Viene plata como cancha

Pero el problema de fondo es la autocomplacencia.

Ante una economía que aún sigue fría, el MEF acaba de anunciar un nuevo plan reactivador que no está mal pero que es insuficiente, pues no aborda el problema real que explica el problema actual y que no es otro que el costo de la autocomplacencia en el manejo económico desde hace mucho tiempo.

El plan anunciado por el ministro Alonso Segura prevé inyectar S/. 1.600 millones a través de un  impulso fiscal que incluye un aguinaldo navideño de S/. 500 para 1,7 millones de trabajadores públicos; el pago de deudas a trabajadores de salud y educación; y el lanzamiento de un conjunto de pequeñas obras.

Además, el nuevo plan del gobierno propone más acciones para erradicar la maraña burocrática que afecta la inversión; reducción arancelaria para insumos productivos; y la promoción del empleo juvenil.

No está mal este nuevo paquete que se suma a los que el gobierno viene anunciando y aplicando a medias desde abril de este año, cuando lanzó un shock de inversiones en prevención de desastres, y que ha incluido medidas tributarias, simplificación de trámites, cambios en el sistema de compras del Estado y desregulación ambiental.

Como es evidente por la reducción constante de la proyección de crecimiento 2014 que, como quien corta el salame, empezó en 6% y hoy anda por 2,6%, todas estas acciones han sido insuficientes para encarar los cambios negativos ocurridos en el escenario internacional; y, también, para hacer todo lo que no se ha hecho en el país en los últimos años.

Salir del enfriamiento actual de la economía requiere, en el corto plazo, una combinación de las políticas fiscal y monetaria pero, con una mirada de largo aliento, hoy el Perú está sufriendo la consecuencia de haberse pasado mucho tiempo sin una revisión profunda, con un ánimo reformista, de las trabas que obstaculizan el crecimiento.

Esto incluye desde la revisión, por ejemplo, de los marcos laborales o de la estructura del sector público, incluyendo la facilitación de las inversiones; hasta la estabilidad política necesaria para no andar de trompicón en trompicón absurdo que no se ocupa de lo relevante.

Gastón Acurio advertía ayer sobre el riesgo de la complacencia por todo lo conseguido en la gastronomía peruana. Tiene razón, y el mejor ejemplo es lo ocurrido, desde hace tiempo, en la economía peruana, por ser esta un obstáculo para avanzar e, incluso, por ser un factor que podría llevar al retroceso. 

Derrotar a la autocomplacencia requiere capacidad de reconocerlo, claridad conceptual de lo que hay que hacer, y liderazgo para ponerlo en marcha. Que es lo que falta ahora pero que ya será tarea del próximo gobierno, con más aire para hacerlo.

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