Las mujeres según Christian Grey

Quiero ser un tipo sexi este verano. Por eso he leído el best seller erótico Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James. La novela ha vendido quince millones de ejemplares. Su publicidad promete que “te obsesionará” y “te poseerá”. Daily News jura que “ha tocado la fibra de muchas mujeres”. Y la web Divamoms declara que “está avivando el fuego de muchos matrimonios”. Parece el libro de consulta perfecto para saber qué desean las mujeres, o al menos qué desea la mía. A continuación, mis conclusiones:

1. Las mujeres desean que seas más que rico. El protagonista de la novela, Christian Grey, es billonario, no rico. Un rico de medio pelo invita a su chica a un restaurante caro. Él la invita a pasear en helicóptero y en planeador. Un rico de andar por casa le regala joyas a su pareja. Él le regala un Audi, un Mac, una Blackberry, primeras ediciones de novelas inglesas del siglo XIX y ropa interior de marca. La aloja en las suites presidenciales de los mejores hoteles. Le ofrece su jet privado.

Después de todo esto, ella se pregunta con inocencia cómo se ha dejado seducir tan profundamente por ese hombre. ¡Querida, hasta yo me habría dejado seducir por ese hombre! Y ni siquiera necesito la ropa interior de marca.

2. Las mujeres desean que seas un tipo duro. Esa es la parte que más duele. Uno se ha pasado toda la vida tratando de ser igualitario, compartir las labores domésticas y enterrar los prejuicios machistas. Y ahora resulta que la fantasía sexual más extendida entre las mujeres es que venga un tipo, las sacuda, las amarre a la cama, las azote con un látigo y las queme con la cera de velas ardientes.
Christian Grey hace todo eso armado de una erección con la que podría tumbar puertas, y con lujo de detalles. Su pene es descrito en la novela como “duro y blando la vez… Sabroso, salado y suave”, descripción que me mantendrá alejado de los ravioles durante una larga temporada. Y sus palabras están llenas de advertencias desde el lado oscuro. En un momento dice: “Debes mantenerte alejada de mí, no soy hombre para ti”. La chica se derrite al oírlo. En cambio yo, si le digo eso a mi pareja, me llevo una bofetada por todo lo alto.

Christian Grey es como las mujeres de Quentin Tarantino, que llevan pechos de silicona y fusiles de asalto. O las de Michel Houellebecq, que pueden masturbarte como profesionales mientras te hablan de filosofía contemporánea. Grey, ese bombazo de la novela femenina, es, en realidad, la fantasía de un hombre.
Y, sin embargo, uno lo lee como un imbécil, con su delantal puesto, mientras espera que levante el soufflé y llegue la hora de recoger al niño del colegio. Y entonces uno comprende que es demasiado tarde para cambiar, y que toda su vida ha estado equivocada.

3. Las mujeres desean que seas banquero. Afrontémoslo. Es triste, pero es cierto.

Ya hemos dicho que Christian Grey es asquerosamente rico. Pero además comienza sus relaciones de pareja firmando un contrato que especifica con claridad qué cosas harán y qué cosas no. Las actividades estipuladas en el contrato le producen gran dolor a su pareja y gran placer a él. ¿A alguien le suena de algo? Sí. Se llama hipoteca.


Queda descartada cualquier posibilidad de tener una relación diferente. Su egoísmo sólo le permite involucrarse en dinámicas de “amo-sumisa”. La palabra “amor” no figura en su diccionario. Lo suyo es “follar duro”, y los orificios posteriores le atraen especialmente. No puede perder nunca. Si todo sale mal, su pareja saldrá con lesiones… Y él seguirá siendo rico. Seguro que si abandona la relación, partirá con una indemnización jugosa.

Termino la lectura de la novela agotado y, sobre todo, deprimido. El ideal sexual femenino queda fuera de mis posibilidades, de mis hábitos y hasta de mi presupuesto. Mi plan de ser sexi tendrá que esperar al próximo verano. Pero cuando lo retome, intentaré con una novela de Corín Tellado. Seguro que es más fácil.

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