Fernando de Szyszlo: “Pisé tanto la muerte que ya es muy familiar”

Inédita. Hace un año, el artista plástico concedió una larga entrevista para un libro aún en ciernes. Recordó pasajes de su vida, amigos íntimos, la política y la muerte, que lo sorprendió el lunes pasado junto a su esposa, Liliana Yábar.

11 Oct 2017 | 6:55 h

Juan Soto

Es una mañana gris en Lima. Primer día de setiembre del 2016. Fernando de Szyszlo suspende su trabajo en el taller para recibirnos en la sala de su casa en San Isidro. Luce bien abrigado, con pañoleta al cuello, para blindarse de una humedad que amenaza sus maltrechos bronquios golpeados por el asma y un extirpado vicio de fumador. Nos invita a un recinto a media penumbra. Es la biblioteca con anaqueles repletos de libros, pinturas, esculturas y recuerdos de un hombre que a sus 91 años ya le ganó la pulseada a la muerte: le sobrevivirá al tiempo por su cuantiosa obra que suman más de tres mil cuadros firmados.

Entre esas reliquias muestra un mechón de la cabellera de César Vallejo obtenido de la manera menos pensada. El pintor recuerda que en 1949 se estableció en París, Francia, junto con su esposa de ese entonces, Blanca Varela, ambos ilusionados con la época des Belles Lettres. Fernando admiraba a Vallejo, que había fallecido en 1938 en la capital francesa. Georgette Vallejo, la viuda, custodiaba y difundía la obra del poeta norteño.

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Szyszlo se obsesionó en conocerla y un día la llamó por teléfono. Quería entregarle ocho litografías inspiradas en la poesía del vate. A ella le emocionó el gesto y desprendimiento. “Venga mañana que lo espero con un regalito”, lo invitó. Al día siguiente, en casa de Georgette, se presentaron Blanca y el poeta Carlos Martínez Rivas. Recibieron un sobre sellado que llevaba la siguiente inscripción: "para Godi, en secreto" (Godi es su apodo de niñez). Ahí estaban resecos los mechones de Vallejo.

Después de la pintura, Fernando de Szyszlo venera la literatura, una pasión heredada de la familia. Fue sobrino de Abraham Valdelomar, a quien no conoció en vida, pero le heredó su biblioteca.

No solo escribía versos sino que los abstraía en dibujos. Así conocería en 1958 a Mario Vargas Llosa, quien le solicitó una plaqueta para ilustrar los poemas traducidos de César Moro. Sebastián Salazar Bondy, el célebre autor de Lima la horrible, los presentó. Ahí comenzó a sellarse una amistad irrompible de los tres, que incluso sobrevivió a la discrepancia política.

¿En la obra de Vargas Llosa existen muchas alusiones a la pintura?

Antes de la publicación de Elogio de la madrastra, un impresor colombiano propuso hacer un álbum con textos de Mario y grabados míos de carácter erótico. A Mario no le atrajo la idea y escribió El elogio… que es sobre pintura, incluso hay un texto sobre un cuadro mío.

De Szyszlo revela que quiso ser arquitecto. Ingresó a la Universidad Nacional de Ingeniería, pero se dio cuenta de que su trazo era muy torpe. Para corregir esa impericia, se matriculó en un curso de dibujo. Al día siguiente se dio cuenta de que lo suyo era la pintura. Abandonó la arquitectura, para desilusión de sus padres. Confiesa que hubo una novela que afianzó su vocación por el arte, La luna y seis peniques. En ella, William Somerset Maugham narra con nombre cambiado la vida de Paul Gauguin, aquel excéntrico pintor nieto de Flora Tristán que inspira a Vargas Llosa El paraíso en la otra esquina. El Premio Nobel de Literatura es un escritor realista. Documenta sus ficciones en bibliotecas, viaja por los lugares recorridos por sus personajes. Cuando trabajó sobre Gauguin, De Szyszlo fue su guía. Visitaron Pont Aven, Concarneu y Art, ciudades francesas habitadas por Gauguin. “Descubrimos todos los elementos de su pintura, por ejemplo, Gauguin hizo un Cristo Amarillo gótico en una iglesia que impactó a mucha gente”

¿Van Gogh y Paul Gauguin pasaron una temporada juntos en Arles?

El holandés Vicent van Gogh y Paul Gauguin, a finales de 1888, vivieron juntos. El primero alquiló una casita para convertirla en una colonia de pintores. Sin embargo, era muy difícil que dos personas de carácter distinto vivan juntos. Van Gogh tenía ataques de locura. (Después de una pelea con Gauguin) se cortó la oreja, la puso en un sobre y se la llevó de regalo a una prostituta (ambos se disputaban a la mujer).

¿El Paul Gauguin de Vargas Llosa es similar al personaje real?

Sí, por supuesto. Gauguin era un hombre muy intoxicado por sus recuerdos del Perú. Él vivió seis años en Lima entre los tres y nueve años. Su madre Alina, la hija de Flora Tristán, vino a reclamar la herencia de Pío Tristán. La atendieron como reina, pero no le dieron ni un centavo. Cuenta Gauguin que su madre, para ir a la iglesia los domingos, tenía un paje negro que le llevaba un cojín para que se arrodillara. Los recuerdos de Paul Gauguin son muy profundos, lo cambiaron. El año que se murió, escribió un libro llamado Noa Noa donde relata todas sus experiencias limeñas.

¿Y por qué esa estadía limeña lo intoxicó?

Uno es hijo de su infancia. Uno tiene como nacionalidad la infancia, no importa la raza o religión que sea. Recuerdo una vez que yo fui a Polonia, la tierra de mi padre, la única vez que estuve ahí invitado por el presidente Walessa, los periodistas me dijeron si era medio polaco. Les respondí que sí, y además había descubierto que la nacionalidad o la identidad que uno hereda es la infancia. No importa qué sangre tenga, uno se forma en la infancia.

Sebastián Salazar Bondy fue una persona fundamental en su vida. ¿Qué recuerda de él?

Era un hombre de enorme simpatía e interés por todo, pero que debía hacer de todo para subsistir. Los trabajos alimenticios lo alejaban de su verdadera pasión: la poesía. Siempre hizo cosas laterales, críticas de pintura, literatura, artículos periodísticos y a la vez tenía sus propias aficiones políticas. Participó en el Movimiento Social Progresista que en las elecciones del sesenta apoyó a Belaunde. Yo y otros intelectuales nos apartamos de él porque su grupo de estudios adquiría demasiados compromisos con el marxismo. Pero él me presentó a Blanca Varela, Jorge Eielson, Arguedas, Vargas Llosa, mucha gente importante.

Se sostiene que muchos pintores agotan sus esfuerzos en sus lienzos y no tienen interés en participar de la política. En cambio, usted tiene una participación cívica permanente. ¿Ese es un pensamiento bastante sartreano?

Sin duda debe haber algo de eso y también de la condición emigrante que tenía mi padre. Todo eso produce sensaciones extrañas. Mi padre era una persona muy misógina que no hablaba con nadie, que lo conocía muy poco a pesar de que viví toda mi vida con él. Era un melómano, escuchaba mucha música. Todas esas frustraciones hacen a un artista: desgracias, dolencias y glorias, felicidades. El mundo que yo he pintado es el mundo que viví en mi infancia, en las vacaciones en Paracas. Tenía un tío, el hermano mayor de los Valdelomar, que vivía en Pisco, era abogado. Entonces ahí pasábamos las vacaciones de verano, de ahí nacen todos esos sentimientos, esos desiertos que hay en mis cuadros.

¿Pero qué motiva a un artista a participar en la vida cívica de un país?

Es temperamento también. Este país tiene mucho pasado. Aquí se inventó la agricultura al igual que en otros cuatro lugares: el Éufrates, el Nilo, el río Amarillo, la meseta mexicana etc. A raíz de la agricultura se descubrió el arte y la religión, la ciencia… El hombre empezó a preguntarse por su destino.

A fines de los ochenta participa en el Movimiento Libertad, primero, para oponerse a la privatización de la banca, y luego, para lanzar a Vargas Llosa como presidente.

En esta casa (San Isidro) se fundó Libertad. Eso se produjo cuando Mario publicó un artículo rechazando la privatización de la banca anunciada por Alan García. Luego hubo un mitin en la plaza San Martín. Participaron de la reunión de fundación Miguel Cruchaga, Mario, Fredy Cooper, Manuel Bustamante Belaunde, Ricardo Vega Llona, su hermano Miguel, Hernando de Soto, etc. Eran más de veinte personas. Se concibió a Libertad como un partido liberal, sobre todo en materia de economía. Mario había descubierto a Karl Popper. Más que eso, era un movimiento político para modernizar…

En un texto escribió usted que lamentaba no haber entusiasmado a los peruanos con la candidatura de Vargas Llosa en 1990.

La más grande decepción política de mi vida fue su derrota. Me fue incomprensible que los peruanos no se dieran cuenta de la oportunidad. Sin embargo, creo que no fue una derrota; Fujimori se apropió de las ideas de Mario a pesar de que se vanagloriaba como si las hubiese inventado. Recuerdo que él tenía un programa en televisión medio apristón opuesto a nuestro programa.

Pero Vargas Llosa fue ingenuo políticamente. No mintió y se alió a partidos políticos viejos….

Sin duda… Pero después del golpe de Fujimori, lo único que sucedió fue el saqueo moral y material de este país. Por eso Mario se opone radicalmente al retorno de los Fujimori al poder. Imagínese qué hubiese ocurrido con Keiko de presidenta.

En el 2011 discreparon. Vargas Llosa apoyó a Ollanta Humala y usted optó por el voto en blanco.

Mario, para impedir que Keiko llegara al poder, convenció a Ollanta para que cambiara su programa La Gran Transformación por la Hoja de Ruta. Yo no lo creí y discrepé en eso. Tenemos que reconocer de Humala que sí cambió, pero detuvo el desarrollo de este país.

¿Fue un gobierno mediocre?

Totalmente, e hice bien en votar en blanco. Había buenas intenciones, buenas personas las que tomaron el poder, luego se corrompieron y se dieron cuenta de que se podían quedar y se dedicaron a promover la candidatura de Nadine Heredia. Para eso tenían que destruir a Alan García, que había tenido un segundo gobierno magnífico. Todo eso de los narcoindultos, miserias de 1500 dólares, qué se iba a dignar a recibir Alan García esa basura, lo involucraron y lo culparon de algo que es inimputable.

¿Usted cree que Alan García no es un corrupto?

No creo, y yo era un antiaprista feroz de su primer gobierno. En ese periodo, Alan García resultó la peor desgracia que le pasó al país. En el segundo mandato tuvo el coraje de decir que se había equivocado y entró a la buena línea. Hubo un crecimiento de 8%, la clase media despertó.

¿Pero Vargas Llosa decía que Alan García fue un presidente corrupto?

Yo no sé si Mario lo decía o sus adulones. Claro, él lo ha dicho en el calor de la discusión.

¿Alguna vez con Vargas Llosa hablaron de la proximidad de la muerte?

He pisado tanto la muerte que para mí es un tema muy familiar. Mario puede decir que es una persona con suerte. Él no ha conocido nada desagradable. Él pasó por la vida como un barco maravilloso con ciertos tropiezos, lo más terrible debe haber sido dejar a Patricia tras 50 años de matrimonio. En cambio, a mí me han pasado desgracias, por ejemplo, la muerte de mi hijo.

Lo perdió en un accidente aéreo viajando a Arequipa...

Ese hecho a Blanca la mató. Escribió dos años más y se murió. Con ella pasamos casi cinco años en París sin comer. Yo tenía 90 dólares mensuales que me enviaban de Lima, de los cuales me gastaba 30 en cigarrillos. Quedaban 60 dólares. Comíamos tallarines, no tomábamos desayuno. 

El rozamiento entre Mario Vargas Llosa y Octavio Paz

En la historia moderna del Perú ¿recuerda a otros escritores inmersos en la política peruana?

Uno es José Carlos Mariátegui y el otro, Víctor Raúl Haya de la Torre.

¿Pero ellos eran más políticos que escritores?

Haya de la Torre era un intelectual. En política nunca dio pie en bola, es decir, cómo llegar con sus ideas al poder. Recuerdo una vez que Vargas Llosa y yo fuimos a visitarlo por encargo de un partido político en las elecciones de 1975. Nos pidieron que se consiguiera que Haya apoyara a Belaunde. Llegamos y lo primero que hizo fue hablarnos de Flaubert. Eran las diez de la noche cuando empezó la charla, a las cinco de la mañana seguíamos hablando de literatura, y nunca tocamos lo político en esa conversación. Seguramente Haya no quería conversar de ello, pero nos fascinó su erudición y cultura.

¿Fue amigo de Octavio Paz? Una vez Mario le dijo que México, gobernado entonces por el PRI, encarnaba la dictadura perfecta.

Esa fue la única vez que Octavio se resintió con Mario, que arruinó un Congreso que había citado Octavio y lo auspiciaba el gobierno mexicano de Salinas de Gortari. Dos meses después, a Octavio le duraba el resentimiento. Recuerdo haber asistido a una entrevista pública televisada, había mucha gente y, a pesar de eso, Octavio me divisó a lo lejos de esa multitud y recuerdo que me dijo por Vargas Llosa: “Tú amigo me ha traicionado”. Octavio se equivocó, creyó en Salinas de Gortari, pensó que iba a transformar el PRI y terminó muy mal.

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