Edición Impresa del 01 de Octubre de 2010

Lo mejor de la izquierda

Por Ronald Gamarra

Huérfanos de respaldo electoral, los adversarios de Susana Villarán se esmeran en atacarla echando mano a cualquier arma con el objetivo de sembrar dudas alrededor de su candidatura, ya que no hay nada que moral y personalmente puedan reprocharle. Ahora hablan de “ocultamiento de propiedades” y esgrimen para ello documentos de los Registros Públicos, que están a disposición de cualquier ciudadano.

Oculta el que no declara ni registra, el que se vale de testaferros; no quien deja constancia de todo ello en los Registros Públicos y ha hecho igualmente públicas sus declaraciones juradas de rentas y patrimonio de los últimos diez años. Y resulta que el patrimonio en cuestión es realmente modesto –compartido con numerosos hermanos como resultado de la herencia paterna–, lo que no deja lugar a dudas sobre su origen legítimo. Porque en el modesto patrimonio de Susana no hay ni un sol ni sombra de un Cataño o Carhuallanqui bajo investigación judicial por nexos con el narcotráfico.

Los últimos ataques ya rozan el delirio. Por ejemplo, el supuesto insulto que algunos temerarios aseguran “interpretar” en un silencioso movimiento de labios de Susana formulado para sí misma, algo que ella no articula ni dice como para que siquiera una persona la escuche, y menos aún la supuesta insultada, que fue más bien quien estuvo muy dispuesta al insulto y la calumnia en ese mismo debate. Han llegado incluso a descalificar arteramente la candidatura de Susana como “favorable al terrorismo”, lo cual ya ni siquiera merece respuesta, pues la trayectoria de Susana está clarísima a este respecto y constituye una contribución a la paz en nuestro país.

Pero la gente se da cuenta de que estos ataques son inverosímiles y majaderos, muestras deleznables de una guerra sucia que sólo desacreditará a quienes se valen de sus armas alevosas, tal como se verá el 3 de octubre. Porque la renovada virulencia de los ataques contra Susana confirma que su candidatura, para desesperación de sus adversarios, sigue siendo de lejos la primera opción en la preferencia de los electores.

Y esto es algo que Susana no le debe a ningún otro sector político y mucho menos a una izquierda mayoritariamente desconcertada y desorientada; de allí el contraste entre el auge de su candidatura metropolitana y la mala fortuna de otras candidaturas de izquierda. Esto es un logro que Susana le debe sobre todo a su tesón, su fe y su perseverancia, a su lucidez e insistencia en construir una alternativa democrática y moderna que encarne lo mejor de la tradición de la izquierda y del liberalismo.

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