Los colores perdidos de la Ciudad Blanca

CAMBIO. Juan Guillermo Carpio propone que las casonas del Centro Histórico de Arequipa recuperen su policromía de antaño, con miras al Congreso Mundial de Ciudades Patrimonio que se desarrollará el 2015. Historiador indica sus ventajas.

11 Dic 2014 | 16:24 h

Juan Carlos Soto, Elmer Mamani.  
Arequipa.

 

Imagine que en la calle Mercaderes, la pared de sillar de una casona esté pintada de un fuerte azulacho (azul añil), otra de las moradas del color del fruto de la lúcuma, varias de amarillo, no pocas de terracota (naranja-rojizo). Medite que la hilera de muros de sillar de la calle Puente Bolognesi esté “bañada” de atractivos naranjas, grises y blancos. Incluso, piense que el templo San Agustín luzca un celeste cielo. “¡Qué lindo! Te imaginas, todititas las casas del Centro Histórico…”, atesora las imágenes en su mente el historiador Juan Guillermo Carpio Muñoz. Sin embargo, no es un sueño. La Ciudad Blanca fue multicolor.

En esa época, todo el corazón de la ciudad emitía un rostro polícromo. El estudioso afirma que el peculiar matiz arquitectónico de la ciudad se consolidó por el año 1750. 

Pero como en todo sueño la ciudad tuvo que despertar. El alcalde de Arequipa, René Forga Sanmarti (1979-1980), emitió una Ordenanza Municipal para descascarar las casonas y transformarlas en caravistas (color natural). Más de 40 años después, el experto en tradiciones arequipeñas, plantea a las autoridades más que un desafío: devolverles su estado.   

 

¿Le han robado la identidad arquitectónica a la ciudad? 
Sí. Es un engaño, es un atentado gravísimo contra la arquitectura arequipeña. René Forga fue una persona querendona de Arequipa, él ya no está para defenderse, murió. Cuando tengo que valorar o juzgar históricamente lo hecho por personas que no viven, tengo que ponerme en su pellejo.


 

¿Por qué lo hizo?
No fue loco, no quiso malograr a Arequipa, a la que tenía mucho amor. Le gustaba seguramente el sillar caravista y creyó que si se ponía a toda a la ciudad así, era más bonito. También pudo ser influenciado por una moda de los años 1960 a 1970, en donde el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado comienza a edificar sus construcciones, como el Centro Cívico de Lima, o el Pentagonito, de un color de cemento natural. Eso estaba de moda en el mundo. 



¿Ese proceso cuánto duró?
Dos a tres años, el tiempo que Forga fue alcalde y lo hizo cumplir. Dio la resolución municipal para que descascaren todo. Los jóvenes nacidos de esa generación no han conocido la Arequipa de color. Incluso creen que así es la arquitectura mestiza y es falso, estamos enseñando mal, y mostrando mal el patrimonio cultural. 



¿Entonces es errado decir que la nominación de Ciudad Blanca la tenemos por su arquitectura?
Hay muchas cosas por las cuales se le dice así. Uno es el sillar. A fines de la Colonia, 1796, cuando fue virrey José Fernando de Abascal y Sousa, se hizo un censo del cual resultó que la ciudad de Arequipa tenía al mayor número de españoles del Perú. Entonces era una ciudad de blancos. Por eso se comenzó a dársenos esta nominación, por los blancos. Ahora no tiene nada que ver con nuestra autenticidad en color.



¿Cuánto duró esta policromía?
En mi libro Surco, pasión y gloria del chacarero arequipeño y sus peleas de toros, considero que el mestizaje arquitectónico tardó en cocinarse, maridarse, casi 200 años. Es decir, fundada Arequipa en 1540, aproximadamente hasta 1750. De esa fecha podemos hablar que se logró el mestizaje arequipeño, en la música, en la culinaria y por supuesto en la arquitectura.



¿Para esa fecha ya lucíamos ese colorido rostro?
Así es. Como historiador, parto de esa tesis fundamental. Los mestizajes nunca suceden un día con partida de nacimiento. Una cosa es la historia de la arquitectura arequipeña que tiene 500 años o más, por que empezó antes de que lleguen los españoles. Nuestros andenes de nuestros abuelos indios es también arquitectura y de la mayor calidad. 



¿A qué se refiere con mestizaje arquitectónico?
La arquitectura tradicional arequipeña es una arquitectura mestiza. Es una mezcla de la influencia y gustos de indios y de españoles. Así como los españoles trajeron esas formas cuadradas (paralelepípedos) de sillar, los muros, los arcos, las columnas, las torres; los indios también intervinieron en su configuración. 



¿Con qué? 
Haciendo todos los tallados de nuestras fachadas de las casas coloniales. Todo ello es casi imitación de los tejidos prehispánicos: figuras, armonías, que trasladaron de alguna manera a los tallados de sillar. Y claro, el color. Ellos influyeron que los colores de la arquitectura mestiza de Arequipa sean así. Nuestros compatriotas andinos tienen sus mantos muy coloridos, les gustan los colores fuertes, los nítidos. Hicieron que todas las paredes las pinten, mientras que el labrado de sillar, los portales y los adornos lo pintaran de blanco. Entonces hay un contraste de una belleza sin par, por ejemplo entre el azul intenso y el blanco.



¿Quedan vestigios?
Eso lo podemos ver en el interior del Monasterio de Santa Catalina, ¿quién no queda maravillado con los colores que tiene? Así era toda Arequipa.



¿Y es beneficioso pintar el Centro Histórico?
Claro. Por ejemplo, con la inmensa polución que hoy tenemos, los sillares son huishuis, sucios, cochinos, negruzcos, cenizos, ya no es el blanco perlado de antes. Eso se puede ver en cualquier sitio. Ahora, ¿cómo hacen mantenimiento de ese sillar?, raspándolo y quitándole milímetro por milímetro. Con la polución se está dando lo que popularmente le llaman el cáncer del sillar. Tú lo agarras y se vuelve polvo, se desprende como si nada, pierde su consistencia por la enfermedad. Entonces, para pintar el color tenían que ponerle una lechada de cal, para que el sillar no chupe la pintura.



¿Y nos puede ayudar para que no refleje tanto el sol?
Tenemos el lado del sol más brillante del planeta Tierra, esto por las condiciones desérticas, la altura y otras cuestiones. Donde la luz hiere la vista. Si el sillar fuera blanco huishui no afectaría tanto, pero afecta. Poniéndolo de color, protegerá la vista. Una virtud más.



¿Hubo intentos para devolverle esta autenticidad?
Cuando estuvo Juan Manuel Guillén de alcalde, formamos la Superintendencia del Centro Histórico. Discutimos este tema. Llegamos al convencimiento que tenía que devolverse su color, y se hizo una carta donde se definía la gama de colores. El municipio tiene ya un Decreto Municipal (007-2003). Dice que repone los colores de la arquitectura tradicional, pero a voluntad del dueño de casa. El dueño de casa que quiere lo deja caravista y el dueño de casa que sí quiere, lo pinta. Ni chicha, ni limonada. La norma tiene que ser expeditiva para hacer que los vecinos se animen a hacer el cambio, y se cumpla con la disposición. Decirle tiene usted tres meses para cambiar y acá tiene usted los colores,  elija.



¿Esto no afectaría el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad?
Al contrario, enriquece. Ni la Unesco, ni nadie por el estilo se va a oponer a lo auténtico, estamos recuperando la autenticidad. No tenemos que ver tanto lo que diga la Unesco, tenemos que ver lo que digamos nosotros, nosotros somos los dueños y los herederos de ese mestizaje. Y de paso la Unesco tiene que reconocer lo que en nosotros es auténtico. 



¿Es el momento para este cambio?
Caería como anillo al dedo, donde Arequipa reestrena su policromía y muestra al mundo su arquitectura mestiza con el Congreso Mundial de Ciudades Patrimonio (programada para el 2015). La ventaja está en que tenemos tiempo. La gestión de Alfredo Zegarra tiene que tomar las medidas del caso y dar los plazos convenientes para que los propietarios pinten. No es una cuestión de gustos, no se le puede dejar al dueño de casa la decisión de recuperar nuestra identidad.   



 

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