Congreso vs. la ley y el mercado

Por Federico Salazar

El Congreso intervino en el caso de la minera Doe Run. Aprobó extender el plazo, por tercera vez, de las obligaciones de la empresa.

Con ello, la empresa se queda. Los mineros levantan la huelga, se acaban los bloqueos. Nos alegramos por las familias que miran más tranquilas el futuro. Nos preocupamos, sin embargo, por el derecho, por el mercado, por el país.

El Congreso ha dicho: “Si bloquean las carreteras, me olvido de hacer cumplir los contratos”. Consagra el chantaje como principio de acción política. Legaliza el delito como forma de protesta.

El futuro del país no es sostenible bajo esas premisas y mecanismos. Tampoco lo es el futuro, más lejano, de las familias supuestamente beneficiadas.

Quizá las condiciones del contrato de concesión eran muy difíciles. Si lo eran, Doe Run no debió comprometerse. Debió dejar que otro recoja el desafío.

Doe Run quería hacer negocio, no importaba si incumplía, después habría tiempo para arreglar. Todo parece indicar que ese fue el supuesto.

El fracaso de Doe Run, el incumplimiento de las metas ambientales, tenía que resolverse por la vía del mercado. La intervención del Congreso es una interferencia política contra el funcionamiento del mercado.

Incumplir contratos no es parte del mercado; al contrario, atenta contra la confianza, contra las expectativas, contra el derecho de propiedad de una de las partes.

Ningún mercado puede prosperar si prosperan los incumplimientos. No se pueden premiar la ineficiencia o el incumplimiento.
Una de las formas de salir del mercado es a través del refuerzo de la ley y el derecho. El Estado tiene que hacer cumplir la ley y los contratos. El Congreso ha hecho lo contrario.

La pérdida empresarial, la quiebra, la salida del mercado son mecanismos esenciales para su funcionamiento. Tan importantes, como la ganancia, la expansión o la entrada al mercado.

Los caminos de entrada y la salida al mercado deben ser claros y seguros. El Congreso, al salvar a una empresa particular, hace que se quede quien debió salir.

Las empresas combinan factores de la producción de la manera más eficiente y productiva posible. El mercado se encarga de hacer la selección de empresas que deben encargarse de esa compleja tarea.

Para Doe Run no funciona el mercado. Funciona la política. Se queda, aunque el mercado diga “no”. La medida favorece la contaminación de los intereses de empresarios y políticos.

Con este tipo de interferencias la política se mercantiliza y el mercado se politiza. Ambos males perjudican nuestras posibilidades de desarrollo.

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