El corredor corrido

Mi ciudad es bien chismosa. Como decía un buen amigo, el chisme “no alimenta pero entretiene” y a los limeños les encanta estar entretenidos. No suelo compartirlos con mis lectores porque, aunque los periodistas los comentamos, no sirven de nada en este trabajo en el que el rigor exige corroboración e interés público para que exista noticia. Pero todo periodista que se respete siempre tiene a mano un buen chisme para alegrar la conversación del tipo ¿has visto la remodelación que está haciendo Alan García en su casa nueva?, ¿ya te enteraste de la lista de intelectuales con los que está reuniéndose Nadine (a pedido de ella) para ir tanteando muy sutilmente su candidatura? o ¿sabes que traen a un colombiano como director de El Comercio? Cosas así, que se dejan caer y otras más picantes que esas, por supuesto impublicables.

Pero lo que les voy a contar no es un chisme aunque esa fue su apariencia original. Es decir, empezó como uno y se transformó en tremenda noticia. Luego de conocerse la compra de la casa de la suegra del ex presidente Toledo, circuló el chisme de que el corredor inmobiliario había sido estafado. Es decir, lo habían “abierto”. No parecía inverosímil, pero certeza no existía. El chisme daba cuenta de la clásica en estas operaciones: comprador y vendedor hacen un trato directo y nunca más llaman al corredor que los había puesto en contacto, ahorrándose para su propio beneficio la comisión. Feo, poco ético, pero no delictivo; aunque probablemente ilegal por incumplimiento de contrato.

Hace unos diez días me llamó Paul Allemant, corredor inmobiliario. Su padre fue mi profesor de derecho penal y él fue a su vez mi alumno. No lo había visto en 15 años. Me pidió una cita urgente y con lujo de detalles me explicó la forma en la que había perdido una comisión de casi 100.000 dólares por la conducta poco ética del matrimonio Toledo Karp. Luego de escucharlo, y ver su material, su testimonio resulta clave para el Ministerio Público y así se lo dije. Él me pidió guardar reserva de todo lo visto y conversado hasta hablar con sus abogados y familia, y así lo hice.


Otros medios de comunicación han revelado su identidad y la estafa, así que ya liberada de parte de la reserva puedo contar solo algunos detalles importantes antes de que él mismo dé su testimonio. Lo fundamental es que Allemant tiene cómo probar lo que afirma. He podido leer, aunque no quiso entregarlos, los correos electrónicos intercambiados desde el 2009 con la señora Eliane Karp. Desde esa fecha, hasta fines del 2011, se envió información, se concertaron citas, se puso condiciones y se mostraron –alega el corredor– no menos de 15 propiedades en Casuarinas que tenían como finalidad ser la vivienda del matrimonio. Jamás se habló de buscar casa para renta y mucho menos de una propiedad para la señora Eva.

Casuarinas tiene pocas personas dedicadas al corretaje. No es sencillo entrar y salir de la urbanización y la relación de confianza con los propietarios es fundamental. No es un trabajo de volumen y por los montos que se manejan la discreción es fundamental. El corredor puede invertir mucho tiempo hasta que logra el acuerdo correcto para todos. Su trabajo es, pues, a largo plazo.

Los últimos correos de enero y abril del 2012 son dramáticos. En ciudad chismosa, todo se sabe. Los Toledo averiguaron el nombre del propietario de la casa que les gustó y simplemente “abrieron” al corredor. Él lo supo y reclamó.  Nunca más le contestaron. Lo habían corrido.

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