Edición Impresa del 14 de Febrero de 2012

El fin del camarada ‘Artemio’

Una captura que es muy importante para el país.

 

La captura de Florindo Eleuterio Flores Hala, camarada ‘Artemio’, líder de Sendero Luminoso en el Alto Huallaga, constituye, por varias razones, un logro importante del gobierno del presidente Ollanta Humala.

Primero, por la captura en sí misma y su implicancia en lo que coinciden varios analistas del fenómeno terrorista en el Perú: el muy probable fin de Sendero en el Alto Huallaga.

Esto ocurre, además, en una zona del país donde, a diferencia de otras con problemas parecidos, sí se ha hecho un esfuerzo –insuficiente, es cierto, pero esfuerzo al fin y al cabo– por aportar la zanahoria del desarrollo como alternativa al narcotráfico.

Segundo, la captura de ‘Artemio’ es importante por la forma en que se produjo, cuidando el cumplimiento de la legalidad en un tipo de operaciones en donde esto con frecuencia se esquiva con el argumento de la dificultad de actuar en zonas complejas y cuando el enemigo es un terrorista que presenta particularidades que lo diferencian del delincuente común.


El ‘Operativo Perú’ se aplicó acompañado de un cabal cumplimiento del respeto a los derechos humanos de los terroristas que se buscaba capturar, con la participación de fiscales y policías de acuerdo con la ley.

La propia detención de ‘Artemio’ con vida, cuando pudieron haberlo asesinado, habla bien de la intención de hacer las cosas con corrección.  

He escuchado desde el domingo a algunos políticos y periodistas –cuyo ADN es el de la típica DBA– y ciudadanos comunes protestar por el ‘buen trato’ otorgado a ‘Artemio’. Lo que no entienden esas personas es que justamente a los que no respetan los derechos humanos –como los terroristas que matan con crueldad– se les debe ofrecer dicho trato pues esa es la diferencia entre los salvajes y los que defienden el estado de derecho.

En tercer lugar, la captura de ‘Artemio’ es valiosa por la actitud del presidente Humala, viajando al lugar pero sin aires triunfalistas ni arrogantes, sin pasearse como mariscal por los cuerpos de los detenidos –ni haber cedido a la ‘tentación’ del asesinato–, reconociendo que se trata de un trabajo de investigación policial que viene de atrás, y enfatizando que la tarea pendiente todavía es ardua.

Hizo bien el presidente, además, en no llevar al premier Óscar Valdés a Santa Lucía. ¿Qué habría hecho él si hubiera estado cerca de ‘Artemio’? ¿Arrancarle el suero y exigirle que no haga tanta ‘teatralización’?

La captura de ‘Artemio’ seguramente le significará al presidente Humala un aumento en su aprobación en la opinión pública. Pero eso no es lo más importante en este caso sino la demostración, una vez más, de que sí se puede combatir al terrorismo con la legalidad, y de que este gobierno pretende apostar por ese camino.

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