¿Es tan difícil encontrar buenos ministros?

Para el gobierno del presidente Ollanta Humala parece ser una tarea muy trabajosa encontrar gente adecuada para renovar su gabinete. Y no es, naturalmente, porque en el Perú no existan personas capaces y honestas, sino porque no es fácil que alguien con esas características acepte entrar a un gobierno como el actual.


Serruchando


Un excelente reportaje de Ricardo Uceda el domingo pasado en La República describía las tribulaciones del premier Óscar Valdés, al cual, en el último tiempo, pocos le hacían caso en el gobierno.

Abundan las anécdotas de ministros que despachan con la primera dama, Nadine Heredia, y realizan cosas de las que el presidente del Consejo de Ministros se entera por las noticias.

Esta situación se parece a la del anterior premier, Salomón Lerner Ghitis, en las últimas semanas de su gestión. Precisamente Valdés, entonces ministro del Interior, y otros ministros y funcionarios, trataban las cosas directamente con Humala o Heredia, y ejecutaban políticas no solo distintas sino contradictorias a las que Lerner proponía.

Esta manera de conducir el gobierno solo produce conflictos internos y desorganización a la hora de ejecutar acciones, con resultados negativos para todos. Pero a la pareja presidencial parece que le encanta. Al parecer disfrutan más de su poder de esta manera, mientras el país se va sumiendo en la confusión y el desconcierto.


Lealtades personales y familiares


Augusto Álvarez ha revelado que a algunas personas que les han ofrecido una cartera ministerial les precisaron que entrarían solos, es decir, desde Palacio se nombraría a los viceministros y funcionarios importantes.

Lo peor de todo es que las designaciones de funcionarios de la pareja presidencial, por lo general, son muy malas. Eligen en función de lealtades personales, favores anteriores o parentesco, no por capacidad y honradez.

¿Qué tipo de personas aceptarían esas condiciones para ocupar un ministerio? No las que se necesitan, sin duda.

Nadie que se respete a sí mismo y que esté interesado realmente en desempeñar un cargo público con responsabilidad, eficiencia y honestidad, se sometería a esas condiciones que convierten las dependencias del Estado en una olla de grillos, con funcionarios reportando directamente al presidente o la primera dama, y ejecutando las directivas de ellos y no las del ministro respectivo.


Sin políticas


El asunto del personal en los cargos públicos es ahora decisivo para una buena gestión, porque el gobierno carece de rumbo y de políticas, salvo en economía, donde tuvo el acierto de continuar lo hecho por anteriores gobiernos y con los mismos funcionarios.

Si no hay una política que aplicar, el ministro y los funcionarios de un sector tienen que crearla. Y si son ignorantes y/o incompetentes fracasarán de todas maneras.

Un caso típico es el de la seguridad. Hasta ahora ha habido tres ministros del Interior en menos de un año, y probablemente habrá un cuarto dentro de poco. Ninguno de los tres (dos de ellos militares) tenía la más remota idea de lo que había que hacer.

Para colmo, el director de la Policía fue nombrado para el cargo porque tiene un fuerte amarre con la pareja presidencial. Botaron a 30 generales, sin ningún criterio, solo para ponerlo a él. Ha sobrevivido al escándalo de Las Brujas de Cachiche y, mucho más importante, a la fracasada operación “Libertad” en el VRAE.
A causa de ese desastre que costó la vida de policías y militares, cayeron dos ministros y todos los jefes de las Fuerzas Armadas involucrados. El único que sobrevivió, a pesar de tener directa responsabilidad en el fracaso, fue el general Raúl Salazar.

La seguridad se sigue deteriorando sin pausa, y Salazar permanece allí impertérrito. La única explicación es que la pareja presidencial lo sostiene, y no porque sea eficiente, competente u honesto –que son las características que requiere el puesto– sino porque sirve con sumisión a los intereses particulares de los Humala Heredia.


¿Seguirá la turbulencia?


En el actual gabinete hay un puñado de ministros que están haciendo las cosas bien. Quizás de allí salga el próximo premier. En cualquier caso, un cambio de gabinete probablemente mejorará la imagen del gobierno ante la opinión pública durante algún tiempo.

Pero si la pareja presidencial sigue actuando como hasta ahora, si no hay una gran transformación en la manera de gobernar, los próximos cuatro años serán de angustia y preocupación para muchos peruanos.
Si no hay mejoras en la seguridad, la educación, la salud, la justicia, no habrá la tan mentada inclusión social, que no es un problema solo ni principalmente de programas asistenciales.

Y si además persiste la desaceleración del crecimiento económico y la desacertada manera de tratar los conflictos sociales, tendremos periodos de gran turbulencia.

Síguenos en Facebook

ÚLTIMAS COLUMNAS

Jason Day
tesoro nacional
Sábado, 27 de Mayo de 2017
Augusto Álvarez Rodrich
La resaca de Chinchero
Sábado, 27 de Mayo de 2017
La República
Contra los parches
Sábado, 27 de Mayo de 2017
La República
Comercio electrónico
Sábado, 27 de Mayo de 2017
Raúl Tola
Toledo, el unánime
Sábado, 27 de Mayo de 2017
Eduardo Dargent
No pelean limpio
Sábado, 27 de Mayo de 2017