Susana, les diré que no

Los revocadores –los socios de Comunicore y su “ideólogo” Castañeda, el fujimorismo y el aprismo–, capaces de invocar la soberanía popular pero a su vez expertos en esquilmar el país en su propio beneficio, representan en este proceso el populismo más rancio, el que da la espalda al espíritu republicano. Si triunfaran, pronto echaremos de menos la rectitud moral. Por ello, considero, Susana, que no deberías solo defender tus obras en Lima, sino marcar la frontera entre ambas posiciones e incorporar en tu discurso las razones para la creación de un frente popular –en el sentido de universal– contra el frente populista de la revocatoria. Explicar por qué es necesaria una opción política que permita edificar nuestro propio Estado del Bienestar, promoviendo la idea de que un mercado eficaz exige Estado y que, además, no hay forma de prescindir de consideraciones morales en las decisiones económicas. Reiterar hasta el cansancio que las expectativas y derechos ciudadanos no pueden subastarse, pues ello envilece la vida en común.

Por cierto, es inevitable que algunas de las reformas emprendidas por la MML afecten los intereses de algunos. Pero lo distintivo, lo que yo veo y siento, es que tu conducta a muchos les causa desacomodo, pues no te pueden ofrecer coimas y negociados. Les cuesta creer que no has ofrecido regalos ni prebendas, y que tampoco te has rodeado de caciques barriales para que malamente contrarresten la opinión de tus adversarios. Tu conducta no compagina con la idea del pícaro que hipócritamente engaña para ganar popularidad y suele ser muy celebrado. Tus causas más queridas son cívicas, buscan ejemplaridad.

Frente a ello, pareciera que hay grupos políticos y núcleos empresariales que se han propuesto contribuir a erosionar la popularidad de aquellos que en los puestos públicos son fieles a sus principios y compromisos, formales y solidarios. Es preciso detener esa erosión, combatir la condescendencia con los bribones y con los operadores políticos de vieja data que alquilan sus pareceres y opiniones. Hay, por tanto, que defender a todos aquellos que saben cuadrar las cuentas públicas y hacer que se conozcan los resultados auditados.

En una sociedad en la cual muchos promueven como únicas categorías las del éxito o fracaso económico, el mal se hace poroso e inaprensible, ¿no sabemos acaso el alto número de votos que podría recibir en los próximos años un granuja que pregona que “el dinero llega solo”?; ¿o podemos acaso fiarnos de un aspirante a gobernante que encaramado después sobre una votación popular se esfuerza para ocultar lo que ha sido su palabra o su promesa? El frente popular propuesto debe enfrentarlos con la misma resolución con la que ellos buscan ocultar sus pestilentes e ilícitas corruptelas.

Les diré que NO a los revocadores más allá de tus errores, porque has lidiado sin tregua para darnos una vida mejor en la ciudad. Porque eres una persona con la que me gustaría encontrarme y conversar en un parque un domingo cualquiera en la mañana y que, rodeada de la gente multicolor de Lima, lleva con elegancia natural y sencillez una blusa blanca almidonada y una sonrisa sin rencor. Suficiente para mí. Les diré que NO.

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