El precio del silencio

El presidente Humala cae seis puntos. De 59% a 53% en su  aprobación nacional urbana. No es una tragedia. Nuestros últimos presidentes vivían en las cercanías del 30% por largos periodos sin que nadie se agite. Además, es conocido que en comparación con sus pares latinoamericanos los presidentes peruanos siempre andan en los últimos lugares de la tabla. Parece que los peruanos somos más críticos o más incrédulos respecto de la institución presidencial. En todo caso, tener más del 50% del favor popular es un éxito.
 
La autoridad dispuesta a sacrificar popularidad porque debe apostar por un bien superior a mayor plazo es la que más necesita una democracia. Requiere de gran coraje y visión hacerlo. Sin embargo, este no es el caso. La encuesta recoge de manera contundente el malestar público por lo que se considera un abuso. Como me lo describió de forma muy clara la congresista Marisol Pérez Tello, una autoridad jamás se puede poner o puede poner a otros en un nivel superior, de ventaja o privilegio frente a los demás. Darle algo a alguien desde el poder tiene dos caras: la del que se beneficia y la del que no recibe el mismo trato. Cuando un presidente, ministro, alcalde o congresista tiene claro este principio sabe decir no a la tentación populista y puede asumir ese costo. Cuando no puede decir no, feliz por el agradecimiento del beneficiado, a veces cree que hace una gran labor. Sin embargo, debe saber que gobernar no es repartir recomendaciones e influir para obtener un trato privilegiado, ni transmutarse de autoridad en dictadorcito que no respeta la ley, ni Estado de derecho, ni democracia. 
 
Lo peor de este incidente es que el presidente tenía otro camino, el correcto, dentro del Estado de derecho. Si tan sólo hubiera manejado el problema de su hermano dentro de la ley, nada de esto le hubiera sucedido. Antauro Humala ganó las acciones que le permiten tener un régimen de ejecución penal ordinario. Bueno, entonces que vaya al penal que le corresponde. Pero ¿crearle uno a la medida?, ¿bajo qué argumento?, ¿la presión de tus padres? Primero es un abuso, segundo muestra una debilidad personal inaceptable y tercero es un aviso a su familia de que “la mesa está servida”, para usar las palabras de Antauro. A estas alturas, que van juntos en esto y en mucho más, lo cree el 74% de los encuestados preguntados acerca de la influencia del hermano preso sobre el presidente. Que sea cierto es otra cosa.
 
Aun cuando el presidente no tenga ningún problema en pagar el precio de la impopularidad y siga guardando silencio como estrategia, diciendo que no habla de “temas familiares” (pésima respuesta), de esta no sale con el paso de los días. Este es el nuevo error que comete. Lanzar una ofensiva contra la minería ilegal (aun con buen respaldo popular) no va a tapar esta historia. Tampoco los tweets de Nadine acompañando a su marido a inaugurar el programa “Vuelve a sonreír”. Ese truco lo trató de hacer Toledo durante meses con Zaraí y terminó en 7% de popularidad. Que no lo olvide.

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