Los niños de Accomarca

Por Ronald Gamarra

El 14 de agosto de 1985 una patrulla del Ejército perteneciente a las fuerzas del comando político militar de Ayacucho, bajo el mando directo del subteniente Telmo Hurtado, perpetró una masacre en la comunidad campesina de Accomarca, situada al sur de Vilscashuamán. Sesenta y nueve campesinos –todos niños, mujeres y ancianos– fueron asesinados con fría premeditación, concentrándolos en un galpón para luego destrozarlos usando fuego de ametralladoras y granadas.

Cerca de la mitad de las víctimas, no menos de 27, eran niños y niñas. Entre los abusos cometidos contra la infancia en todo el mundo, no cabe duda de que este debe encontrarse entre los más infames. Y siento que debo subrayar este aspecto porque, en los 25 años transcurridos desde que se cometió, no se le ha visto como el abominable crimen de lesa humanidad contra la infancia que simultáneamente es.

Crimen que, por lo demás, sigue impune, en interminable espera de justicia, a pesar de que la responsabilidad de la masacre fue establecida ya en 1985 por la comisión investigadora del Congreso de la República y por propia confesión del ejecutor directo, subteniente Telmo Hurtado, a quien la increíble justicia militar –que ahora se pretende restaurar– sentenció entonces por delito de “abuso de autoridad”, burlándose de las víctimas y del país.

Pocas veces se ha expresado de modo tan rotundo la doctrina de la guerra sucia como lo hizo precisamente el subteniente Hurtado, quien justificó ante la comisión congresal el asesinato de personas indefensas: “Uno no puede confiar de una mujer, un anciano o un niño [...] los comienzan a adoctrinar desde los dos años, tres años [...] poco a poco, a fuerza de engaños, de castigos, van ganándolos a su causa”. Este individuo, que consideraba legítimo matar a niños de dos o tres años, hubiera podido ser beneficiado por la amnistía que el gobierno pretendió aprobar en septiembre mediante el DL 1097.

El próximo 4 de noviembre se dará inicio, por fin, al juicio por este caso. Pero está pendiente la extradición de Telmo Hurtado, prófugo en los Estados Unidos. Y, lo que es más grave, no se incluye a los responsables de la cadena de mando, particularmente el comando político militar de Ayacucho. Del tribunal dependerá que este juicio no sea un remedo de justicia.

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