Edición Impresa del 21 de Marzo de 2012

El corte inglés

Mirko Lauer

Hasta donde tenemos entendido el Presidente de la República y el canciller son quienes conducen la política exterior del país. La facultad del Congreso se limita a dar su aprobación en algunos temas puntuales, vinculados a la territorialidad, como viajes del presidente al exterior o ingreso de tropa extranjera al país.

La decisión de la Cancillería de no autorizar el atraque del navío de guerra británico HMS Montrose es parte del compromiso conjunto de solidaridad activa asumido por los países de la UNASUR con Argentina en su disputa por las islas Malvinas/Falkland. Decisión incómoda quizás, pero el gobierno tenía que decidir.
 
Como ha hecho notar el ex canciller José Antonio García Belaunde, para el Perú es mucho más costoso afectar sus relaciones con Argentina que hacerle un feo circunstancial a Gran Bretaña. La posición conjunta de los países latinoamericanos es un valor, señala, que no debe ser erosionado.
 
 Sin duda es preferible no discrepar de los ingleses, pero hacerlo no es el fin del mundo, como preconizan algunos. Hace una semana el secretario de Estado británico Jeremy Browne, un político realista, declaró en Santiago que Chile y Gran Bretaña tienen una sólida relación y entienden sus diferencias sobre las islas Malvinas.
 
Frente al cortés comentario es importante anotar que también Chile se negó a recibir al HMS Montrose por esos días. El barco ya ha sido tema de una declaración de la UNASUR que lo identifica como una punta de lanza en la militarización británica del escenario de las islas Malvinas/Falkland.
 
Los críticos de la decisión del canciller Rafael Roncagliolo han llegado a decir que peligran los US$ 2.000 millones de inversión inglesa en el Perú (en Chile el stock ya era US$ 2.800 en el 2009). Con ese criterio quizás debería conducir la política exterior el MEF o, como parecen sugerir otros, un comité de historiadores.
 
Pues algunos pintorescos argumentos para darle la espalda a Buenos Aires tienen que ver con el maltrato que recibimos de pasados gobiernos argentinos. Pero apoyarse en rencores o gratitudes eternos para definir intereses actuales es un despropósito. Pues tanto Buenos Aires como Londres han estado a favor y en contra del Perú en diversos momentos.
 
Para los que claman por lo que ven como un desaire de Torre Tagle al Congreso, cabe precisar que los británicos comunicaron que por motivos técnicos el barco no iba a poder llegar en la fecha estipulada, con lo cual la autorización parlamentaria quedaba formalmente invalidada.
 
Los amigos británicos sacaron a relucir su fragata para probar las aguas de la alianza sudamericana. En Santiago y en Lima han tenido una primera respuesta. 

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