Edición Impresa del 04 de Julio de 2010

No iremos al Mundial

Por Federico Salazar

No iremos al Mundial de Fútbol. La culpa no la tienen Manuel Burga ni Chemo del Solar, ni siquiera la tienen los futbolistas indisciplinados. No iremos porque, simplemente, no jugamos fútbol.

El fútbol, hoy, se juega con rapidez y precisión. Las estrategias de los técnicos cuentan con ello. ¿De qué sirve tener un esquema si los jugadores no se mueven?

Los equipos sudamericanos que fueron al Mundial juegan a otra velocidad. Aun así les faltó coordinación y movimiento en bloque. Ni los contragolpes brasileños ni las “individualidades” argentinas son un buen sustituto de eso.

Alemania no tiene un equipo brillante, simplemente tiene un equipo; es decir, todos juegan a la misma velocidad. La velocidad del juego no sólo está en la carrera, se ve sobre todo en el trámite de recibir la pelota y pasarla.

Midamos el tiempo de cuando cada jugador recibe un pase y hace el siguiente. Midamos el tiempo en que el jugador recibe un centro y patea al arco. Midamos la precisión de ambas operaciones.

Miremos eso en el Mundial y miremos eso en el Campeonato local. No hay punto de comparación. Es como mirar un juego entre australopitecus y homo sapiens. Son dos deportes distintos.

Al nuestro podríamos llamarlo fútbol prehistórico. Cuando todos éramos australopitecus, teníamos alguna posibilidad. Eso fue en entre el 70 y el 82. En ese tiempo y después, los demás siguieron evolucionando; nosotros, no.

Japón, con menos historia futbolera que nosotros, es más rápido. Varios países africanos, a pesar de su deficiencias defensivas, también. Para ir al Mundial tiene que elevarse el nivel competitivo del campeonato local. No basta tener algunas estrellas en el extranjero.

Algunos peruanos se pueden acoplar al ritmo sapiens, pero no pueden crearlo por sí solos. Por eso funcionan distinto cuando juegan en sus clubes.

Para incorporar al Perú al nivel mundial hay que cambiar el sistema de reglas. No es un problema de raza o de carácter. Es el sistema de incentivos y recompensas.

Los clubes no son transparentes, en su mayoría. Algunos dirigentes buscan beneficios al contratar a determinados jugadores. Eso impide la mejora de la “competitividad”.

En el campeonato hay muchos equipos y buena parte tiene problemas para pagar sus cuentas. La publicidad y los contratos no alcanzan para financiar mejores niveles promedio.

La fuente del dinero se agota dividida en demasiadas partes. El minifundio no funciona para el fútbol. Si no cambiamos eso, no cambiaremos la manera de jugar. Si no cambiamos en deporte, nunca iremos al Mundial.

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