literatura 1959 y la otra, una tonelada de papel.

¿Varela no es de sus poetas favoritas?

Es que no me atrapa para nada.

¿Cuáles considera son los temas de su poesía?

Creo que son todos los que le deben importar al ser humano: vida, muerte y amor.

¿Considera que los poetas jóvenes también tienen esos temas como eje central?

El mundo está en crisis desde el cataclismo geopolítico producido con el hundimiento de la Unión Soviética. Lo que hacen los jóvenes es una poesía de la crisis y no han salido de ahí.

¿Quiere decir es que la poesía, como el arte, ya no dice nada?

Una mujer que se pone un manto e intenta burlarse de la virgen María lo que está haciendo es una vulgar instalación decimonónica francesa. No hay nada nuevo, repite esquemas.

¿No hay un compromiso social en eso?

No. Eso viene por influencia de las ONG porque empezaron con el discurso feminista –por si acaso yo no tengo nada contra eso–, pero es que han metido un discurso extraliterario: “vamos a ver el ombligo en la poesía peruana”, ¿qué tiene de maravilloso? Han trivializado la crítica literaria que da para otra cosa.

Sin embargo, muy pocos jóvenes hacen poesía...

¡Mejor!

¿Si los jóvenes no hacen poesía y los poetas actuales mueren, qué pasa con la poesía?

De los diez mil que hacen poesía, saldrá uno realmente bueno y con él o ella todo se justifica.❧

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