Edición Impresa del 05 de Marzo de 2012

La muerte de Hugo Chávez

Mirko Lauer

A estas alturas está bastante claro que Hugo Chávez no va a poder seguir ignorando su enfermedad y prometiendo una cura definitiva e indefinida. Quizás logre hacer otra de sus enérgicas reapariciones políticas, pero ya las miradas están puestas en su próximo incidente médico. Su más reciente foto en Cuba, un paseo de convaleciente, es elocuente.

La otra foto, un Fidel Castro senil frente a un Chávez enfermo, inevitablemente evoca ideas sobre decrepitud en el poder. Es el boxeador cansado al que se refirió cruel y agudamente el candidato opositor Henrique Capriles en el primer clinch de la campaña, cuando Chávez lo comparó con un chancho, acaso una velada puya antisemita.

Venezuela no tiene un esquema formal para la transición. Una idea que flota en el aire es que sin Chávez no habrá real continuidad del chavismo. Sin embargo el sistema montado en 13 años de gasto público socialmente orientado no parece algo descartable de plano. Los venezolanos van a tener que conversar como nunca antes.

Otra idea es que a Chávez le queda vida suficiente como para llegar a las elecciones de octubre, ganarlas, y dejar una segunda línea chavista en buena situación para negociar una cuota de poder. Pero cuesta trabajo imaginar a este Chávez agónico haciendo campaña y ganando una elección contra el dinámico Capriles.

Capriles ha ofrecido que si gana presidirá un aterrizaje suave. Es decir una situación muy distinta del tipo de restauración enconada que se vio con el conato de golpe de derecha del 2002, que en 48 horas desmanteló incluso las instituciones democráticas que quedaban bajo el chavismo. La reacción militar y popular fue elocuente y decisiva.

Es evidente que el sistema chavista depende al 100% de la personalidad de Chávez, el macho alfa del bolivarianismo. Sin la leyenda y el teleevangelismo del caudillo las grietas en el planteamiento empezarán a aparecer a toda velocidad. Lo cual tendrá inevitables repercusiones en una economía que este año puede pasar del 30% de inflación.

Los efectos de la muerte de Chávez dependerán de cómo llegue esta. No sería lo mismo un final pronto y abrupto que una agonía de meses prolongada hacia las elecciones. Muy distinto sería un fallecimiento luego de una victoria electoral, impulsada por la compasión del electorado, o incluso por su miedo al cambio impredecible.

En uno de los escenarios la muerte de Chávez casi lo favorecería. Morir sin haber sido derrotado y con sucesores que solo pudieron llegar por el argumento médico es algo que lo establecería como una leyenda hacia el futuro. Un favor importante para los seguidores que vengan, después del previsible ciclo de retorno a la democracia liberal.

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