Intranquilo, chino

Mirko Lauer
Luis Miguel Castilla nos advierte que si hay más problemas en la economía china Perú sufrirá las consecuencias. La cifra peligrosa según el ministro es 7% de crecimiento, a la que China se viene acercando en la performance y en los pronósticos. Beijing ofrece estímulo y rebote de su 7,8% actual; los organismos multilaterales no están convencidos.
Nos afectaría por varios lados. Menores compras de minerales a más bajos precios y tentaciones de dumping en productos que ya estamos importando a precios de regalo. Pero los efectos además nos llegarían a varias bandas desde otros mercados similarmente afectados. Frente a este feo panorama Castilla puede advertir, mas no ofrecer garantías.
Lo que le quita dramatismo a sus palabras es que la vez pasada, en el 2008, la crisis apenas nos rozó, y estamos esperando un bis de aquella situación. Olvidamos que fue precisamente China la que nos salvó, por así decirlo, con su implacable capacidad de consumir nuestras exportaciones. Eso es lo que está en discusión ahora.
Desde fines del año pasado dos gurúes como Nouriel Rubini y Paul Krugman vienen vaticinando problemas serios en China. El primero anunció la desaceleración económica que estamos viendo ahora y el segundo hizo notar la aparición de problemas estructurales de tipo burbuja. A estas alturas ambas percepciones ya son sentido común en Occidente.
Los signos de la desaceleración china están a la vista. The Financial Times pone en primer lugar el aumento de las deudas tributarias y de las existencias de productos no vendidos en importantes empresas. A estos inversionistas no puede salvarlos nada menos que una nueva política del Estado, que está demorando en llegar.
Los cálculos en dólares constantes muestran que los precios de los minerales están en su punto más bajo en un siglo. De hecho, están en el mismo punto que alcanzaron hacia 1930. Para muchos es la demanda china la que los mantiene de este lado del abismo, que de materializarse sería particularmente profundo para nosotros.
Para el Perú la crisis oriental significaría perder esa tercera pata de la mesa que nos ha venido sosteniendo frente a los problemas de EE.UU. y Europa. De lo que Castilla debe estar hablando, sin decirlo con todas sus palabras, es de una necesidad de empezar a pensar en la austeridad en lugar de la expansión, con las consecuencias políticas que ello implica.
Todo esto significa pésimas noticias para un país donde uno de los temas es que el Estado no está invirtiendo ni gastando una porción suficiente de una caja fiscal gordita. Castilla ha sido criticado por producir un superávit fiscal considerado innecesario. Ahora sus alusiones al predicamento chino (estas no son las primeras) nos abren a otro panorama.

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