Edición Impresa del 18 de Diciembre de 2012

Pienso como hace un año

Columna publicada aquí el 29 de diciembre del 2011.

La gestión de Susana Villarán está lejos de ser perfecta, posee varias deficiencias y tiene una larga agenda pendiente por corregir y desarrollar, pero nada de eso justifica el esfuerzo antidemocrático de una coalición mafiosa que quiere revocarla con el fin de alcanzar un conjunto variopinto de objetivos que, sin embargo, tienen en común un carácter subalterno.

En dicha dirección, esta mañana se presentará el ‘Comité Promotor de Vacancia de Susana Villarán’ con el argumento de la desaprobación de la opinión pública a su gestión, y se anunciará que el 2 de enero empezará la recolección de firmas.

Sus cabezas aparentes son un grupo de abogados que fungen de expertos ediles y que pululan por los programas radiales para promoverse. Pero detrás de ellos está otro sector conservador que Juan Carlos Tafur ha bautizado, con acierto, como ‘la derecha bruta y achorada’ (DBA).

Se compone por una coalición en la que participan, entre otros, periodistas corruptos, empresarios mafiosos y políticos pendejos, a los que no les fue bien en las últimas elecciones. Fue el sector que construyó el ‘cuentazo’ de que, gracias al gobierno de Alan García, el Perú había ingresado, de un modo inexorable, en la ruta del primer mundo.

Que los avances no eran suficientes se comprobó en las elecciones municipales y regionales del 2010 y en las presidenciales y parlamentarias del 2011, en las que fueron derrotados todos los candidatos de la DBA.
Respaldaron a Lourdes Flores, pero ganó Susana Villarán. Financiaron a candidatos regionales pero ganaron izquierdistas provincianos de distinta estirpe. Y, en la presidencial, apoyaron a Luis Castañeda, Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori, pero ganó Ollanta Humala con el apoyo de Alejandro Toledo.

La expresión más notoria de la coalición de la DBA fueron sus medios afines, amigos y mantenidos, quienes intentaron destruir al enemigo de turno. Son los mismos que hoy pretenden seducir al presidente Humala y demoler a la alcaldesa Villarán, seguramente con el fin de recordarles a sus financistas que, aunque no pueden ganar una elección, sí pueden servir para ‘amaestrar’ a un presidente o demoler a una alcaldesa.
La gestión de Villarán tiene varias cosas por enmendar. Por ejemplo, ¿qué es eso de aceptar donaciones de Odebrecht, a la cual Fuerza Social ha criticado por su manera de hacer negocios, y, también, cuando donó el Cristo del Morro, o es que La Herradura será ahora un ‘sambódromo’?

Pero nada justifica este esfuerzo antidemocrático y mafioso para tirarse abajo el municipio de Villarán. Ella y su equipo deben corregir deficiencias, sin duda, pero los sectores democráticos del país deben defenderla frente a este embate mafioso.

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