Edición Impresa del 22 de Diciembre de 2011

¿Quién representa? ¿Quién decide? ¿Quién gobierna?

Mirko Lauer

 

El impase de Cajamarca ha puesto en entredicho la personería del frente de defensa ambiental del señor Wilfredo Saavedra para participar en negociaciones con el gobierno central. Esto toca un asunto importante: ¿en quiénes descansa la representación política y en quiénes no?, y un asunto central: ¿qué es la representación política?
 
El diccionario filosófico de Stanford aporta la idea de que el concepto es engañosamente simple: todos parecen saber en qué consiste, pero pocos logran ponerse de acuerdo sobre una definición dada. La definición más difundida es que representar es hacerse presente en el proceso de constitución de las políticas públicas, expresadas en leyes o normas.
 
Es decir que todos podemos participar, en el sentido de hacernos presentes, a través de una opinión individual o colectiva. En esa medida todo partido, gremio, frente, asociación, club o círculo tiene el mismo derecho, y de hecho es así como funciona la política en una democracia: dejarse ver, dejarse oír, dejarse sentir.
 
Pero no es lo mismo participar en el proceso mediante opiniones expresadas que tener el derecho a imponer decisiones sobre políticas públicas. Este derecho corresponde a las instituciones elegidas mediante el sufragio popular dentro de lo establecido por la Constitución. El Estado escucha, pero es el que debe decidir en todas las instancias.
 
Los ciudadanos que participan en elecciones delegan su cuota personal de poder político en individuos e instituciones que los van a representar, y decidir por ellos, un tiempo acordado. Las repúblicas están asentadas sobre este principio, el cual exige que no se confunda la opinión con la decisión en los asuntos públicos.
 
Si las asociaciones privadas pudieran decidir sobre asuntos públicos sin haber pasado por un proceso electoral, veríamos a todas ellas reclamando ese derecho. No solo al frente de Saavedra, sino también a los gremios empresariales, iglesias, o sindicatos, para no dar sino tres ejemplos entre cientos. Sería el Estado como trifulca y cargamontón.
 
Los Frentes de Defensa de Intereses Populares (FEDIPS) aparecieron hacia los años 70 (antes ese papel lo hacían discretamente los clubes departamentales), en un contexto de dictadura, sin autoridades locales elegidas. Los vientos de fronda de aquella fundación se mantienen a pesar de que el contexto político ha cambiado.
 
Frentes como el de Saavedra no tienen por qué ser ignorados o satanizados, y merecen ser escuchados y tomados en cuenta. Pero eso no significa permitir que se impongan a las autoridades por la pura fuerza de multitudes movilizadas, negándose al diálogo, cuestionando la legitimidad del Estado, y proponiendo una dictadura de la calle.

 

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