30 de Agosto de 2011 | 5:00 h

La sacudida chilena

Ramiro Escobar

Por Ramiro Escobar
rescobar@larepublica.com.pe

Qué curioso: Chile, ese país tenido, casi obsesivamente, por paradigma de modelo económico, de orden, de progreso, ahora ya suma varias semanas de huelga estudiantil, un paro nacional de 2 días fortísimo y hasta un joven muerto en medio de los disturbios. Ese país admirado, ahora está sacudido y se parece más al resto de América Latina.

¿Curioso? No he podido olvidar en estos días esa noche del triunfo de Sebastián Piñera en Santiago (17/01/ 2010), cuando sus partidarios gritaban exultantes en el hotel de lujo donde estaba el comando de campaña, como si se estuviera refundando el país. Y a la vez evoco la sensación, casi tangible, de que se avecinaba una ola de protestas sociales.

Había un desánimo en la gente más pobre, o incluso clasemediera, acaso porque se percibía que la derecha en el Poder era peor que más de lo mismo. Algo así como que si la Concertación no había reducido las brechas sociales, la Coalición por el Gran Cambio (el frente que hizo ganar al actual presidente) las iba a agravar a o se iba a zurrar en ellas.

Ha ocurrido más lo segundo, sobre todo desde que Piñera, en medio de las furiosas protestas estudiantiles por el derecho a la educación, declaró que “nada es gratis en esta vida”. Esa frase, que en condiciones normales puede sonar lógica, en ese momento resonó como la cruel confesión de las dimensiones dramáticas de la desigualdad chilena.

Según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), Chile es el más desigual de los países de esa entidad. El 10% de su población de ingresos más altos vive mejor que en Noruega, mientras que el 10% más pobre lo hace como en Costa de Marfil. El 60% tiene un nivel de vida inferior o similar al que se tiene en Angola.

La misma educación habla de esa brecha (61% de los “noruegos” van a la universidad, contra 16% de los “marfileños”), pero para qué seguir. Si es mejor imaginar que el “modelo chileno” es ejemplar, aunque tenga esos abismos de escándalo; si “eso es lo que funciona” y qué pena pues, entonces que la huelga continúe y la indolencia también.

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