Edición Impresa del 18 de Marzo de 2013

El sentido de la solidaridad

No puedo dejar de expresar mi agradecimiento a las más de 2.500 personas que se reunieron el pasado 6 de marzo en el auditorio del Colegio Médico del Perú. Hombres, mujeres, grandes y chicos, políticos de izquierda, derecha, centro, jóvenes, viejos, artistas, compañeros del Congreso, activistas de derechos humanos; a todos ellos muchas gracias, gracias por esa cálida, afectiva y cariñosa muestra de amistad y reconocimiento. Para quienes no pudieron ingresar por haber rebasado el aforo del auditorio, mis disculpas y especial consideración. El afecto y la generosidad de todos no hace sino darme más fuerza para seguir adelante.

Mi gratitud y aprecio también para todos los compañeros y amigos que organizaron el evento. Para ellos un fuerte abrazo por tomarse la molestia de que el referido encuentro fuera posible, a pesar del corto tiempo para organizarlo.

El reconocimiento de todas y todos ellos, a lo que creo ha sido una trayectoria marcada por el esfuerzo de compromiso con el país y su gente, me permite enfrentar, con más fuerza, la mezquindad que ha significado para mí la absurda e injusta sanción que me impusieron en el Congreso aquellos que representan a quienes en mi más de tres décadas de lucha contra la corrupción y la redistribución equitativa de las riquezas han visto afectados sus privilegios e intereses.

Me alegra que la solidaridad hacia mi persona haya permitido el encuentro de líderes políticos de distintas y diversas organizaciones políticas, que si bien piensan diferente representan una manera de hacer política sincera, de convicción, ideales y de valores y que tienen en común una trayectoria de consecuencia y el objetivo conjunto de construir un Perú más justo, solidario, libre, soberano y digno.

El país necesita que la voluntad de los actores políticos para trabajar en conjunto no se limite a este sentido acto de reconocimiento. La situación que afronta el país exige un ejercicio serio e institucional de unidad. Hay que unir en una sola plataforma política y social a las fuerzas democráticas, agrupaciones progresistas, defensores de derechos humanos, descentralistas, ambientalistas, movimientos sociales y populares, organizaciones locales y regionales, colectivos, pueblos indígenas de la Amazonía y de los Andes, peruanos residentes en el exterior y ciudadanos y ciudadanas comprometidos con el desarrollo del país. La convocatoria debe ser al mayor espectro posible.

Los millones de peruanos y peruanas que no gozan de los beneficios del crecimiento económico y cuyas expectativas se han visto frustradas reiteradamente necesitan una organización política que represente efectivamente sus intereses y que transforme al país en una nación en la que imperen la justicia y la libertad, donde la corrupción no sea una forma consentida de gobernar y donde todas y todos tengamos igualdad de oportunidades políticas, económicas, sociales y culturales, para desarrollar nuestras potencialidades como personas, sin discriminaciones por género, cultura, lengua, etnia, religión u orientación sexual.

En este proceso es indispensable hacer el esfuerzo de fomentar la construcción de un sentido distinto de la vida, un sentido que rescate y revalore el servicio, el bien común, la fraternidad, el interés colectivo y la solidaridad como horizonte común de desarrollo personal. La lucha por construir un mejor país es también la lucha por construir otra cultura. Ello permitirá atraer a las juventudes y a quienes hoy ven en la política un ejercicio alejado del bien común y de las mayorías.

No podemos perder la oportunidad ni rehuir a la obligación de responder a las necesidades de cambio que requieren miles de mujeres y hombres del pueblo que han llenado plazas agitando las banderas del cambio. No hay tiempo ni materia prima para construir escenarios en los que la victoria de grupos aislados sea posible. O bien avanzamos hacia la unidad o volvemos a perder la oportunidad histórica de hacer transformaciones significativas en nuestra sociedad.


Confío en que tenemos la madurez, el sentido de responsabilidad, el compromiso y la voluntad para superar nuestras diferencias, respetar nuestras opiniones, reconocer nuestros errores y no repetir las experiencias que en el pasado nos han llevado al fracaso.
 

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