Carencias del mensaje

Lamentablemente pareció el mismo discurso de abril.
 

El mensaje presidencial sobre Conga tuvo la virtud de ratificar el propósito de promover la inversión minera con una nueva relación con la sociedad, pero no sirvió para ayudar a empezar a persuadir al cajamarquino sobre su conveniencia.

Es valioso el objetivo de construir una nueva relación de la explotación de recursos naturales con el ambiente y la comunidad, lo cual requiere fortalecer el papel autónomo del Estado frente a intereses particulares en esta actividad, decidiendo en función del objetivo común de la sociedad en el largo plazo.
Esta ratificación es importante. Aunque algunos sectores lo duden, como Humala cuando era candidato, la minería es una herramienta crucial para crecer y generar recursos para combatir a la pobreza en muchas zonas como Cajamarca.

Pero este mensaje debe ir acompañado de los componentes que generen credibilidad en quienes tienen razones legítimas para dudar de que la minería los pueda beneficiar.

Esto no implica desconocer el obstáculo de la intransigencia irresponsable de autoridades y líderes cajamarquinos que se niegan a un diálogo que pase del ‘Conga no va’.

Sin embargo, la mejor manera democrática de mellar ese escollo es, además de cumplir la ley y rechazar –en el marco de la misma– la violencia, ir construyendo confianza en la gente que se opone al proyecto y, de ese modo, aislar gradualmente a los líderes de la protesta.

Ahí radica la carencia básica del mensaje, porque el presidente se dirigió, prioritariamente, al que ya está de acuerdo con Conga, o al sector empresarial, y no a quienes se le oponen y, principalmente, a los cajamarquinos. Eso implica, por ejemplo, hablarle a la gente de qué modo concreto Conga los beneficiará.

Para ello, el presidente debe ser el primer convencido de sacar Conga adelante pero no solo porque “no puedo exponer al Perú al incumplimiento del Estado de Derecho”. Algo similar a su explicación reciente sobre los TLC.

Tampoco es correcto que recién se anuncie una comisión compuesta por un montón de ministros –y ningún representante regional– que, en treinta días, entregue una propuesta sobre desarrollo sostenible. ¿No pudieron prepararla antes para que el presidente la expusiera el sábado? Encima, presidida por el premier, el miembro del gobierno con menos credibilidad en todo este asunto.

Porque lo que más necesita hoy el gobierno ante quienes dudan del proyecto es credibilidad. Para ello, el propio presidente debe explicarle al país y a los cajamarquinos cómo fue que él mismo cambió sobre Conga, y por qué eso no implica renunciar al objetivo clave de combatir a la pobreza sino solo del medio para conseguirlo. Algo que, lamentablemente, estuvo ausente el sábado.

 

 

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