Edición Impresa del 11 de Junio de 2011

Después de los tiempos de guerra

Raúl Tola

Por: Raúl Tola

Ha pasado menos de una semana luego de la victoria de Ollanta Humala en las elecciones generales del Perú y las aguas parecen haberse aquietado. En contra de los pronósticos más fatalistas, ninguna hecatombe ha ocurrido. Para el viernes, la Bolsa de Valores de Lima ya había conseguido remontar la caída de 12,5% sufrida el lunes que siguió a la segunda vuelta. El anuncio del nuevo gabinete podría devolvernos definitivamente la calma.

La candidatura de Humala consiguió remontar los sondeos , incluso los que daban una ventaja de cuatro puntos a Keiko Fujimori. Seguramente su estrategia de márketing político jugó un papel importante, pero los principales responsables de este imprevisto desenlace fueron otros. Pocas veces como en el último tiempo se oyó a tantas voces distintas llamando a la conciencia, recordando las atrocidades del fujimorismo e insistiendo en un aspecto vital: un país debe construirse a partir de la memoria y los principios, no del pragmatismo y la amnesia. Los intelectuales y artistas más diversos se sumaron a este propósito, con rotundos comunicados. Este movimiento empezó en silencio y hasta timidez, pero con el paso de las semanas, y apuntalado por los groseros errores de los voceros de Fuerza 2011, aglutinó a un importante grupo de indecisos, que a la postre fue determinante.

¿Qué le corresponde ahora a ese vasto sector de la sociedad peruana, que mediante pronunciamientos, o con el simple ejercicio del sufragio, se insubordinó frente a la posibilidad de que, con la elección de Keiko Fujimori, se legitimara el gobierno de su padre, con toda su carga de latrocinios y violaciones a los DDHH? Me parece que la respuesta estaba implícita en el pensamiento de la gran mayoría de ese casi 20% de electores que prestó su voto para inclinar la balanza en favor de Gana Perú: pasar a la oposición. Pero no con el estilo prepotente y fundamentalista que destilaron, por ejemplo, el cardenal Cipriani y los portavoces de Fuerza 2011 durante la campaña, sino con inteligencia y ponderación, pensando en el bienestar del país, y no en la demolición del contrincante y la propia conveniencia política.

La postura independiente y crítica de historiadores, politólogos o escritores, que dejaron los claustros y despertaron de su silencio ante la inminencia de un nuevo fujimorismo, debería sobrevivir a esta campaña y robustecerse en los años venideros, sirviendo como un espejo donde se contraste, analice y critique la realidad nacional desde la particular óptica de cada especialidad. Lo contrario sería dejar un vacío que llenarían los Rafael Rey, Martha Chávez o Kenji Fujimori, más sedientos de venganza que nunca, una prensa exaltada, y un sector de la población que en el último tiempo no tuvo ningún pudor a la hora de revelar su despotismo, xenofobia e incultura.

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