Edición Impresa del 01 de Febrero de 2014

Bolivia en La Haya

Mirko Lauer
En abril pasado Bolivia se colgó de los faldones del Perú y se sumó a la cola de La Haya, en pos de apoyo para una salida al Océano Pacífico. El reciente fallo de la corte le ha dado a Evo Morales la esperanza de ser el próximo que le logre imponer una concesión a Chile. En este caso, en la forma de un corredor soberano hasta el mar.
El reclamo boliviano es que La Haya obligue a Chile a sentarse a “negociar de buena fe” esa salida al mar. La corte ha recibido los papeles, pero el asunto todavía está en una fase condicional, a la espera de que las dos partes terminen de presentar sus argumentos. Nada va a ser decidido allí antes de febrero del 2015.
Lo extraño en la demanda boliviana es que Evo Morales ya tenía una mesa puesta con Chile para negociar 13 puntos, uno de los cuales vinculado a la salida al mar. La negociación se interrumpió cuando Bolivia sintió que no estaba llegando a ninguna parte. Debemos pensar que esto sucedió porque Chile no negociaba de buena fe.
Lo que obtendría Bolivia es acercar un poco más su reclamo a los proscenios internacionales. Pero, se va a necesitar algo más que una nueva negociación para sacarle una franja soberana de territorio a Chile. Además para Bolivia hay el peligro de que La Haya exonere formalmente a Chile de toda obligación 
de negociar.
Sin embargo una suerte de negociación extrajudicial, informal y distante podría estar a punto de comenzar. Heraldo Muñoz, próximo canciller chileno, ha declarado que Santiago retomaría la antigua negociación de los 13 puntos, si La Paz se desiste de su demanda ante La Haya. A Bolivia eso debe sonarle melancólico.
 Tal vez a Morales le conviene seguir con el proceso de La Haya, que por lo menos sirve para dar la impresión de que su gobierno está haciendo algo en ese frente. Que Chile se interese en el retiro de la demanda ya puede ser presentado en Bolivia como una suerte de pequeña victoria moral. Pero todo eso parece avanzar hacia nada en dos platos.
Un factor a tomar en cuenta es que el resultado del juicio con Perú deja a la opinión pública chilena con muy pocas ganas de discutir (no se hable ya de hacer) concesiones territoriales. No importa que Bolivia en La Haya esté pidiendo realmente poco. En las actuales circunstancias se arriesga a recibir todavía menos.
La imagen de ser un país intransigente al 100% frente a un vecino visiblemente más débil, y dispuesto a mantenerse como una pulga en la oreja, no le conviene a Chile. Pero lo que complica las cosas es que hasta ahora la aspiración boliviana ha demostrado en los hechos no ser negociable. Por lo que sorprende esa dedicación a las negociaciones.  

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