Debate por Lima: ‘El Bananero’ respalda a Luis Castañeda

Dramatis Personae:

Zejo– ‘El bananero’

ESCENA.– Sala Central, Hotel Westin.

ACTO ÚNICO

                        ESCENA ÚNICA

Los trece candidatos a la alcaldía de Lima se encuentran en sus asientos, dispuestos a iniciar el debate. Inesperadamente,«El Bananero», entra a escena y se acerca a Luis Castañeda, quien le da la mano y, en ella, oculta unos billetes. «El Bananero» se muestra rebosante en alegría.

«El Bananero»

El bananero

‘El Bananero’, ¡sape!

Yo tengo mi candidato,
viste, cholo. Hola, ¿qué tal?
¡Castañeda! ¡Qué moral!,
¡qué capo!, ¡líder!, ¡sensato!
Villarán está pa’l gato,
ya no tiene quién la tape.
Heresi que se agazape
tras Cornejo y «Huevo Duro»
Altuve. ¡Te lo aseguro,
Castañeda gana! ¡«Sape»!

«El Bananero» sale de escena silbando y no se da cuenta que se le caen del bolsillo los billetes que le entregó Luis Castañeda.

                       (OSCURO RÁPIDO.)

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Emma Watson se enfrenta a Lord Voldemort antes de mensaje en la ONU

Dramatis Personae:

Benjamín– Lord Voldemort
Zejo– Harry Potter
José Luis– Emma Watson

ESCENA.– Sede Central, Organización de las Naciones Unidas.

ACTO ÚNICO

                          ESCENA ÚNICA

Emma Watson se encuentra presentando su proyecto «#HeForShe» que promueve la igualdad de género, ante un numeroso público y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Una bruma empieza a ocupar la escena y desde el fondo del escenario aparece Lord Voldemort. Emma Watson se muestra desconcertada.

Lord Voldemort–

Lord Voldemort

Lord Voldemort en contra de las mujeres

Hermione, qué sorpresa.
¿Por qué estás tan elegante?
¡Qué! ¿Ya tienes un amante?
Pero, ¡qué niña traviesa!
Ya, pues, brujita, confiesa:
no te la des de budista,
ni menos de feminista.
Harry, ¿dónde están los hombres?
No hay ni uno, solo tu nombre.
Dime, ¿ya no eres machista?

Harry Potter se pone en pie y camina hacia el escenario llevando, entre las piernas, una escoba de plástico. Emma Watson sigue atónita, mientras Lord Voldemort se ríe al ver a Harry Potter.

Harry Potter–

Harry Potter

Harry Potter se ‘achica’ ante Voldemort

No vengas con tonterías:
regia, rubia y con millones
(¡no quiero que me abandones!,
¡qué opacos serán mis días!).
Voldemort, tus melodías
de envidia (sin ton ni son),
no están para la ocasión:
La «Piedra Filosofal»
es nuestra cuestión crucial;
¡best friend! ¡vuelve, corazón!

Emma Watson se siente conmovida por las palabras de Harry Potter. Ban Ki-moon, hace una discreta llamada a su seguridad para que saque a Harry Potter y Lord Voldemort del estrado. Emma Watson habla dirigiéndose a Harry Potter:

Emma Watson–

Emma Watson

Emma Watson ya no tiene poderes

¡Harry de mi corazón!
Que bueno verte, bandido,
¿dónde estabas escondido?
¿Por Azkaban? ¡Qué emoción!
Escucha con atención,
amigo, mago y artista,
ya estoy grande y estoy lista
para esta nueva aventura,
¡ven conmigo, preciosura,
tú también sé feminista!

La seguridad de Ban Ki-moon llega al estrado, pero Lord Voldemort los convierte en cuyes con un potente rayo de su varita. Harry Potter, asustado al ver poder renovado del villano, se oculta tras Emma Watson.

Lord Voldemort–

¡Já!, “Miss Watson” es quien manda.
Harry, aquí te dan con palo,
deberías ser muy malo ,
tu voluntad sí que es blanda.
Te mereces una tanda.
¿No hay machos en este mundo?
Indignado, estoy iracundo.
Sal del closet, Harry. ¡Ataca!
no te escondas tras la flaca.
¡Basta!, sé hombre, enano inmundo.

Emma Watson intenta atacar a Lord Voldemort y hace el gesto de lanzarle un rayo con la mano izquierda, pero no sale nada. Al saberse mortal, sin poderes, Emma Watson sujeta de los hombros a Harry Potter y le da un par de cachetadas.

Harry Potter–

Está bien, ¡seré valiente!
(¡me gustan las mariposas!);
¡no quiero espinas!, ¡sí, rosas!,
para aliviar tu presente.
¡Por los niños! ¡Por la gente!
¡Por los que sufren dolor!
Voldemort (¡usted, señor!),
¡largo!, ¡váyase de aquí!,
(Hemionie, di que sí,
vuelve, bruja, ¡por favor!).

Harry Potter se lanza sobre Lord Voldemort y ambos pelean con fiereza. Emma Watson, conmovida por el discurso de Harry Potter, quien la quiere ver de nuevo convertida en Hermione Granger, busca en su bolso su poderosa varita mágica. Harry Potter recibe un rayo de Lord Voldemort que lo deja sin sentido, Hermione Granger sale en su defensa.

Emma Watson (Hermione Granger)–

Maldito, perro, canalla,
mal bicho, ruin, desgraciado,
la ocasión la has arruinado
con tu estúpida batalla.
Si estás buscando pantalla
(lo siento, papi, haz tu cola),
si ya nadie te da bola,
brujo del mal, Lord Infecto,
yo te convierto en insecto,
¡que el podio para mí sola!

Hermione Granger lanza un rayo potente a Lord Voldemort y lo convierte en una mosca, que Harry Potter, ya recuperado, aplasta con su escoba de plástico. Hermione Granger guarda la varita en su bolso, se convierte de nuevo en Emma Watson e inicia su famoso discurso antes de la llegada de la prensa.

                      (OSCURO RÁPIDO.)

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La última fogatada bohemia entre Aquiles, Agamenón y Patroclo

Dramatis Personae:

José Luis– Aquiles
Zejo– Agamenón
Benjamín– Patroclo

ESCENA.– Campamento a las puertas de Troya.

ACTO ÚNICO

                        ESCENA ÚNICA

Aquiles, vestido como guerrero, se sienta alrededor de una fogata en la que están Agamenón y Patroclo. Agamenón, con el sentimiento de culpa por haberle arrebatado a Briseida a Aquiles, le sonríe y lo invita a tomarse un trago, pero es ignorado. Patroclo se da cuenta de la situación, le tiende un abrazo y le da ánimos con sus bromas.

Aquiles–

Aquiles

Aquiles ya no quiere pelear

Sí que estás, Agamenón,
¿quién te computas, cretino?
¿Por cumplirle al adivino,
yo pago? «No way!», patrón.
Para darte una lección,
porque pruebes de la buena,
ya no peleo. Serena,
mi espada descansa ya.
Ve quién te ayude, papá,
con tu cuñadita Helena.

La noche empieza a envolver la escena, se escucha el sonido lejano y melancólico de una lira. Agamenón coge un cántaro de vino y le sirve a Aquiles y Patroclo. Ambos beben para aplacar el frío.

Agamenón–

Agamenon

Réplica del rostro de Agamenón (la verdad, no encontramos otra imagen mejor)

Aquiles: ¿No eras gurú
de batallas y de musas?
No me pongas mil excusas
¡o te mandaré al Perú!
Te doy a Briseida y tú
comandas mi batallón:
Vence, que su corazón
sea el escudo de Troya.
¡En tu espada está la joya
feroz de la salvación!

Aquiles, sorprendido por esas palabras, observa con detenimiento su espada y un escalofrío recorre su cuerpo. Confundido por el ofrecimiento de Agamenón y por el vino, toma de la mano a Patroclo quien, sorprendido y feliz, se sonroja. Los tres beben de un tirón. Patroclo se recompone y adquiere un rostro solemne.

Patroclo–

Patroclo

Patroclo quiere que Aquiles vuelva a la pelea

¡Sueño contigo hace tanto!
Grandes luchas, ¡años esos!
¿Recuerdas? No. Que tus sesos
están con Briseida. ¿Canto?
Los celos bajo este manto
cubriré, Aquiles. ¡Desastre!
Los sentimientos son lastre.
Tendré que hacer algo nuevo.
¡Si, Héctor, me importa un huevo!
¡Ajax, necesito un sastre!

La noche adquiere su punto más oscuro y Agamenón aviva la fogata, pero tropieza y casi se va de bruces contra las llamas. Patroclo ríe y Aquiles sonríe con ironía. Al verlos, Patroclo sonríe y abre los brazos.

Agamenón–

Los escarceos del «ser»,
Aquiles, no serán freno
para que todo hombre ajeno
quiera verte enloquecer.
¡De pie! Vuélcate al placer
de Troya, que ningún dios
nos juegue a los dominós
la suerte. ¡Con la matanza
calma tu ira de venganza!
(¡Que yo me voy con las dos!)

Aquiles se pone de pie y se acerca a Agamenón, quien también se levanta, sosteniendo una botija de vino. Patroclo se echa a reír, luego se contiene, como pensando en algo, perdido, entra a la tienda de campaña de Aquiles y sale vestido como el Pélida, armado con las armas del héroe y dispuesto a la batalla. Con voz de trueno, retoma el diálogo.

Patroclo–

Aquiles me di tu espada;
¡como el sol brilla tu casco!
Contra Héctor voy sin asco.
¡Ganaré!, (es una tincada).
Por ti, mi Zéus, no hay nada
que no emprenda. ¡Ya!, ¡no llores!
Mándame un ramo de flores,
que te llenaré de gloria
Por ti, Aquiles, ¡la victoria!
Para el troyano, ¡dolores!

Aquiles siente que la situación le es familiar y se sobresalta. Mira al cielo e invoca a Zéus, pero nadie responde. Entonces revisa en su alforja y halla unos folios, los revisa, se sonríe con tristeza y dice.

Aquiles–

Ah, Patroclo, el tal Homero,
te ha de matar, por simplón
(es que ya leí el guión
y, después, yo también muero).
Que Agamenón, ¡embustero!,
se haga el vivo, Clitemnestra,
(¡qué hembra dura, qué maestra!)
lo asesina. Está previsto
que ella, la amante de Egisto,
¡sea vengadora nuestra!

Sigue la noche y todos están tan borrachos que ya nadie entiende a nadie. Los tres brindan, mientras se oyen los ecos de una batalla lejana y las risas próximas de las esclavas que danzan desnudas alrededor de la hoguera más grande. Aquiles abraza a Agamenón y Patroclo llora de alegría. Pide más vino y celebran «por la inmortalidad del mosquito».

                          (OSCURO RÁPIDO.)

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