Grupo La República

Camaleón con zapatillas


Stephanie Orúe y el miedo a caer

Posted on enero 13, 2012 by camaleon

LA VIGILIA 1

Se cae.

Un edificio se cae, se derrumba frente a ella.
Stephanie, con otros actores, se encuentra en un refugio. Afuera, la ciudad sigue destrozándose.
No es la última película que esta actriz de 24 años interpreta, tampoco es el nuevo guión de la serie que va a grabar. Se trata de la última pesadilla de Stephanie Orúe. “Traté de interpretar mis sueños. El edificio es mi miedo a fracasar, a que se derrumbe mi carrera”.
La mujer de la pesadilla construye un destino nada parecido a sus sueños: en la actualidad interpreta tres papeles en la obra de teatro Crónica de una muerte anunciada . Stephanie también ha participado en doce series de televisión, en tres películas, ha bailado en El gran show de Gisela Valcárcel y nuestro nobel de Literatura Mario Vargas Llosa la felicitó cuando interpretó a uno de sus personajes en la puesta teatral La Chunga. Aun así, prefiere los libros de García Márquez.
Pero Stephanie aún tiene miedo.
Y quiere cantar.
Pero tiene miedo.
A caer.

***

La primera vez que cantó frente al público fue en una ceremonia en su colegio San Juan de Dios, en el Callao, cuando tenía 10 años. Era la clásica canción para el día de la madre que le obligaron a cantar.
-Creo que por mi inseguridad me tenían que obligar a hacerlo. Al final lo hacía, pero siempre con miedo, siempre tenía miedo. Siempre-, cuenta Stephanie.
Esa mañana, cuando terminó de entonar, las mamás de los alumnos aplaudieron y las profesoras la felicitaban, le decían que cantaba bonito, pero a ella no le importaba eso. En toda la canción solo miraba un asiento vacío, el de su madre. Ella estaba en Estados Unidos trabajando y no volvería hasta cinco años después. “Si no hubiera vivido esa etapa no sería lo que soy. Me enamoré del teatro porque todos los vacíos, los miedos e inseguridades que adquirí en esos cinco años desaparecieron cuando estudié actuación”.

Antes de su partida, Stephanie y su madre cantaban Amiga tengo el corazón herido de Ana Gabriel. “Amiga tengo el corazón herido/ El hombre que yo quiero se me va/ Lo estoy perdiendo /Estoy sufriendo/ Llorando de impotencia /No puedo retenerlo”, canta suavecito Stephanie, ahora sentada en el vestíbulo del canal 2, donde la entrevisto. Ella me da un tiempo en los descansos de la serie Muñeca brava en la que actúa de la mejor amiga de Vanesa Terkes. Se ríe y la vuelven a llamar para que grabe. Corre al set. Promete volver.

***
Vuelve la pesadilla.
Un edificio desaparece en una parpadeada. Todos intentan escapar, corren hacia una puerta y de pronto solo queda Stephanie con una amiga. Unos hombres las manosean, ellas huyen y llegan a otro refugio. De la nada cientos de pisos de cemento y fierros van desapareciendo mientras caen.
Stephanie tiene miedo.
Miedo a caer.
Y ya sabe el por qué.
Pero después lo dirá. Ahora Stephanie acaba de despertarme porque me quedé dormido en el vestíbulo pensando en su pesadilla, después de esperarla una hora mientras ella grababa. “Ya vine”, me dijo y continuamos con la entrevista. Ya regresó.
-Regresa, mamá, por favor. Ya no aguanto más. O sino me voy a vivir con mi papá- le dijo Stephanie a su madre por larga distancia.

Cuatro días después, cuando Stephanie tenía 15 años, ella regresó. No hubo fiesta, ni quinceañero, ni vestido de princesa, el mejor regalo era la vuelta de su madre. En todos esos años se volvió más inquieta y se convirtió en asidua visitante de la dirección del colegio San Juan de Dios. “Imitaba a las profesoras y siempre una auxiliar me encontraba y rugía: “¡Orúe, a la dirección!”, sonríe Stephanie y recuerda que durante el reencuentro con su madre se sintió rara. Fue como un volver a conocerla. La distancia la volvió más independiente porque vivía con su hermanita de un año y su abuelita materna. Al padre lo vio poco esos años.
Al terminar secundaria, Stephanie ingresó al Teatro de la Universidad Católica. Esa fue su terapia. “Me hizo conocerme, aceptarme, para romper con mis miedos. Creo que son las consecuencias de esos cinco años que mi madre no estuvo. Me volví independiente, pero muy insegura también”, se sincera Stephanie. Dentro de cinco minutos volverá a ir a grabar, por ahora me mira por sus lentes de marco rojizos que le salva la miopía: 10.5 en el ojo derecho y 7.5 en el izquierdo. Stephanie mira la vida detrás de sus lentes y se los quita cada vez que se sube al escenario. Ella, sobre las tablas del teatro, jamás reconocerá a su público.
¿Si ella tiene tanto miedo a caer cuántas veces habrá caído? Solo recuerdo una vez. El año pasado, cuando estaba en el programa de baile El gran show, en uno de los sufridos ensayos su pareja la agarra mal y ella cae al piso. El sonido de la cabeza y la espalda contra el piso de madera la hizo llorar.
Solo fue un susto y un moretón.
También fue miedo.

***
Y cantó.
Tenía 14 años cuando participó en Camino a la fama, ese concurso que buscaba nuevos talentos, pero Stephanie no pasó. Ha tenido clases de canto y ahora se divierte en karaokes con su padre. Canta hasta en el teatro, en un crimen de jueves a lunes titulado Crónica de una muerte anunciada. Ella interpreta a tres personajes. Durante un rato es Divina Flor, la hija de 14 años de la cocinera de la casa de Santiago Nasar. “Ella es como un venado y no entiende qué pasa con Santiago. Sabe que cuando él la toca pasa algo malo porque lo hace a escondidas. Siente entre vergüenza y temor, pero le tiene cariño. Además le gusta un poquito. Hasta podría ser su primer amor, su amor platónico”. Stephanie también interpreta a una de las hermanas de Ángela Vicaria, la novia que es devuelta a la casa por ya no ser virgen. Por último hace el papel de Flora Miguel, una mujer que sufre porque sabe que su novio morirá, pero ella prefiere que lo maten antes de que se case con la otra. Eran otros tiempos, tiempos de cólera, de venganza y de machismo. Una frase brilla en Crónica de una muerte anunciada: “Cualquier hombre será feliz con ellas, porque han sido criadas para sufrir”.
–Ahora, en nuestra sociedad, no creo que importe si la novia sea virgen o no. Las mujeres ahora somos más guerreras, independientes. Eso ha generado inseguridad de los hombres– dice Stephanie.

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***

En el 2009 se reestrenó La Chunga de Mario Vargas Llosa. Mónica Sánchez interpretaba a la Chunga, la dueña de un bar que se siente atraída por Meche (Stephanie) y que al final la intercambia por dinero. En esa obra se desnudó por primera vez. Vargas Llosa vio la obra, la felicitó, le dijo que era una gran actriz. Stephanie Orúe no lo podía creer, la vida recompensaba su arte y sus pesadillas se quedaban en el terreno de lo imaginario.

–¿Tanto miedo a fracasar?– le pregunto minutos antes de su partida.
–Tengo mucho miedo. Mi mayor temor es no lograr mis sueños– responde Stephanie.
–¿Cuáles son?
–Ser una buena actriz. Tener un carrera estable, tener una familia un hogar bonito, no disfuncional, y cantar, quiero ser cantante.
Stephanie se despide y corre a grabar. No se ha resbalado ni caído, y creo que Isaac Newton se equivocó. No todo lo que sube tiene que caer. Y Stephanie no se ha caído hasta ahora.
Pero aún tiene miedo. Tal vez ese miedo hizo que soñara con una ciudad en escombros, con edificios que se derrumbaban frente a ella. Es el miedo que hace que sea mejor en cada diálogo, en cada escena, en cada día, y hace que su voz se escurra por los parlantes de los cines, por los sets de televisión, por los telones de los teatros y por estas líneas.
Stephanie Orúe ha cantado.
Y ya no tendrá miedo a caer.
Isaac Newton se ha equivocado.*

1 to “Stephanie Orúe y el miedo a caer”

  1. hector dice:

    grande camaleon, es verdad aveces los miedos nos dan valor.

    [Reply]



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