Edición Impresa del 22 de Febrero de 2009

Revalidar lo caduco

Breve crónica de dos mañanas dedicadas a la estresante tarea de renovar una sencilla licencia de conducir.

Por Pepi Patrón

No sé cómo funcionan ciertas cosas en otros países, pero en el nuestro hay que revalidar casi todo. Sospecho que en pocos lugares del mundo caduca el Documento Nacional de Identidad; aquí sí. Es francamente extraño que tenga fecha de vencimiento, cual yogurt. Lo lógico sería que dure lo que dura nuestra vida. Pero ya sabemos que la lógica y la burocracia no se llevan bien.

También hay que revalidar brevetes y pasaportes. Me tocaba lo primero. Traté de averiguar en la web del MTC, pero no lo logré, pese a que tiene una ventanita que dice BREVE-T, trámite simplificado de licencia de conducir. Finalmente, alguien me dijo que había que pagar algo más de 30 soles en el Banco de la Nación e ir al Touring. Allí fui, muy optimista, pensando en que era un trámite breve. ¿Trámite? Ojalá.

Con el DNI y el brevete vencido en la mano ¡arranca la aventura! Conforme pasan las mañanas (sí, fueron dos) una se va llenando de formularios y boletas. Colas tras colas. Para el examen médico, paso uno, que cuesta más de 40 soles, se tenía que llevar fotos. Pero si no, las toman allí, pagando, claro. Llenado el formulario de rigor, comienzan las pruebas. De todas las que pasé la única que parecía tener sentido para poder seguir manejando fue el de la vista. Un larguísimo examen psicotécnico, luego uno clínico, que incluye auscultar los pulmones, toma de presión y cargar pesas. Al fin las fotos.

Al cabo de dos horas salí triunfante con mi certificado médico de “Apto”, segura de que con eso me canjearían el brevete. Craso error. Resulta que desde noviembre del 2008 para la revalidación hay que dar un examen de reglas. Pensé que eran reglas de sentido común. ¡No! Todas las reglas de tránsito ¡Cómo si hubiesen cambiado!

Compré el libro de reglas; otra señorita me dijo que no tenía que estudiar todo porque para revalidación solo tomaban 20 preguntas. Y me vendió unas fotocopias con 200 preguntas. Hasta aquí ya llevaba gastados más de 90 soles. Me acerqué a la oficina donde toman el examen y me dijo un señor que no me preocupara, que tenía que pagar 20 soles, pero que si me jalaban podía volver a darlo sin tener que pagar otra vez. Le pregunté si me podía sentar allí a revisar las preguntas y me dijo que no, que podía ir a sentarme en el parque. Y eso hice. Resignada me fui al parque del frente a estudiar las señales que veo todos los días hace más de treinta años.

Revisado el material y respirando hondo me fui a dar el examen. Otro formulario que llenar, otra foto, otro pago; finalmente llego frente a una computadora muy amigable, que me recibe con mi foto en la pantalla y doy el examen de marras. Preguntas tan absurdas como “qué significa este cartel” (el que dice PARE) o la distancia exacta a la que hay que poner el triángulo de emergencia delante y detrás del vehículo. La máquina me anuncia que había aprobado y un joven amable me entrega un certificado.

Ahora sí, pensé. Tengo todo, voy a la última oficina a que me den mi brevete nuevo. ¡Ojalá! Hay que volver luego de tres días útiles. Súmenle a los gastos, mis desplazamientos, porque no se puede manejar sin brevete. Y así fue. Regresé a los tres días con todos mis papeles, pero había otra larga cola, otros formularios, huellas digitales, mucho calor, varias señoritas en computadora viendo si había multas pendientes o suspensión de licencia. Finalmente, una sala llena, con algunos asientos y desde una ventanilla cada cierto rato un señor llama a las personas por sus apellidos y ¡bingo! le devuelven su DNI (que lo dejó en alguna ventanilla) y entregan su brevete nuevo. Tiene la misma foto que está en el DNI, pero decidí no hacer la pregunta de para qué me habían tomado tantas fotos. ¡Y viene con nueva fecha de revalidación!

La cantidad de funcionarios que he visto es casi alucinante. La cantidad de colas que he hecho. La plata que he gastado. Todo para que me den el mismo documento que tenía, sólo que “revalidado”. Me he sentido absolutamente estafada. A juzgar por el tráfico urbano y por los accidentes en las carreteras, todo perfectamente inútil.

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